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30.6.13

Por fans y para fans

El mundo del manga y el anime se construye sobre una base fundamental: los aficionados. Los fans que esperan una semana entera para ver su serie favorita en Internet después de que sea emitida en Japón y traducida por algún fansub. Pero como en todo, hay fans de todas clases. Esta semana haremos una breve reflexión sobre los aficionados al anime/manga y sus diversos comportamientos.

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El manga y anime se deben a su público. Si no hubiera personas que consumieran el producto, no se realizaría. Algo que hay que tener en cuenta. Los fans de las diversas series y mangas ayudan a su promoción y fama, realizando una especie de “marqueting viral” de manera indirecta. El amigo que le llama la atención una serie y se la comenta a su compañero, al cual le gusta y continúa la cadena. Es común ver en foros, grupos de Facebook y otras redes sociales comentarios varios como: “Mira esta serie, está muy bien” o “esta es la mejor serie de la temporada”.

Es decir, es fácil que un aficionado encumbre una serie, independientemente de la calidad que tenga. Pero esto es algo peligroso y con lo que se debe tener cuidado. Si se crean demasiadas expectativas, una anime/manga con posibilidades puede convertirse en un fracaso o en los famosos “sobrevalorados”. Este término está siendo muy utilizado en la jerga relacionada con el anime.

En muchas ocasiones, como ocurre en las aficiones, las personas pueden llegar a ser muy radicales. Solo hay que ver el fútbol u otros deportes. En el manga/anime pasa exactamente lo mismo. Una persona que le gusta un anime lo defenderá con todo lo que tenga, cada vez que es “atacado”. Esto convierte el opinar sobre una serie en un deporte de riesgo. El público puede llegar a ser muy cruel a la hora de defender o criticar. De aquí surgen las series “malas” o las “sobrevaloraciones”.

El término “sobrevaloración” se está volviendo muy común para los aficionados. Con esta palabra se quiere remarcar que ciertas series no merecen la fama que ostentan, asumiendo que tienen una calidad inferior. ¿Y qué? ¿Quién decide qué es sobrevalorado? Realmente nadie. Es todo pura subjetividad. Como lo son los gustos de cada cual. Que una serie sea muy famosa, no es sinónimo de “buena” pero tampoco implica que sea “mala”. Lo que sí está claro es que gusta, de ahí el número de gente que la ve. Ejemplos de supuestas series “sobrevaloradas” serían Sword Art Online, Mirai Nikki o El Ataque de los titanes.

De esto, surge otra vicisitud entre fans del anime. Empieza la crítica hacia las personas que ven esas supuestas series sobrevaloradas por su “falta de criterio”. No tiene nada de malo ver unas series más famosas que otras, ni tampoco es perjudicial conocer animes que nadie suele ver. No por ello se es menos aficionado o se tiene menos criterio.

A fin de cuentas, estamos hablando de una afición, unos gustos. Cada cual tiene los suyos y no por eso se debería atacar a la persona que piense distinto, tanto en el manga/anime como en otros ámbitos. Hay cabida para todas las opiniones, siempre que se den de manera respetuosa.

En resumen, cuando los fans ven animes o leen mangas, el principal objetivo debería ser disfrutar de ellos. No es necesario pararse a pensar si es “bueno”, “malo” o “sobrevalorado”. Lo importante es saber si nos gusta. Si es así, podemos promocionarlo y si no, podemos dar nuestra opinión, pero siempre desde el respeto. A fin de cuentas, son elementos de entretenimiento con los que pasar un buen rato.

SARA B. PATRÓN / REDACCIÓN
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¿No hay nadie que quiera a Wert?

A lo largo de la Historia ha habido grandes hombres (pensadores, científicos, políticos, legisladores…) que han sabido en su momento enfrentarse solos a los prejuicios sociales establecidos y defender con firmeza sus ideas, a pesar de sentir los inconvenientes de la soledad, del ostracismo o, incluso, la muerte.

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Se me viene en estos momentos algunos nombres, como pudieran ser los de Sócrates, Galileo o Darwin, que, tras la dura oposición de los poderosos de su época fueron capaces de alumbrar el camino de las futuras generaciones, fuera en el campo de la moral, del pensamiento o de las ideas científicas.

Por ejemplo, Sócrates rompía con las ideas establecidas en la Atenas clásica cuando defendía que era cada persona la que tenía que pensar por sí mismo para encontrar la verdad, y establecía que de la duda o la incertidumbre era posible salir a través del debate con los que sostenían ideas opuestas, por lo que había que escuchar a todos para poder llegar a cierto criterio de verdad. Estaba tan convencido de ello, que no le importó pagar con su vida la defensa de esos principios en los que creía.

Galileo, por su parte, salvó el pellejo a última hora cuando se dio cuenta de que le esperaba nada menos que el Tribunal de la Santa Inquisición que le iba a juzgar por herejía al sostener que no era la Tierra el centro del Universo, sino que esta giraba alrededor del Sol y que, por lo tanto, se movía.

En el siglo diecinueve, Charles Darwin planteó que el ser humano procedía, nada más y nada menos, que de especies inferiores. Su obra El origen de las especies fue un auténtico bombazo para los que sostenían que el ser humano (que apoyaban que tenía alma) y los animales (que carecían de ella) no tenían ninguna relación entre sí. Por otro lado, defendía que el desarrollo de las especies se producía a través de la lucha por la supervivencia, de manera que sobrevivían los más aptos y aquellos que sabían adaptarse al medio.

Pues bien, en nuestros días hay una mente privilegiada, un auténtico genio, que se ha propuesto, contra viento y marea (especialmente “la verde”), llevar a cabo una auténtica revolución social que ponga las cosas en orden. Él solito ha pensado que había que hacer una reforma educativa, pues lo que había en España era insostenible.

Nos referimos a José Ignacio Wert, una mente verdaderamente científica, que defiende los principios darwinianos de que en la sociedad hay ricos y pobres, listos y tontos. Los primeros son los que trabajan duramente, los que compiten y, en consecuencia, los que triunfan, porque sus mayores coeficientes mentales son superiores y esa superioridad ya está inscrita en sus propios ADN que transmiten a sus descendientes.

Los otros, los pobres y los tontos, por desgracia, son apáticos, indolentes, carentes de imaginación y de iniciativa, siendo incapaces de sobrevivir por sus propios medios. Además, siguiendo el principio de la lucha por la supervivencia, están destinados a desaparecer o a realizar trabajos inferiores, bajo la iniciativa, claro está, de los más inteligentes.

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Todo esto, que está tan claro como la ley de la gravedad que nos anunciara Newton, es lo que el ministro Wert quiere llevar adelante, en contra de todos aquellos que defienden ese principio de “igualdad de oportunidades” que, a fin de cuentas, es tirar el dinero, puesto que como nos dice El Roto en su viñeta, ya estudian los hijos de los ricos y poderosos, es decir, los inteligentes, ¿para qué quieren hacerlo los inútiles?

También el ministro Wert ha querido pasar a la Historia como lo hicieron los grandes hombres, que tras muchos años de investigación planteaban ciertos principios que acababan siendo leyes científicas. Como no podía ser menos, y tras mucho pensar, él se ha sacado de la manga la Lomce, también conocida como Ley Wert.

A pesar de que profesores, padres y madres, estudiantes, rectores, alumnos que recogen sus mejores diplomas o, por ejemplo, asistentes a conciertos en el Teatro Real, no le saludan, no le miran, le silban, le recriminan, le dicen que no quieren esa ley… él va a lo suyo, pues como todo genio, a pesar de lo digan los que defienden a los vagos e inútiles, tiene la razón.

Pero como en este país la gente no se entera de nada, el Gobierno, siguiendo los postulados que ya anunciara Joseph Goebbels, ha emprendido una campaña publicitaria para hacer un buen lavado de cerebro, a ver si es posible que todo ese gentío comulgue con ruedas de molino.

Y es que, como todos los genios, Wert es un gran incomprendido y siente el inmenso frío de la soledad, del desamor de todos esos que no quieren aceptar sus principios. Ya nos decía el escritor Fernando Arrabal que “él escribía para que la gente le quisiera”. Quizás, y en el fondo, todos hacemos las cosas para que nos quieran un poco.

Llegados a este punto, uno tiene que hacerse la pregunta que encabeza el artículo: ¿Es que no hay nadie que quiera al ministro Wert? ¿Somos tan duros de corazón que no estamos dispuestos ni siquiera a aceptar ese 6,5 para las becas de la Universidad? ¿Está entonces condenado al ostracismo y la soledad como aconteció con tantos y tantos a lo largo de la Historia?

Quizás estemos tentados a pensar que con ese pequeñísimo 1,7 que recibe de puntuación sobre diez en las encuestas del CIS es la persona más sola de esta piel de toro, la que no recoge ni un ápice de simpatía de la gente, la que no recibe ni una sola gota de aliento.

Pero no es verdad. Hay alguien que está incondicionalmente a su lado. No nos hemos enterado que cuenta con el amor y el cariño de monseñor Rouco Varela, que le ayuda, le anima y le sirve de guía espiritual para sobrellevar esta travesía del desierto a la que se ve sometido. Y para que no desfallezca, ahora le pide que también en el Bachillerato la religión sea una asignatura obligatoria. ¿Hay alguien que le pueda dar mayor amor, paz y comprensión a cambio de nada?

