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23 de abril de 2019

  • 23.4.19
Los jefes de Estado y de Gobierno acordaron el 27 de septiembre de 2015 en la Organización de Naciones Unidas los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de alcance mundial y que el Reino de España hace suyos como miembro de este organismo multilateral. Es una decisión histórica sobre un amplio conjunto de objetivos y metas universales y transformadoras, de gran alcance y centralizadas en las personas, la paz y la prosperidad.



Es también un compromiso por trabajar diariamente y sin descanso, a fin de conseguir la plena implementación de estos objetivos de aquí hasta 2030, en los que se reconoce la pobreza en todas sus formas y dimensiones como el mayor desafío al que se enfrenta el mundo y constituye un requisito indispensable para el desarrollo sostenible poder erradicarla.

Existe el compromiso de lograr el desarrollo en sus tres dimensiones –económica, social y ambiental– de forma equilibrada e integrada y, al emprender este gran viaje, el compromiso más importante es no dejar a nadie atrás.

Todos los países lo aceptaron, lo que proporciona a la Agenda 2030 un alcance y una importancia sin precedentes. Se aplica a todos los países, a diferencia de los Objetivos del Milenio, pero hay que tener en cuenta las diferentes realidades, capacidades y niveles de desarrollo de cada uno y, por supuesto, respetar sus políticas y realidades nacionales.

Los ODS son el resultado de más de dos años de un intenso proceso de consultas públicas y de interacción con la sociedad civil y otras partes interesadas en todo el mundo y España no fue una excepción. Durante ese periodo se tuvo en cuenta especialmente la opinión de los más pobres y vulnerables.

En los objetivos y metas se expone una visión de futuro sumamente ambiciosa y transformadora, que aspira a un mundo sin pobreza, hambre, enfermedades ni privaciones, en el que todas las formas de vida puedan prosperar. Un mundo sin temor ni violencia; donde la alfabetización sea universal, con acceso equitativo y generalizado a una educación de calidad en todos los niveles, a la atención sanitaria y la protección social y donde esté garantizado el bienestar físico, mental y social.

Propone la hoja de ruta establecida en la Agenda 2030 el compromiso sobre el derecho humano al agua potable y al saneamiento, para procurar una mejor higiene y que los alimentos sean suficientes, inocuos, asequibles y nutritivos, con hábitats humanos seguros, resilientes y sostenibles y donde haya acceso universal a un suministro de energía asequible, fiable y sostenible.

Los ODS son un motivo de celebración para los ayuntamientos y gobiernos locales de todo el mundo. La inclusión del Objetivo 11 para hacer de las ciudades y los asentamientos que sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles es, en gran parte, el fruto de una dura campaña de los gobiernos locales, sus asociaciones y la comunidad urbana.

El ODS 11 representa un gran paso hacia adelante en el reconocimiento del poder transformador de la urbanización para el desarrollo y en el papel de sus líderes a la hora de impulsar el cambio global desde el territorio, pues ha entrado a formar parte de la agenda de las ciudades y va a condicionar cada vez más las políticas públicas urbanas. Es, por tanto, un paso necesario y muy positivo. Y es en las ciudades donde nos jugamos dar las respuestas necesarias a los retos globales.

Por otro lado, muchos municipios están entendiendo que la importancia de los ODS no solo reside en contribuir al desarrollo sostenible mundial, sino también a la comunicación de sus historias a escala mundial. La aplicación de políticas innovadoras enfocadas a los ODS puede ser una buena plataforma para presentarse al mundo.

Es fundamental e importante, por ello, que las ciudades de Andalucía están comprometidas con los ODS para poder conseguir mejorar la calidad de vida de sus habitantes y trabajar por un territorio más sostenible y más justo.

SANTIAGO MARTÍN GALLO

22 de abril de 2019

  • 22.4.19
Autor de poesía, novela y ensayo, Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) ha escrito, a lo largo de cuarenta años, El Rastro, el lugar donde “la gente va, aunque no lo sepa, a buscar su pasado”.