AURELIANO SÁINZ
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29.6.13

Dietario voluble

He de confesar que acabo de terminar un libro que no me ha gustado nada: no me lo he creído y, esperando a ver si aquello que me estaban contando tenía algún sentido, he llegado al final sin encontrárselo. Una novela con premio en cuyo jurado estaba nada menos que Almudena Grandes –espero que ella no votase a favor-. Pero he decidido no desvelar su título, ya que me he propuesto dedicar este espacio sólo a la buena literatura.

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Me gusta mucho José Antonio Marina, me parece un hombre sabio al que es bueno escuchar. Un día dijo que estábamos perdiendo la inteligencia emocional y ponía un ejemplo: un libro no me está gustando pero, sin embargo, nos decimos "como ya llevo 100 páginas ¿voy a dejarlo ahora?".

Marina cuestionaba nuestra inteligencia porque si algo no nos hace feliz ¿por qué seguimos con ello? El caso es que desde ese día me propuse no sufrir de manera gratuita, aunque con este libro del que os he hablado no he sido fiel a mi decisión.

Hoy os voy a recomendar un libro de un escritor, Enrique Vila-Matas, que lleva una gran trayectoria, pero que yo no tuve el placer de encontrarlo en mi camino hasta hace dos años. Es el único que he leído de él, pero ya está esperándome Aire de Dylan en mi mesita, y muchos más en la librería.

Cuando encuentras a alguien con quien te gusta pasar, el tiempo es maravilloso, porque nuestro tiempo de ocio es escaso y la vida ya tiene suficientes trabas como para perder horas leyendo a alguien que no nos cuenta nada emocionante.

Dietario Voluble es un diario literario del escritor, que permite ser leído poco a poco, ideal si no tienes mucho tiempo. Es una fuente continua de cultura que me produjo dos sentimientos: por un lado, me creó la ansiedad de leer más y más, porque él hace referencia continua a libros, escritores y películas que yo iba apuntando para ir beber de esas fuentes. Por otro lado, me despertó una envidia de la mala, porque su vida, que seguro que tendrá sus claros y oscuros –como la de todos- es con la que yo sueño realmente: dedicarme a escribir y a leer.

Además aquí, entre nosotros, ya sé de dos lugares a los que me iría a disfrutar de esas dos pasiones: Castelmola, en Sicilia, y la isla de Gotland, en Suecia. Bueno, soñar es gratis, y a los grandes lectores como yo nos encanta soñar…

Este libro es un estímulo para las neuronas, y una lectura imprescindible para aquellas personas a las que nos gusta aprender y nos encantan los maestros que enseñan sin proponérselo. Para disfrutarlo más, no dejéis de escuchar The gentle side de John Coltrane, ya que puede hacer que vuestras dendritas vibren aún más. El jazz siempre acompaña bien a un buen libro.



Ficha literaria

Título: Dietario voluble.
Autor: Enrique Vila-Matas.
Género: Diario literario.
Fecha de publicación: 2008.
Editorial: Anagrama.
ISBN: 978-84-339-7175-3.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ / REDACCIÓN
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Un mal lunes

El único ruido en la minúscula habitación era el de los múltiples dedos aporreando las teclas. Era música para sus oídos. Todo estaba bajo control en aquel edificio. Por eso se sentía seguro entre sus paredes. Nicolás no podía evitar sonreír mientras el resto de compañeros suspiraban por un aumento de la velocidad en aquel reloj tan feo que, sobre sus cabezas, controlaba cada movimiento con sus minuteros y segunderos. Tic Tac.

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Afiló cada lápiz minuciosamente. Colocó el folio en su Olivetti. Llenó de aire sus pulmones con fuerza, empezó a rellenar el impreso veintisiete barra dos. Una ligera brisa soplaba en su nuca, le causaba escalofríos. Alguien se había dejado una ventana abierta.

Cuando terminase el informe que lo mantenía ocupado, rellenaría otro formulario para presentar la queja pertinente por aquel descuido. Era muy fácil para él pillar un catarro. No podía permitirse caer enfermo. Eso supondría rellenar el papeleo para obtener la baja, lo que le mantendría unos días alejado de su amada mesa. Estornudó con fuerza, empezó a sentir miedo.

Una vez hallada, cerró violentamente la ventana. Cuando volvió a su silla, creía que iba a darle un infarto. Todos los compañeros se atrincheraron bajo sus escritorios. Gritaban histéricos. Un enorme león estaba en su mesa. Destrozaba con sus zarpas su preciosa máquina de escribir y se daba un festín devorando la montaña de informes ya redactados.

Se agazapó y se refugió debajo del mueble más cercano, descolgó el teléfono. No había línea. Empezó a reírse sin poder evitarlo. En el periódico, en la parte del horóscopo, advertía que sería “una jornada llena de sorpresas”. Joder, pensaba, incluso por estadística, algunas veces aciertan.

Si lo siguiente que veía era un oso atacando la fotocopiadora, llamaría al autor de aquellas escasas líneas y le pediría, con la mayor cortesía, que le permitiese el pánico, que esas cosas se avisaban más explícitamente “Piscis, quédate en casa mañana o un león te arrancará la cabeza de un puto zarpazo”. Lo de “jornada de sorpresas” era un aviso muy vago, una mierda de aviso, en comparación con lo que estaba ocurriendo.

El león estaba furioso. “Seguro que no le han gustado los impresos: el papel es de escasa calidad”, pensaba Nicolás. Se compadecía de aquel enorme felino. Se acordó de aquella vez en el baño de la tercera planta, cuando agotándose el papel higiénico, tuvo que recurrir a uno de aquellos papeles. Si a esta fiera le han dejado el mismo escozor al comer que al limpiarme el culo, estamos jodidos. Así era Nicolás. Siempre pensando en el prójimo.

El visitante se había hecho fuerte en la sala de descanso reservada a los empleados. Constaba de una mesa alargada, sillas incómodas, cafetera, y una nevera donde cada miembro del personal tenía que etiquetar su comida. Como se coma mi tupper de lasaña, me lo cargo. Según Nicolás, eso es abusar de la hospitalidad.

Tras destrozar cincuenta máquinas de escribir, tres televisores, y la nevera, según fuentes policiales la lasaña salió ilesa, el minino quedó dormido en medio del pasillo. Nicolás respiró aliviado. Dudaba sobre si aquello contaba como horas extras. Hacia dos horas que su jornada había terminado. Con mucho cuidado encendió el ordenador portátil que tenía a su lado y empezó a enviar emails a todo el mundo avisando de la situación.

Reconocía que llegar tarde a un par de sitios y en la disculpa decir “estoy atrapado en la oficina con un león. Avisad a la policía, a los bomberos o a quien proceda”, sonaba un poco ridículo, pero ante todo estaba orgulloso de su sinceridad.

Con asombro vio en Facebook que todos habían colgado entradas sobre lo que estaba sucediendo. Twitter echaba humo. Incluso habían subido fotos a la red con el título “Etiquetad a la peña. León en la oficina”. Tenía, en media hora, doscientos comentarios. Algunos de ellos del personal de Seguridad. Era oficial. Estaba rodeado de gilipollas.

Antes de que pudiera darse cuenta, se quedó dormido. Despertó sobresaltado y bañado en un sudor frio. Soñó que el león hacía mejor su trabajo. Incluso lo nombraban empleado del mes. Si había algo que no aguantaba era a los trepas. Estaba solo.

Dudaba si todos habían sido presas del visitante. De ser así, era el único superviviente. Era horroroso. Si estaba en lo cierto, tenía que hacer él todo el trabajo. El final del primer cuatrimestre económico estaba a punto de cerrarse y había mucho papeleo atrasado.

Con mucho cuidado elevó la cabeza. Nada. El feroz visitante había desaparecido. No sabía cómo sentirse. Por una parte, por motivos desconocidos, se había encariñado con aquel animal. ¿Quién no ha soñado con arrasar con todo en su oficina? Por otra, odiaba a sus compañeros. Ninguno de esos cabrones se había tomado la molestia de despertarle. Avisarle de que ya pasó el peligro. Salió afuera.

Le molestaba la luz solar. Ignoraba la hora. Antes de que pudiera ponerse las gafas de sol, un ejército de médicos, periodistas y policías se abalanzó sobre él para curarle y hacerle todo tipo de preguntas. En su cabeza solo había espacio para una pregunta: ¿Se enfadarían muchos los directivos de la planta quince por no haber terminado el impreso veintisiete barra dos? Respiró aliviado. Por fin, tras años fallidos en el colegio, funcionaría la excusa de “lo siento, el gato se comió los deberes”.

CARLOS SERRANO
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28.6.13

Nacionalismo de pobres

De la crisis económica no solamente ha emergido la verdadera cara de la derecha europea, llena de maldad hacia los que ellos consideran perdedores de su modelo de ganadores y derrotados. La crisis está siendo un escaparate de valores que parecían haber sido enterrados por el hormigón durante los años del boom inmobiliario. Gente anónima que usa la sencillez de su trabajo diario para amortiguar el golpe a tantísimo dolor social.

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Maestros, docentes universitarios, enfermeras, médicos, empleados de banca, voluntarios, activistas sociales, ecologistas, abogados, economistas y hasta dependientes de supermercados han hecho de su trabajo diario un militancia política. Si la derecha ha querido enfrentar a los que no tienen nada con los que tienen poco, lo que ha conseguido es reforzar el nosotros.

Existen médicos que atienden en su consulta a los inmigrantes que la derecha ha condenado a muerte al excluirlos de la sanidad pública. Jugándose el tipo. Docentes que desafían la política clasista y malévola que persigue vaciar las universidades de alumnos que no pueden pagar. Si Wert ha subido hasta el 6,5 la nota para acceder a una beca, muchos docentes universitarios han convertido, por arte de magia, un 5 en un 6,5 para que nadie se quede fuera del sistema universitario por pertenecer al club de víctimas de esta estafa a gran escala.