—Cuarenta años visitando el Rastro, antes de las ocho de la mañana y en ayunas. Dime qué has buscado durante tantos años y nunca encontraste.

—La inmortalidad. En realidad, lo que se va buscando es un imposible. Y por eso acudes cada mañana con la ilusión de que lo vas a encontrar. Y en este caso es algo que justifique toda la vida y que le dé sentido a toda la vida.

—¿Has logrado por fin dilucidar qué encontramos en las cosas viejas que no nos ofrecen las nuevas?

—Sí. Básicamente es el futuro. Las nuevas están mucho más confundidas con el presente como para ver el futuro. El pasado tiene mucho más claro el futuro que el presente.

—En tu libro aparecen no solo objetos, sino también esas personas que le dan vida, que te conocen y saludan cuando paseas.

—Quizá para mí es lo más gratificante del Rastro: la vida, mucho más que encontrar cosas.

—Tierno Galván redujo las calles del Rastro y lo limitó al domingo. ¿La reforma ayudó a su conservación o le cambió el carácter?

—La reforma de Tierno confirmó algo que todos veíamos. Y es que España había cambiado y que era otra más pequeña, más próspera y más jovial.

—Entre los objetos curiosos que encontraste se encuentra un libro de Cernuda que te costó un euro.

—Era una primera edición de Cernuda. No he encontrado otras cosas más singulares. Una de las que yo más valoro es la primera edición de La Fontana de Oro de Pérez Galdós dedicada por Pérez Galdós de su puño y letra a su amigo, el carlista José María de Pereda.

—Dices que siempre buscamos aquello que ya hemos encontrado.

—Sí. El Rastro es una emoción muy rara, porque buscamos lo que no encontramos, nos llevamos lo que no necesitamos. Sin embargo, lo que encontramos al final es parte fundamental de nuestra vida.

—El Rastro, supongo, tendrá sus leyes no escritas de compra.

—Sí. Y hay que ser muy riguroso con esas leyes. Y no hay que saltárselas. Y son las leyes verdaderas. Son las no escritas, que son las de verdad, la de la palabra dada y la del honor.

—No te consideras bibliófilo, ¿pero el libro es el objeto que más valoras de este mercado?

—Es el que más he buscado. Los papeles, ¿no? Yo soy un hombre de papeles, de papeles viejos. Pero no es lo que más valoro. Más que los papeles, valoro la vida.

—Dices también que una de las razones por las que la gente se acerca a este lugar es para reencontrarse con su infancia.

—Sí. Porque tiene la sospecha de que aquello que perdió, la infancia, va a aparecer en cualquier momento. Y con ello, el enigma resuelto de su propia vida.

—Al igual que con la prensa escrita, ¿Internet es competencia para el Rastro?

—En cierto modo, sí. Pero Internet no es ni mucho menos la mitad del Rastro. En Internet, tú buscas. Tienes que buscar siempre, si no, no encuentras. En el Rastro encuentras aunque no busques.

—Poco se ha escrito del Rastro, salvo Gómez de la Serna. Poco se ha cantado, salvo Patxi Andión, Sabina y alguno más. ¿Por qué?

—No es exactamente así. Al Rastro lo ha cantado y lo ha filmado mucha gente. Lo que pasa es que queda un poco más solapado, como las propias casas del Rastro, que están un poco confusas. Pero sí se han hecho cosas estupendas. Podríamos tirar de sainetes, de zarzuelas. Olga Ramos tiene un cuplé estupendo. Hay más de lo que parece.

—El Rastro ha dado origen a dos palabras: barriobajero y rastrero. Pero con una lectura negativa.

—No siempre fue así. El origen de las dos palabras es al contrario. No tenían la significación inicua que hoy les damos. Al contrario, barriobajero y rastrero, en su origen, principios del siglo XIX, eran sinónimo de valentía y de desinterés, y de generosidad, y de heroísmo. Porque los principales soldados contra la afrancesada eran barriobajeros y rastreros.