Cientos de jóvenes, y no tan jóvenes, se han organizado para parar desahucios y enfrentarse a la Policía que desahucia la vida y esperanza de las familias que no pueden pagar su hipoteca tras perder su empleo. En algunos casos, estos jóvenes han realojado a familias desahuciadas en viviendas vacías que son propiedad de los mismos bancos rescatados con el dinero de las víctimas. Y a estas corralas les han puesto de nombre "Alegría", "Esperanza" o "Utopía".

La competencia del neoliberalismo convertida en cooperación, única manera de derribar un sistema que llama "libertad individual" al egoísmo. Esto fue lo que hicieron los trabajadores de las cafeterías del Aeropuerto de Sevilla: estuvieron 45 días de huelga –sin cobrar- para evitar el despido de uno de sus compañeros. Aceptaron la reducción en sus salarios a cambio de la readmisión de su compañero. Lo consiguieron.

A los habitantes de las corralas también les ofrecieron individualmente una vivienda social para que abandonaran la lucha. Y dijeron que no si esa vivienda no era ofrecida igualmente al resto de desahuciados que, como ellos, malviven sin agua, sin luz y sin esperanza.

Hay una forma de solidaridad en tiempos de crisis más invisible aún. No sale en los grandes medios, pero se percibe en el día a día de los pueblos y barrios andaluces. Pensionistas que, con su pensión de 600 euros, llenan carros en el supermercado para la familia que vive pared con pared y que ni se acuerda de la última prestación o sueldo que entró en casa.

Hombres y mujeres de campo que llenan cajas y cubos de patatas, tomates, pimientos y calabacines para llevarlas al vecino que vive cuatro puertas debajo de su vivienda. O trabajadores mileuristas que se hacen cargo del recibo de la luz y agua y de las matrículas universitarias de los hijos de sus hermanos o de la vecina del cuarto.

Son los amortiguadores sin nombre de esta estafa. Sólo así se entiende que con casi un 30 por ciento de paro en Andalucía no haya estallado una revuelta social. Nacionalismo de pobres contra nacionalismo de ricos. Es la identidad del pueblo andaluz convertida en una declaración soberanista que desobedece leyes injustas en silencio. Héroes y heroínas anónimos que hacen que la crisis y la vida valgan la pena.

RAÚL SOLÍS
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27.6.13

Violencia

En estos tiempos en los que uno ya no sabe si su tío paterno es E.T.A, o su cuñada o él mismo, ni si “democracia” es un sistema de gobierno legitimado por el pueblo para gobernar atendiendo a sus necesidades o la metadona institucional de aquellos que necesitan saciar tanto sus ansias de poder como la gula de sus cuentas corrientes, deberíamos fortificar el próximo objetivo del terrorismo semántico que amenaza con hacer del contenido del diccionario un arma de destrucción masiva con la que confundir a las masas: “violencia”.

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¿Y qué es violencia? Hasta hace un tiempo la verdad es que no tenía dudas; claro, que también sabía lo que era E.T.A, sabía que el crecimiento no puede ser negativo y también que cuando defraudas a Hacienda vas a la cárcel, pero eso ya es cosa del pasado. Ya perdimos esas batallas.

¿Qué es, por tanto, violencia? ¿Violencia es reducir al mínimo las ayudas de Dependencia y condenar, de ese modo, a cuidadores y dependientes en precaria situación económica? ¿Violencia es desahuciar a familias de sus únicas viviendas? ¿Violencia es decir que un universitario que no obtenga más de 6.5 puntos debería estudiar otra cosa? ¿Violencia es reducir al mínimo las becas para que sólo puedan acceder a los estudios superiores los que se lo puedan costear? ¿Violencia es simultanear sueldos, dietas y sobresueldos impunemente?

Conviene no olvidar que la única violencia no es aquella que rompe escaparates o revienta narices, quizá más visual, pero igual de cruel, para que, dentro de unos meses, estemos preparados cuando recluyan a los pensionistas estafados por las preferentes, a los universitarios que no puedan pagarse su matrícula, a los interinos en paro y a los médicos que se nieguen a hacer de la sanidad un negocio dentro del campo semántico de la kale borroca. Mientras tanto, aquellos que gobiernan violentamente seguirán reclamando manifestaciones pacíficas.

PABLO POÓ
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26.6.13

Una Iglesia más laica

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, en su última carta pastoral, titulada Laicismo y religión, he metido el dedo en la herida de una sociedad como la cordobesa –supongo que sucede igual en el resto de España-, que marca una frontera muy clara entre catolicismo militante y catolicismo practicante.

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Se ha referido monseñor a la actitud de ciertos católicosen este caso aquellos que participan del mundo cofrade- que propugnan, al mismo tiempo, la eliminación de todo lo religioso de la vida pública.

No creo que haya quien dude de las bondades de la doctrina de Cristo, recogida en sus diez mandamientos. Son principios asumidos por la inmensa mayoría de las culturas modernas y de las propias religiones.

Otra cosa bien distinta es que la Iglesia Católica, como organización humana que es, cuente con similar número de adhesiones, en función de los vaivenes que ha venido protagonizando a lo largo de su historia.

Singular también lo es que la población española, al igual que sucede con la cordobesa, acuda mayoritariamente al rito del bautismo –en 2010, los bautizados en España representaban el 92 por ciento de la población- cuando, a posteriori, sólo un 29,2 por ciento de ella se considera católica practicante, según un estudio de la empresa Obradoiro de Socioloxia que establecía, así mismo, en un 51,3 por ciento el porcentaje de católicos no practicantes; el de no creyentes en un 8,9 por ciento; el de ateos en el 7,6 por ciento; y el de creyentes de otras religiones, en el 2,1 por ciento.

Datos estos que sería bueno poner en relación con la evolución del número de matrimonios en nuestro país, dado que entre 2000 y 2009, el número de matrimonios católicos descendió más del 50 por ciento, mientras que los matrimonios civiles aumentaron un 80 por ciento, casi duplicando estos últimos en el 2012 a los religiosos.

Por ello, esa disociación que se produce en una sociedad como la nuestra en la que existiendo más de un 80 por ciento de ciudadanos que se declaran católicos –sean o no practicantes- estos lo son más por tradición cultural que por convicción personal, lo que hace muy difícil que la Iglesia encuentre la unanimidad que desea hacia sus postulados.

Estoy convencido, como denuncia monseñor Fernández en su pastoral, que, efectivamente, muchos de los cofrades de nuestra Semana Santa se manifestarán, en otros foros civiles, a favor del laicismo en el marco de las instituciones públicas y no sé si, también, en nuestro sistema educativo. En cualquier caso, el cristianismo no nació unido al poder político sino con una muy clara separación del mismo, explicitada por Cristo al marcar las diferencias entre Dios y el César.

Por ello, que la Iglesia Católica, del mismo modo que debiera ocurrir con el resto de las Iglesias –el Islam se mueve en el círculo de lo político hasta límites extremos-, habría de dirigir sus esfuerzos no tanto a la búsqueda de complicidades públicas, como a la captación de apoyos individuales a través de un desarrollo ilusionante de la doctrina cristiana y la adaptación de sus mecanismos orgánicos y de relación con la sociedad a las demandas reales de esta.

La necesidad de espiritualidad en una sociedad cada vez más materialista e impersonal como la nuestra resulta evidente. Pero también el espíritu tiene matices y ha de corresponder a quienes se ocupan de él el abordarlo de forma adecuada.

Tal vez en ello no esté acertando la Iglesia Católica y, tal vez por ello, y aunque parezca una contradicción, debiera hacerse más laica, menos litúrgica, para poder contactar en un plano de mayor cercanía y confianza con quienes diciéndose "católicos" se reconocen "no practicantes".

ENRIQUE BELLIDO
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25.6.13

Cambio de consignas

Los portavoces oficiosos de los partidos andan estos días con el argumentario un poco dislocado. Más los del PSOE que los del PP, todo hay que decirlo. Porque es el viraje socialista el que más se nota y porque, de alguna manera, se ven un poco pillados a contrapié.

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Solo los que tienen hoja de ruta Madina y acumulan tropas para cuando llegue el momento de presentarse en el palenque siguen con su deriva prevista y marcando distancias. Los otros, los fieles a Ferraz y Rubalcaba, se esfuerzan por cuadrar un circulo imposible, como el propio Alfredo: pedir la dimisión de Rajoy y pactar con él al mismo tiempo.

También se las ven y se las desean para negar la evidencia, grabada incluso por una cámara indiscreta en el patio del Parlemento, de que el malestar crece con el aspirante. La inquisitoria de Valenciano, Soraya Rodríguez y Trinidad Jiménez sobre su compañero hace baladí cualquier desmentido.

Lo que publiqué en estas mismas páginas el martes pasado ha quedado más que demostrado: Eduardo Madina marca distancias con los pactos, pretende desmontar esa deriva y que no vaya a más y visualizarse como alternativa.

Él lo secretea en privados, mientras que Odón Elorza y un Barreda en busca de resurrección como escudero lo airean en público. Por cierto, que al expresidente castellanomanchego le ha venido de perlas la actitud de su predecesor y del Grupo Socialista en las cortes regionales –el uno resistiéndose a renunciar a sus privilegios y los otros saliéndose del pleno para no votar lo que quizás más de uno quería- para reivindicar su actitud a este respecto pues él sí renuncio a ellos.

En el lado gubernamental, después de aquel aciago día 26 cuando se nos inundó de pesimismo, toca lo contrario y, sin pronunciar la expresión maldita de "brotes verdes", empezar a trasmitir que está creciendo el trigo.

Hay un cambio de mensaje y hasta se insinúa un cambio de diseño en su sobresaltada política comunicacional –puede que los cambios en RNE con el nombramiento de Alfonso Nasarre tengan que ver en ello- que se concreta en el intento de llevar cierta iniciativa y no aparecer siempre a la defensiva, con el escudo y la venda, descontando ya la herida, por delante.

Ayudan ciertos datos; ayuda la estación; ayuda que va tomando cuerpo la imprescindible reforma de la Administración y se percibe que hasta puede haber un creciente convencimiento de que es verdad, de que vamos saliendo. Ya lo dice el propio Banco de España, poco proclive hace nada a tales previsiones. Pero todo dicho con la mosca tras la oreja. Que no puede olvidarse la tormenta o que, en cualquier momento, como pasó el jueves, tengamos que volver a hablar de la dichosa prima que no acaba nunca de quedarse de una puñetera vez quieta y de que se le pasen sus calenturas de celo perruno.

Se fía mucho a lo que suceda el próximo fin de semana en Bruselas donde el Gobierno –y eso hay que reconocerlo- lleva desde que comenzó a ejercer como tal, haciendo girar nuestra imagen, posición y poder, que había quedado reducida al papel de comparsita.

Allí España cuenta más de lo que contaba hace dos años y vuelve a club de los cuatro, con los británicos siempre haciendo como que ellos son caso aparte y estando en las tajadas sin estar del todo en el plato, a los que les dan cartas. Que las siga repartiendo Merkel o que Hollande, Leta y Rajoy logren llevar alguna “pinta”, está por verse.

Por aquí y por lo demás, pues con lo nuestro, que es lo de un país en el banquillo, entrando y saliendo de los juzgados y de las cárceles. Siguen los culebrones reptando, los gurteles, eres, valencias, pujoles, blesas y, de postre, los “piazos” de la Infanta, que ha sido la astracanada de la semana. Un episodio estrafalario donde no ha quedado uno que saliera bien librado, quizás con la excepción, aunque poca porque mucho personal ya está en el "piensa mal y acertarás" como vara de medir.

Montoro, la Agencia Tributaria, el juez Castro y hasta el funcionario que le dio a la tecla y mandó la papela se han cubierto de “gloria” con el esperpento de atribuir al DNI 14Z toda suerte de propiedades –hasta nichos mortuorios en Porbou como última finta kakkiana del asunto-, transacciones patrimoniales varias –algunas de ellas, lo que por mi tierra no llegan ni a una parcela y se queda en “piazo”-.

Con los presuntos de la infanta –que lo eran en realidad de unas señoras muy manchegas de los campos de Calatrava- nos hemos divertido mucho. Los que ya no se han divertido y empiezan a verle la orejas a la juez Alaya son lo sindicatos que pretendían que con ellos no iba la cosa y resulta que actuaban de “careas” de esos ganados y entraban en el reparto de los vellones.

ANTONIO PÉREZ HENARES
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24.6.13

¡Qué asco!

Hay días en los que el hedor se hace insoportable en la porqueriza donde nos revolcamos creyendo habitar el primer mundo. Son días en los que percibimos con claridad que lo que parecían baños de lodo son, en realidad, inmundicias que nos cubren hasta las cejas. Entonces apreciamos el mal olor que desprende este ambiente putrefacto y hediondo que hace imposible respirar sin riesgo de asfixia. Un asco horrible hace retorcer el gesto, arrugar la nariz y hasta cerrar los ojos por las náuseas que provocan tantos detritos.

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Una palada más de estiércol, de las que dan cuenta los medios de comunicación, hace que descubras que has caído en el interior de una letrina y que nada de lo que te rodea está limpio. Ni siquiera tú mismo. Por mucho que busques algún asidero no manchado para escapar, solo encuentras excrementos y residuos descompuestos de materia que hace tiempo dejó de ser salubre. Y te horrorizas que esta contaminación no haga más que crecer y extenderse por todo el horizonte al que alcanzan tus ojos.

Constantemente ves llenar con más porquería esta pocilga. Al principio creías que una escasa cantidad de basura apenas alteraría el equilibrio del entorno y serviría incluso de abono para nutrir el terreno. Pero el volumen ha ido incrementándose desmesuradamente hasta el extremo de invadirlo todo. Ya nada se libra de estar asquerosamente contaminado.

De granos aislados en la política, se ha pasado a una interminable lista de focos purulentos de corrupción cuyos nombres no hacen más que desvelar que ningún ámbito público queda indemne de este deterioro generalizado. Gürtel, Pokémon, Brugal, Bárcenas, ERE, Malaya, Fabra, Palma Arena, Campeón, Palau, etc., responden a denominaciones policiales que cuestan trabajo memorizar y contextualizar antes de que la actualidad añada otras más, como una epidemia, al vertedero.

El nivel de podredumbre alcanza cotas inimaginables y consideradas sagradas. Ya no es un yerno del Rey el que ha caído en esta cloaca donde le abandonan hasta las ratas que lo acompañaron cuando se paseaba con aires aristocráticos por las alcantarillas, sino primas de sangre del monarca, de abolengo Borbón-Dos Sicilias, las que se ensucian en el fango del blanqueo de capitales y no hallan reparos en el trato con redes chinas que trafican con capitales y otras mierdas parecidas.

Habrá que ver si el que porta una corona tan mancillada es capaz de volver a entonar “perdón, mi familia es la monda” a través de algún plumilla al servicio real, en horario prime time, es decir, cuando emiten violencia o cotilleo en horario infantil, en la Telenarcoticón Española (TNE), antes TVE.

Y es que si en la cumbre cuecen habas, en las laderas apesta a cocido de coliflores hasta lontananza. Así no hay manera de quitarse las mascarillas. Porque resulta que Hacienda, esa que escruta tus miserables ahorros en cualquier Caja de las que te pegan el timo de la estampita con las preferentes y otras estafas, no sólo es ciega, sorda, muda, manca y coja con los pudientes, sino que además es sumamente benevolente con los grandes acaudalados para que, previa amnistía hecha a medida, puedan retornar parte del dinero evadido de esos paraísos fiscales que ni dios investiga.

Fortunas que se relacionan con poderosos e intocables de nobles apellidos, esos que figuran en la lista de los grandes defraudadores fiscales de la historia que se agenció el osado informático Hervé Falciani en el banco suizo HSBC, entre los que figuran 1.800 exquisitos compatriotas de la política, la economía, las finanzas, los negocios, las artes y de todo lo que huele a podrido en este país.

Son los mismos que no sólo se pasan por el forro las normas que dictan para los demás, sino que se permiten “olvidar” el decoro y la sensibilidad para con los “tiesos”. Como esa excelentísima personalidad del Estado, todo un presidente del Senado, que afirma solemnemente ante un juez desconocer –él, que debe intervenir en los procedimientos para la elaboración y aprobación de leyes- que no sabía que debiera declarar el “préstamo” que le facilitó su propio partido (como consta en los “papeles” de la mayor trama de corrupción que afecta al partido del Gobierno) en unas condiciones que ni mi padre aceptaría, si yo se lo pidiera. Mejor te regalo el dinero, sería su respuesta.

Claro que ni mi padre tiene dinero para prestar ni jamás lo tendrá: pertenece a esa horda de harapientos que se mueren antes que robar un céntimo a nadie. Por eso no pudo aspirar nunca a ser tesorero de estas bandas de alí babás del erario en que se han convertido los partidos políticos, y prefirió ser maestro y luego médico. Algo poco cotizado en la cloaca, donde los chavales se quedan sin becas ni erasmus que puedan facilitarles los estudios, si no eres un junior de asquerosos apellidos, como los que figuran en la famosa lista de golfos.

Por ello hay toda una desbandada hacia la “movilidad exterior” y una auténtica fuga de cerebros de una juventud que confiábamos pudiera emanciparse de este fangal. El porquero Wert ya se había encargado de impedir que la educación estuviera al alcance de los desclasados. Y Falciani, a la cárcel, por traidor y tonto: ¡mira que refugiarse en España!

Sería interesante escuchar el diálogo que podrían entablar ese informático que desenmascara la identidad secreta de los ricos y los banqueros que, como el expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, acaban ¡por fin! con sus huesos en la cárcel por chorizos, aunque por poco tiempo por lo que parece.

Sería interesante ver cómo defienden uno y otros sus conductas enmarcadas entre el latrocinio y el saqueo de información mercantil: como un duelo entre pillos. Y es que la banca, como la política, está de caca hasta las cajas fuertes.

Como a los jueces les dé por aplicar el Código Penal a los chanchullos de los que se lucra, no habrá prisiones para meter a tanto banquero apestoso. Ojalá llegue el día en que los desahucios sean en dirección opuesta, para desalojar a quienes nos han metido de lleno en una crisis con la que nos están negando la educación, la sanidad y las pensiones para que los “nadie” paguen los platos rotos.

La “marca” España está escrita con la tinta fecal de todas estas porquerías con las que convivimos como cerdos. Hasta los ídolos del deporte y la cultura caen en la tentación de engañar cuanto pueden, a veces con el dopaje, a veces con el dinero. Si no, que se lo pregunten hoy a Messi, ayer a Teddy Bautista y antes a Lola Flores. La mierda lo abarca todo.

Y para que no se nos ocurra exigir limpieza y justicia, la charca se convierte en un Estado policial, en el que las porras y las pelotas de goma te mantienen quietecito en tu sitio. El Gran Mojón te vigila, hermano, como otro ingenuo, harto de colaborar, se ha atrevido a denunciar.

Movido por escrúpulos tardíos, como aquel informático de la banca, un exempleado de la CIA, Edward Snowden pone al descubierto la colosal maquinaria secreta de Estados Unidos para espiar todo lo que circula por Internet, incluidas las comunicaciones y los correos electrónicos en el mundo entero.

Esa vigilancia de nuestra intimidad es la última palada de suciedad que faltaba para que rebosara el pozo inmundo en el que nos refocilamos entre desechos. Desechos de nuestros derechos, de nuestras libertades y de nuestra dignidad.

Otra vez los jueces, para acabar, son los que levantan la voz para criticar que la Casa Real, donde cuecen habas, goce de mayor protección que el honor. No sé de qué se extrañan porque siempre ha sido así en la historia. Los reyes, desde los egipcios hasta nuestros días, son los representantes directos de los dioses. Ellos enlazan la pocilga con el cielo. ¡Qué asco!

DANIEL GUERRERO
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23.6.13

Aún quedan andaluces felices

Es una tarde no demasiado calurosa para el día que despide la primavera de 2013. Poco a poco vamos llegando al colegio los alumnos y los familiares. A las 21 horas estamos citados en el colegio María Montesori de Castro del Rio.


Centenarios eucaliptos nos dan la bienvenida agitando sus hojas por la suave brisa del atardecer. Al final de la cuesta, a la izquierda, un gran recinto por donde los chicos y chicas que allí conviven pasean a lomos de los dóciles caballos. A la derecha la Granja Escuela, un cuidadísimo huerto y varios animales; un burro, una cabra… Al frente nos encontramos con varios edificios que albergan los talleres, el comedor, la piscina y demás instalaciones, modestamente adecuadas para ofrecer una Educación Muy Especial a numerosas personas que, de casi todos los pueblos de la comarca, acuden a compartir su vida y sus ilusiones con una pequeña comunidad de monitores y monitoras que, mayoritariamente de forma altruista y voluntaria, ofrecen su tiempo y su amor a cambio de cariño, besos y sonrisas de los “discapacitados “.

Lo serán tal vez para desarrollar determinados tipos de trabajos, pero no para amar, no para reivindicar con sus miradas inocentes un lugar en la sociedad que los alberga y que no pocas veces los tapa.

Al frente una carpa elegantemente levantada por ellos, decorada con sus dibujos, con sus frases reivindicativas, dispuestos a demostrarnos a todos los “ normales “, que a su ritmo, también son capaces de cantar y de bailar.

Poco a poco van actuando ante la mirada atónita de los presentes, sus inocentes caras nos miran nerviosas para asegurarse en qué parte del público se encuentran sus padres, sus hermanos y demás familiares para demostrarles que también pueden, que con mucho esfuerzo y dedicación, de ellos y de sus monitores, son capaces de actuar, de cantar canciones de Abba, o escenificar el patio de instituto donde Travolta y Olivia, junto a sus cuadrillas, se atacan, se defienden y contraatacan en sus jubilosas refriegas adolescentes. Un chico en silla de ruedas levita sobre ella de emoción, ¡qué ilusión, qué juvenil alegría desbordada!

Al bajar del escenario, tras numerosos aplausos, reciben las felicitaciones de sus familiares y amigos, pletóricos de felicidad. Sus padres, muchos de ellos de edad avanzada, los miran con dulzura, con preocupación, algunos derraman unas lágrimas, quizás de alegría, tal vez de tristeza por que no saber qué les deparará el futuro cuando ellos ya no estén, si sus otros hijos “ normales”, si los tienen, les harán el relevo en sus cuidados y los acogerán en sus casas. No saben aún si, con los recortes en Dependencia de nuestros gobernantes, no peligran incluso la viabilidad de los centros como éste. Por lo pronto han visto año tras año los días de vacaciones recortados, este año aún no se sabe si podrán ir algún día a la playa. Cada vez recurren más a la colaboración económica de los padres para hacer frente a los gastos corrientes, pero algunas familias no pueden hacer ya mayores sacrificios debido a su situación precaria.

Reflexionemos todos y unámonos a esa “marea naranja“ que clama en contra de los recortes a las ayudas para las personas dependientes, defendiendo junto a ellos su futuro. Son para nosotros un ejemplo de lucha, de superación y de convivencia y una evidencia de lo que es imprescindible “tener” para ser felices, el amor, el respeto y la solidaridad.
PEDRO A. GARCÍA

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“Good” job, men

Rápido pasa lo bueno, quizá demasiado. El E3 del 2013 nos abandona, pero deja en su estela una buena lista de grandes momentos, algunos elementos con desajustes pero sobre todo, muchos y buenos juegos. Que no variados. ¡Dentro texto! Lo mejor en esta ocasión sería empezar con la que podría considerarse la mejor conferencia, siempre bajo el punto de vista del aquí firmante.

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Partimos de las tierras del Tío Sam, donde habita Microsoft. Los padres de la futura Xbox One han sabido realizar con gracia la ponencia de su futuro hardware, esta vez sí, basándose en exclusiva en los juegos que ofrecerá en un período de tiempo no muy lejano.

Se reflotó a la vieja saga Killer Instict (una de las pocas sorpresas auténticas de toda la feria) y no faltaron la presencia de viejas franquicias que mostraban una nueva continuación. Véase el dúo de terceras partes formado por Dead Rising 3 o The Witcher 3. El primero de ambos de pleno plausible: hordas de zombies que rodean al protagonista a lo largo y ancho de la ciudad, armas improvisadas con objetos al azar…Así da gusto volver a vivir otra aventura de no-muertos.

Con una cinemática ejemplar, Halo aparecía también, después de mucho ocultarse tras una túnica en su trayecto por el desierto. Por acabar con los nombres conocidos y añadiendo el tono de humor al momento, se mostró Battlefield 4 tras medio minuto de intentos por parte de la compañía.

El público comenzaba a hacer de las suyas cuando finalmente Patrick Soderlund arrancó la demostración del shooter. Ciertas esperanzas no plenas se asomaron por la verde sala tras el anuncio de nuevas IP´s como Ryse, Titanfall o el frenético y desenfadado Sunset Overdrive, que gozará un marcado estilo cartoon y usará armas tan divertidas como un lanzador de vinilos o un disparador de refrescos.

La sombra negra en Xbox se asoma en forma de los géneros predominantes: disparos, disparos y más tiroteos. Habrá que despejar las incógnitas en torno al peculiar Quantum Break o el por ahora desconocido D4, pero la tendencia de las armas de fuego de la presente generación no parece que vaya a erradicarse con tanta facilidad.

Al margen de todo, hubo tiempo para Smart U, perdón, SmartGlass y algo para Xbox 360, aunque fue tan escaso que casi no merece la pena ser citado. Para colmo, fue al inicio. No podemos obviar a pesar de que no se trate de la demostración en sí, el cambio de política que desde Microsoft se está llevando para con los usuarios de One.

En un primer instante, se obligaba la conexión permanente de la consola a Internet –imposibilitándose el juego en aquellas zonas donde la otrora Telefónica no hubiera puesto un pie-, la segunda mano se dificultaba mediante pagos a las tiendas y la libertad de región era inexistente. Esto se traducía en la imposibilidad de exportar juegos de América, Japón o el Congo.

Sin embargo, la noticia de última hora ha sido que bajo las presiones del colectivo de jugadores, se ha acabado cediendo y todas esas limitaciones han expirado. Grato comunicado para los potenciales compradores de la consola, pero el intento de “dictadura digital” dejará secuelas en la confianza de los poseedores de una 360.

Sony lo tenía todo y se ha quedado con la mitad. Si acaso. Mientras que antes se llevaba por delante a su principal enemigo en cuanto a lo citado previamente –entrañable y sucio el vídeo de Pasos para compartir un juego de PS4- tras la rectificación de Microsoft lo único que le queda es su más que aceptable precio. Por el “módico” precio de 399 euros, podrá manejar a los protagonistas de los nuevos The Order, con un Londres al más puro estilo steampunk, los ígneos poderes del “Segundo Hijo” de Infamous o al simpático y extravagante mago de The Dark Sorcerer, título que parece romper con la “cuarta pared”.

En cuanto a la demostración fue larga, a ratos tediosa y en otras ocasiones aburrida, directamente. Añadiéndole faltas y aunque One lo haya hecho también, con PS4 esta forma de proceder es más evidente: en su mayoría, no se muestran exclusivos.

Entregas como Final Fantasy XV, Kingdom Hearts III –sí, recuérdenme que les dé la enhorabuena que se merecen- o Destiny aparecieron en el espacio de Sony, pero podría haberlo hecho en el de Microsoft o Nintendo y hubiera sido lo mismo.

Clama al cielo el caso de Watch Dogs, que poco le ha faltado para que salga incluso en Game Boy Color. Se llevan un punto negativo por promocionar juegos tan cercanos en el tiempo como The Last of Us, y otro positivo por darle espacio a PS3. Se ve que piensan seguir la misma táctica que con el fin del ciclo de PS2. ¿Vita? La gran olvidada.

El tirón de orejas va para Nintendo, pero merecido además. No se han presentado “directamente” sino a través de un Nintendo Direct Especial (especialmente corto), no han llegado a los cuarenta minutos de charla y ni una única sorpresa. Han jugado medianamente bien sus cartas de cara a Wii U, siguiendo la línea que ya recomendábamos y vaticinábamos en PrE3parativos: 3DS se ha echado gentilmente a un lado para darle paso a su malherida hermana mayor. Aun con todo, no es suficiente.

La vigésima entrega calcada de Super Mario Bros. en la que ¡oh, cielo santo, podemos manejar a Peach!, un nuevo aunque reciclado Donkey Kong, el correspondiente Wii U Fit y Party, junto a Art Academy se suman al registro de juegos “Made in Originality”.

El Direct podría haber ido mejor quitándole todo este relleno y dejando lo único bueno que tuvo. Porque eso sí, hubo escasez de aportaciones relevantes, pero las excepciones fueron auténticas maravillas.

Abrimos este apartado con Bayonetta 2, que no parece aportar demasiado nuevo frente a su predecesor, pero se muestra más espectacular y desafiante. El cambio de look de la bruja le viene genial. Pero el grueso, la esencia verdadera vino con X. Tamaña creación cuenta con una ambientación que recuerda ligeramente a una fusión entre Monster Hunter, Xenoblades Chronicles, los personajes de Crisis Core, aderezado con los droides de Neon Genesis Evangelion. Como nota a pie de página, bonito detalle la inclusión de Megaman en Super Smash Bros.

Si perciben un aire positivo sobre el E3 de este año en esta crítica, están en lo cierto. Todo tiene siempre un margen de mejoría, mayor conforme nos vamos acercando a Nintendo, pero no se trata ni de lejos del despropósito del año anterior.

Han faltado novedades, han sobrado booth babes, pero ha habido una sensación de calidad generalizada que le viene muy bien al mundillo. Quizá fuera cierto que era necesaria una nueva generación. Quizá lo fuera porque de lo contrario, las compañías se negaban a trabajar todo lo que deben.

SALVADOR BELIZÓN / REDACCIÓN
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Aforismos y pensamientos: la valentía

Uno de los rasgos del carácter de las personas que genera mayor admiración es el de la valentía. A lo largo de la historia, y en las distintas culturas, se ha expresado la fascinación que suscita quien es valiente; es más, una parte significativa de los grandes relatos que configuran el imaginario que da identidad a los distintos pueblos es la apelación a los héroes, ya que es un referente que sirve para mostrar los modelos a imitar o a admirar.

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Cada pueblo, cada país, tiene uno o varios personajes, reales o mitológicos, que son los héroes y que sirven para dar sentido de pertenencia a esa comunidad. Habitualmente, han sido los militares o los guerreros los que se encuentran en ese reducido grupo de celebridades de los que se habla de ellos con gran respeto, por lo que es habitual recordarles homenajeándoles con esculturas o bustos que perpetúen sus memorias.

De nuestro país, todos podemos hacer un repaso mental de esas figuras que desde pequeños hemos aprendido en los libros de Historia. Son nombres que casi nos salen espontáneamente, puesto que han quedado grabados en nuestra memoria como símbolos y paradigmas del valor y el coraje.

Aunque, lamentablemente, en esa amplia pléyade heroica no cabe el género femenino; pareciera que el valor es un atributo exclusivamente masculino, que la mujer queda tradicionalmente relegada a los valores maternales y domésticos, por lo que se la ha considerado como un ser frágil y temeroso, necesitado del apoyo del hombre para que pueda transitar con cierta seguridad por la vida.

Esta injusta valoración en los últimos tiempos ha sido muy cuestionada, puesto que el valor asociado a los personajes que participan en las guerras, los combates o relacionado con el ámbito castrense ha perdido gran parte del peso que ha tenido tradicionalmente, de modo que en la actualidad se entiende que el valor, en principio, al alcance de todos, es lo opuesto al miedo y la cobardía.

Hoy, la valentía, considerada como la virtud de los héroes, empieza a ser cuestionada o, al menos, interpretada de manera distinta a como se ha hecho tradicionalmente. Ya no se admite de modo incondicional, pues, tal como nos dice el filósofo francés André Comte-Sponville, “la universalidad de la valentía no demuestra nada, incluso podría ser sospechosa. Si algo es universalmente admirado significa que también lo admiran los malvados y los imbéciles”.

De igual modo, en esta línea de sospecha se situaba Voltaire. De este gran pensador y escritor extraigo una breve frase de su obra Roma salvada, cuyo significado es, a fin de cuentas, otra forma de dudar del carácter intangible de la valentía. Así, de manera contundente, nos dice: “Un valor indómito, en el corazón de los mortales, produce grandes héroes o grandes criminales”.

Tienen razón estos dos autores galos, puesto que la valentía puede servir tanto para el bien como para el mal. Esto es fácil comprobar en el ámbito castrense: los que para unos eran héroes, para los “enemigos” eran personajes despreciables.

Si nos trasladamos a nuestros días, podemos acudir, por ejemplo, a la acción suicida de los secuestradores que condujeron los aviones para que se estrellaran contra las Torres Gemelas de Nueva York. Sus protagonistas sabían perfectamente que iban a morir en ella, por lo que hemos de reconocer que para ejecutarla tuvieron que vencer el miedo a una muerte segura.

Es lógico pensar que para que realizaran tal acto era necesario que tuvieran un absoluto convencimiento de estar en posesión de la verdad, tanto como para menospreciar todas las vidas que iban a perecer en su acción. Ello nos lleva a pensar que un fanatismo valeroso sigue siendo fanatismo.

Así, el arrojo, el coraje o el valor, bases de la valentía, hay que entenderlos en función de los objetivos últimos buscados, puesto que una valentía egoísta, que no considera a los demás, es en última instancia una expresión del egoísmo personal, base de la intolerancia o del fanatismo.

Es por ello por lo que sostenemos que la valentía como virtud humana supone una actuación desinteresada, cargada de altruismo y de generosidad.

Esto no implica que la persona que actúa bajo estos valores no sienta ningún tipo de miedo, puesto que es casi imposible que un acto que implica riesgo o posibles pérdidas personales no asome ese sentimiento oculto que subyace en todos nosotros.

No es, pues, la ausencia de miedo, sino la capacidad de superarlo, a través de una voluntad firme y generosa, ya que el opuesto a este concepto del que hablamos no solo se encuentra el propio miedo, sino también la pasividad, la indiferencia, cuando no un velado egoísmo, camuflado de diferentes justificaciones.

¿Pero tiene sentido que en la actualidad estemos relacionando la valentía con el heroísmo? ¿No sería más justo reflexionar sobre el valor, la honestidad y el coraje en la vida cotidiana en la que nos movemos?

Ciertamente, en la actualidad, los héroes se encuentren en franca retirada, puesto que ya casi nadie cree en ellos, a pesar de que siempre necesitemos modelos, gente honesta, sincera y valerosa en las que mirarnos, pues cada uno de nosotros no puede ser modelo de sí mismo. Hemos de mirarnos en aquellos que nos han precedido o que conviven con nosotros y nos sirven de referencia en los momentos de incertidumbre y duda.

Esta necesidad de personajes valerosos, de un modo u otro, permanece latente en el fondo de la colectividad, dado que sirven como referentes sociales. De ahí que pervivan los grandes relatos protagonizados por individuos de gran valor, aunque, en la actualidad, se hayan trasladado a los cuentos, las novelas, el cine o los videojuegos.

El problema es que, en los numerosos medios de comunicación que nos rodean, los protagonistas de esos relatos son seres amorales, cínicos, agresivos y cargados de violencia, dado que el fin último que les guía es acabar con “el enemigo” del modo que sea.

Esta amoralidad ha generado una carga de escepticismo en las nuevas generaciones, como lo he podido comprobar en recientes trabajos de investigación en los que preguntaba a adolescentes que me indicaran algún personaje que para ellos fuera un verdadero héroe.

Lo cierto es que las respuestas se centraban en personajes próximos: el padre, la madre, algún abuelo, etc. Es decir en alguien que conocían de cerca y estaban seguros de sus conductas, de sus esfuerzos y de las motivaciones que los impulsaban.

Esta visión ya alejada de los grandes mitos nos aproxima a ese aforismo de Carlos Castilla del Pino en el que nos dice: “No ser héroe. Ya es bastante con vivir el día a día”. O a este otro: “En una sociedad donde el héroe es necesario, algo va mal”.

Ciertamente, hemos llegado a una sociedad en el que la vida cotidiana y los problemas que en ella afrontamos son suficientes para que estemos a prueba constantemente. En nuestro siglo veintiuno, no viene mal la frase de Pierre Brulat, periodista y novelista que vivió a caballo entre los siglos diecinueve y veinte, en la que nos decía: “Basta un instante para hacer un héroe, y una vida entera para hacer un hombre”. (Yo diría: “una persona valerosa”).

Y es que, en la actualidad, el miedo se ha instalado en la gente de un modo verdaderamente peligroso. Hoy, el miedo se ha convertido en el instrumento más preciado por los poderosos, ya que con él logran doblegar las voluntades y que se acaben aceptando las condiciones humillantes que desean imponer a la mayor parte de la población.

AURELIANO SÁINZ
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22.6.13

El corazón helado

Decir que es el mejor libro que he leído me da un poco de pudor, porque hay tantos libros que me han emocionado, que me han convertido durante unos días en personas que nada tienen que ver conmigo, que sería injusto para con ellos. Pero que El corazón helado se trata de un gran libro no creo que lo dude nadie que lo haya leído.

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No sólo está bien escrito desde el punto de vista de la utilización del lenguaje como medio para provocarnos emociones, sino que todas las historias son coherentes, están bien construidas, sorprendentemente conectadas y los personajes bien presentados, cada uno en el tiempo justo.

Es el único libro que he leído de Almudena Grandes y me ha sorprendido su inteligencia. Esta novela lleva un arduo trabajo detrás, no sólo de documentación o de entrevistas con personas que vivieron el periodo descrito, sino que está muy pensado para que el lector se sorprenda y se agarre a sus hojas, sin importarle si es de día o de noche –al menos es lo que a mí me pasó-.

Cuando cierras el libro quieres volver a leerlo, y prestar una atención especial a cada personaje, para que cuando se cruce en la vida de otro protagonista puedas entender todo mejor. Se trata de una tela de araña muy bien hilada, que no deja ningún cabo suelto. He de confesar que terminé enamorada del abuelo de la protagonista. La manera de describir su carácter es sencillamente irresistible.

El contexto histórico es la guerra civil y la posguerra, vividas en la piel de varias familias y a través de tres generaciones. Además de disfrutar con la lectura, he aprendido dos cosas: que la izquierda siempre ha estado dividida –y ya decían los romanos: “divide y vencerás”-; y que el sentimiento de rabia fue muy intenso entre los compatriotas que lucharon en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo y vieron cómo los franceses, los ingleses y los americanos nos abandonaron a nuestra suerte, dejándonos bajo el yugo de una dictadura fascista. Terminaron con Mussolini y Hitler, pero no con Franco.

Siempre me ha llamado la atención la incultura general, según la cual parece que ser republicano es ser de izquierdas o “rojo”. Y no. Ser republicano no es más que defender un sistema de gobierno en el que no hay reyes, y en el que el representante de la nación es elegido por el pueblo.

En la República había gente de derechas y de izquierdas. Un claro ejemplo de esto es el caso de Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la Segunda República y paisano nuestro además, exactamente de Priego de Córdoba. Era republicano y pertenecía a un partido de corte conservador.

Por último, recordar de nuevo a mi abuelo Daniel, que me contaba cómo la posguerra desató la caja de pandora de las envidias –ese mal nacional- y cómo la gente denunciaba a sus vecinos de ser “rojos” para quedarse con sus tierras. Algo de esto encontraréis en el libro. Espero que lo vivan tanto como yo.



Ficha literaria

Título: El corazón helado.
Autor: Almudena Grandes.
Género: Novela.
Fecha de publicación: 2007.
Editorial: Tusquets Editores.
ISBN: 978-84-83835364.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ / REDACCIÓN
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Salud y alcohol

Hay temas que salen a la palestra de forma recurrente, según interese que el velero de la opinión –o ¿debiera decir la veleta de la opinión?- gire en una dirección u otra. Saturados de crisis, de chanchullos a derecha e izquierda, de corrupción de todos los colores... en estas últimas semanas aparecen en el candelero las adicciones y sus secuelas –drogas en general, alcohol en concreto- y el viento de la opinión hace chirriar la veleta. Por descontado que el asunto es serio.

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La salud es uno de los bienes más preciados del que podemos disfrutar los humanos. Mientras se está sano, no la apreciamos ni la echamos de menos –cosa por otro lado normal-, pero cuando la perdemos... ¡qué amargo es su sabor!

Enfermar de cualquiera de las múltiples dolencias que pueden azotar al cuerpo, es un riesgo que corremos y al que estamos propensos a lo largo de nuestra vida. Nuestro organismo, siendo una máquina fabulosa, también se avería y con la edad, sobre todo, le van saliendo goteras, hay que revisarlo y, por supuesto, necesita de un continuado mantenimiento. En otras palabras, hay que mimarlo. Cuando se es joven, dicha necesidad de mantenimiento queda lejana y será el paso de los años quien nos recuerde que la maquina se va deteriorando.

Pero enfermar por dejadez, deterioro programado, desidia o aburrimiento, considero que es del genero tonto. Y lamentablemente, incurrimos en dicha necedad con las múltiples maneras, existentes a nuestro derredor, de castigar el organismo. Unas actuaciones son ajenas a nosotros y no podemos controlarlas, como por ejemplo las relacionadas con la gran cantidad de porquerías que nos venden en los alimentos y otras las consumimos por propia voluntad.

En la lista de esas substancias peligrosas está el abuso, que no el uso, del alcohol hasta límites francamente dañinos. Ya hace algunas décadas que un sector importante de la población entró en la vorágine del consumo compulsivo de alcohol, concentrado en los fines de semana.

Al principio se bebía fuera de los locales de alterne –discotecas, pubs- porque era más barato y se podía alargar más la fiesta. Después se pasó a mamar “a mogollón”, en una carrera contra reloj, por ver quién tenía más reaños y aguante.

Estoy refiriéndome al llamado "botellón" que cual mancha de aceite se extendió por todo el país en poco tiempo. Hasta hemos inventado un vocablo para referirnos al lugar de reunión de dichos eventos alcohólicos y alcoholizantes: el “botellódromo” en el que, efectivamente, se bebe la mayor cantidad de líquido alcohólico en el mínimo de tiempo posible.

Un apunte interesante: nuestros jóvenes son defensores a ultranza del reciclaje, de los productos ecológicos, es decir se declaran “verdes” y me parece estupendo. Pero ¿son conscientes del daño que se están infligiendo? Y una pregunta cojonera: ¿asumen el estercolero que queda después de sus eventos?

Nadie está libre de agarrar una melopea alguna vez. Pero cogerla todos los fines de semana, ya son palabras mayores y, a la larga, pasará factura al organismo. He oído decir muchas veces, pero “si yo sólo bebo los fines de semana…”. Aun siendo así ¿cuánto se bebe para que las urgencias hospitalarias de fin de semana estén cada vez más visitadas como consecuencia de abundantes comas etílicos? La información procede de los profesionales sanitarios.

¿A dónde quiero ir a parar? Voces autorizadas desde la medicina, el ámbito psicológico, la educación –vial, sanitaria, moral…-, vienen alertando, de un tiempo ha, que vamos por mal camino con este asunto. E, irremisiblemente, saltan los fusibles cuando aparecen noticias como esta: “El Gobierno estudia multar a los padres de menores que sufran muchos comas etílicos”. ¿Cuántos son muchos? ¿Menores? Para aviso de navegantes, la edad de lanzamiento al consumo de alcohol, según datos oficiales, se sitúa ya sobre los 13 años.

Como siempre, salta la liebre en el momento menos oportuno y puede que en el terreno más controvertidos: padres, menores y multas. Dejando de lado una posible ambición recaudatoria, no porque no sea importante y sí porque nos desvía del asunto, la alarma ha saltado una vez más y hay que poner cascabel a este otro gato. Alguien dirá que ya son muchos los mininos sin cascabel, pero la realidad es la que es.

El botellón es una competición por ver quién bebe más. ¿Por qué beben tanto? Porque es lo normal; porque la manada manda y el anonimato encubre; porque no quiero aparecer como el “cobardica” (no quiero ser políticamente incorrecto); porque yo soy un machote –ellos-; porque están aburridos, porque me corroe una angustia vital –creo que Sartre y el existencialismo no están de moda-; por la presión socio-laboral; porque me da la gana; con mi libertad hago lo que quiero…Alargar esta letanía sería muy aburrido.

La polémica está servida, no porque el tema sea baladí y no haya que darle importancia, sino porque se tiran peñascos sobre el tejado de los padres. ¿Insinúo que la familia nada tiene que ver con el tema? ¿Qué tal vez los padres pasan de este asunto? Nada más lejos de mi intención.

El consumo abusivo de alcohol, sustancia muy consumida y asequible en nuestro entorno al estar socialmente integrada en la cultura del país, ciertamente es un tema preocupante, serio y a tener en cuenta, más bien antes que después. En dicho consumo juega un papel importante la familia, la mimesis del ejemplo y la educación, procedente de las diversas esferas.

Todos estaremos de acuerdo en que la educación es el arma indispensable para remediar conductas abusivas, pero nos olvidamos que la voluntad de cada sujeto es insoslayable y por mucha educación que dé la familia, la escuela e incluso la sociedad, si no quiero hacer caso, pues no quiero.

Información. Con tener información no basta para controlar. El “yo controlo” funciona si yo quiero, si calibro riesgos, si cuidado mi cuerpo que está en un momento crítico de desarrollo fisiológico, si valoro las posibles consecuencias sanitarias, sociales (peleas, accidentes…). Alguien puede que piense, al leer estas líneas, que no somos anacoretas y que hay que divertirse… Mens sana in corpore sano!

Pero una cuestión tengo muy clara. No vale alegar falta de información sobre el tema del alcohol ni, como decía una noticia la semana pasada, tampoco con respecto a las precoces relaciones sexuales de nuestros jóvenes, los cuales no usan preservativos por no saber ponérselos y tampoco creen que exista peligro alguno. ¡Por favor! Sobre la educación sexual ya hablaremos otro día.

Momentos antes de entregar estas cuartillas me topo con la siguiente noticia que parece ser vieja ¿Cómo conseguir un colocón en segundos? Introducirse alcohol directamente por la vagina, el ano, el ojo o inhalándolo son las fórmulas más osadas que encuentran algunos jóvenes para esquivar el filtro hepático y absorberlo en sangre. ¿Alguien da más? Renuncio a comentar dicha información.

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PEPE CANTILLO
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21.6.13

La conquista de Europa

La izquierda adolece de muchos tics que la han hecho inservible para conformar grandes mayorías y liderar cambios reales. Sólo se cambia el mundo si se puede escribir en los boletines oficiales, aunque no por ello deja de ser imprescindible la labor de oposición y movilización ciudadana.

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Uno de los tics de la izquierda, y que la han convertido en incapaz para conformar mayorías en Europa, ha sido su europeísimo acomplejado. Incapaz de conectar su discurso antineoliberal con la mayoría social, en muchas ocasiones ha optado por decir “no” a todo lo procedente de Bruselas y al escoramiento en los escaños jacobinos del Parlamento Europeo.

Las próximas elecciones al Parlamento Europeo son una gran oportunidad para que la izquierda aspire a construir la UE desde el europeísmo, con el convencimiento de que no es la UE el problema, sino esta Europa antidemocrática en manos de los poderes financieros.

La complejidad del entramado institucional de la UE y la lejanía física, son muchas veces las patentes de corso para que la izquierda haya dejado la construcción europea a democristianos y socialdemócratas, las dos corrientes ideológicas que pusieron en pie la construcción europea y las dos ideologías que la han puesto de rodillas frente a la especulación financiera y los intereses mercantiles.

Para empezar a construir otra UE, la opción más útil es de la de conformar listas estatales unitarias, así como que el conjunto de la izquierda continental designe a un o una líder llamada a recorrer los 27 Estados Miembros para explicar cuál es el proyecto político de la izquierda para, además de derrocar a la troika, levantar el ánimo de la ciudadanía y democratizar radicalmente las instituciones y los Tratados europeos.

La socialdemocracia, casi con total seguridad, presentará al actual presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz, como candidato a presidir la Comisión Europea. La izquierda también tiene que presentar a su candidato. De los escaños jacobinos del “no” a la propuesta del “sí”.

La previsible abstención en las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014 es evitable, si la izquierda convence de que este vehículo donde viaja la UE es perfectamente modificable. Que hay alternativas a una maldad ideológica que se ha apoderado del proyecto de construcción europea hasta convertirlo en una bancocracia.

Cambiar los Tratados para democratizar el Banco Central Europeo, ahora en manos de la banca privada alemana; sustituir políticas de empobrecimiento por un multimillonario plan de inversiones que sirva para, además de crear empleo, modificar las bases fósiles del modelo productivo europeo hacia una Europa autosuficiente energéticamente y sostenibe en lo ecológico y económico. Caminar hacia el ecosocialismo: tarea para la que la izquierda está obligada a buscar alianzas con los ecologistas europeos.

A pesar del discurso derrotista de la izquierda triste, desde Bruselas sí se puede hacer otra política distinta a la de socialdemócratas y democristianos. Una mayoría de izquierdas en la Eurocámara impidió la aprobación de la Directiva de las 65 horas laborales, lo que hubiera sido la vuelta a esclavitud laboral; y una mayoría europarlamentaria bloqueó el nombramiento de Toni Blair como presidente de la Comisión Europea.

El Parlamento Europeo no tiene iniciativa legislativa, deficiencia que es corregible si se modifica el Tratado de Lisboa, pero legisla a iniciativa de la Comisión Europea y puede hacer que las normativas europeas sean aplaudidas por la bancocracia o por la ciudadanía. Igual que en el Estado español, la salida a la crisis europea también pasa por un proceso constituyente.

El neoliberalismo no es europeísta, a pesar de los complejos euroescépticos de la izquierda; es el neoliberalismo el que está destruyendo el edificio que nació para ahuyentar a los populismos, a la ultraderecha y los conflictos entre europeos.

La izquierda debe aspirar a ser mayoría también en Europa, que es donde se está jugando la verdadera batalla por el modelo de social y económico que disfrutaremos –o padeceremos- en los años venideros. Eso sí, para construir otra Europa no podemos seguir mandando a Bruselas a los tristes jarrones chinos que nos sobran en las estanterías de la política estatal. Ese modelo de europeísmo también ha muerto.

RAÚL SOLÍS
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20.6.13

Andalucía degradada

¿Orgulloso de ser andaluz? ¿Qué quieren que les diga? Pues no. Debe resultar éticamente muy difícil sentirse orgulloso de pertenecer a una tierra, a una región y, por no ofender a algunos, a una Comunidad Autónoma, que socialmente posee el Gobierno que posee y se mueve en la podredumbre política –que, en consecuencia, también lo es social-, en la que se mueve.

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Porque ser andaluz no es, en modo alguno, haber nacido en Andalucía. Esta es una circunstancia aleatoria que carece de mayor valor y que, en modo alguno, marca la personalidad de nadie. El carácter de una tierra, lo que en realidad es, mirándose hacia dentro y comparándose con las demás, lo marcan quienes diariamente la conforman, sean andaluces o no, desde su compromiso personal, social o político, en un continuo ejercicio de modelación de la sociedad en todas sus aristas.

Y no, siento decirlo: Andalucía no me parece una tierra como para sentirse orgulloso de ella, lo cual no quiere decir que no me duela el territorio en el que casualmente me correspondió nacer –muy al contrario, me duele mucho-, sino que, mirando a su interior, valorando sus problemas y analizando sus carencias, así como exponiéndola a la cruda realidad de la comparación con otras, descubro a diario su incapacidad para ofrecer un entorno de estabilidad y seguridad social en el que los andaluces, nacidos o no aquí, puedan desarrollar todas sus potencialidades con total y absoluta libertad.

Nuestros políticos y una magistrada como la juez Alaya nos indican a diario las pautas de conducta por las que se mueve la Andalucía oficial, la que condiciona con su actuar esa otra Andalucía social que componemos la inmensa mayoría de quienes en ella vivimos.

Por ello que vista la vergonzosa opacidad con la que nuestros representantes se suben sus dietas en el Parlamento andaluz, atendiendo al bochornoso espectáculo de cargos públicos, sindicatos, empresarios y partidos políticos implicados en el robo del dinero de todos en la fraudulenta ejecución de muchos ERE, no deban extrañarnos las cifras que a continuación voy a exponerles, ilustrativas, todas ellas, del fracaso social que se vive en Andalucía y de la profunda insatisfacción en la que vivimos o deberíamos vivir –todo depende de la sensibilidad o la posición de los observadores-.

Son cifras, todas, obtenidas del Anuario Joly de Andalucía 2013, que dibujan una imagen de nuestra Comunidad muy lejana, desde luego, a la nítida y luminosa que desde la óptica oficial se enmascara a los ojos de los andaluces.

Por supuesto que el paro, la madre de todas las desgracias y el principio de todos los fracasos, ensombrece trágicamente a nuestra región. Unos niveles del 35,86 por ciento, los más altos de nuestra historia, frente al 25 por ciento de la media nacional, condicionan la libertad y la igualdad social de los andaluces, sometiéndolos a la vejación del subsidio y, en muchos casos, de la caridad.

Que la tasa de fracaso escolar se sitúe en el 34,7 por ciento, en comparación a una media nacional del 28,4 por ciento, nos indica que nuestra pobreza no sólo es económica sino también intelectual, estructural por tanto, condicionando nuestro futuro en generaciones.

Ayuda a ello que en Andalucía contemos con 8,14 profesores por cada 100 alumnos, frente a los 8,77 de la media española. Ello, lógicamente, coincide con que ostentemos una de las tasas más altas de país en cuanto a analfabetismo, un 4,20 por ciento de la población, frente a la mayoría de España que se mueve en niveles que van del 0 al 2 por ciento.

Paro y fracaso educativo no pueden generar sino pobreza, de ahí que nuestra Comunidad alcance niveles del 35 por ciento de población en el umbral de la pobreza, lo que representa una indecencia social si tenemos en cuenta el derecho constitucional de todos los españoles a vivir dignamente.

Pero es que tampoco la protección social que brindan las instituciones, en este caso la Junta de Andalucía, ofrece motivos para sentirse orgulloso. En nuestra región contamos con 2,61 camas hospitalarias por cada mil habitantes –sólo Melilla cuenta con menos, 2,10-, cuando la media española se sitúa en 3,42, lo cual echa por tierra tanto discurso triunfalista sobre la calidad de la sanidad andaluza, cuando esta ha de basarse no sólo en las nuevas tecnologías y técnicas quirúrgicas, sino en la atención a procesos comunes que hoy siguen viéndose atrapados en las listas de espera.

Pero es que fallamos también en el campo de la ciencia y la investigación que, a la postre, son los que marcan el mundo de la competitividad internacional y el desarrollo. Así, por cada mil investigadores activos en Andalucía, 3,8 se dedican a I+D frente a los 5,8 que marca la media española.

Lógicamente, estamos por debajo de le media española en equipamiento técnico de nuestras viviendas como pueda ser acceso a Internet, ordenador, conexión a banda ancha, telefonía fija y móvil, etc. Y, por último, para no cansarles de datos, en algo tan sensible como pueda ser la violencia de género, nuestra Comunidad ofrece una tasa de 1,8 mujeres muertas por cada millón, frente al 1,3 de la media española.

No, no puedo sentirme orgulloso de ser andaluz y, precisamente por ello, no voy a desertar de serlo, por mucho que el poder institucional pugne por doblegar la voluntad y la conciencia de los críticos. Sé muy claramente dónde están los autores de esta Andalucía degradada y también dónde deberían situarse. Y confío en que llegue el día en el que el pueblo y personas como la juez Alaya descubran la realidad.

ENRIQUE BELLIDO
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