—El Rastro es uno de los mercados ambulantes más antiguos del mundo. ¿Qué otro le hace competencia?

—En fama, sin duda, las Pulgas de París. Pero en carácter no creo que las Pulgas de París tenga el carácter y el sabor que tiene el nuestro.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

21 de abril de 2019

  • 21.4.19
La crisis económica de hace una década y las medidas que se adoptaron para combatirla, centradas en una fuerte restricción del gasto social, han trastocado, tal vez de manera definitiva, las expectativas no sólo de prosperar sino de mantener el estatus que disfrutaban determinadas clases sociales en España y otros países occidentales.



No nos estamos refiriendo a las clases trabajadoras y humildes de la población que ni causaron ni desencadenaron el colapso de los bancos –deuda privada–, pero fueron castigadas y empobrecidas de manera alevosa e injusta so pretexto de una austeridad a rajatabla para contener el gasto social –deuda pública–, que acabaría cebándose con ellas. Tampoco fueron las únicas víctimas.

También la clase media sufrió el efecto “castrante” de las tijeras, la precariedad y las reformas “estructurales” que han instalado la inseguridad en un estamento de población que confiaba en la estabilidad de sus condiciones económicas y sociales.

En rigor, todos los estratos sociales padecieron las consecuencias desastrosas, con más o menos intensidad, de la pasada crisis financiera, con la sola excepción del más acaudalado, el de los ricos. Únicamente la élite de los pudientes salió beneficiada de la crisis, puesto que se aprovechó de ella para mejorar sus condiciones, tanto en lo que respeta a las rentas como al tamaño del segmento.

A estas alturas, nadie discute que la crisis hizo más ricos a los ricos, permitiéndoles crecer en número y fortuna. Como también que desde la crisis no sólo hay más pobres, sino que, para colmo, se han empobrecido aún más. Todas estas repercusiones causadas a un extremo y otro de la escala social han sido objeto de análisis y reflexiones de manera exhaustiva por los expertos.

Sin embargo, no lo ha sido tanto en lo que concierne a la inmensa clase media, exprimida también sin miramientos, no sólo a causa de la propia crisis económica y la consiguiente pérdida de su capacidad adquisitiva, sino también por la inseguridad laboral y la pérdida de cualificación para el desempeño de unas profesiones y un trabajo que hasta entonces eran considerados completamente seguros y estables.

Eso es, precisamente, lo que ha evidenciado un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con el título de Bajo presión: clase media exprimida y publicado el pasado 10 de abril, que destaca el estancamiento en que se halla la clase media, la más amplia si no mayoritaria de la población, después de un período de progresivo declive y debilitamiento a lo largo de las últimas décadas.

La crisis económica de 2008 sólo fue la puntilla que ha deteriorado, de forma casi irremediable, sus condiciones de vida y su papel preponderante en la economía de cualquier país desarrollado. No debe olvidarse la importancia de la clase media para la estabilidad económica y el sostenimiento del consumo, pues actúa de tractor de la oferta y el mantenimiento del tejido productivo.

Pero el estancamiento de los salarios, que ha provocado un descenso de las rentas por hogar que imposibilita atender el aumento del coste de la vida por la inflación (vivienda, educación, sanidad, equipamientos, ocio, etc.), junto a la incertidumbre laboral de unos empleos cualificados que corren el riesgo de desaparecer debido a la automatización y las nuevas tecnologías, han hecho que la clase media pierda capacidad y peso económico, además de menguar como estamento social, ya que las nuevas generaciones encuentran dificultades para conseguir, a pesar de su preparación, empleos estables y salarios dignos que les posibilite engrosar el estatus social de sus padres.

Según el citado estudio, un hogar de cada dos de clase media, en 24 países de la OCDE, tiene actualmente dificultades económicas y no puede hacer frente a imprevistos. Ello explica que se produzca el descenso hacia una clase más baja en uno de cada siete hogares de clase media. Y que aparezca el temor en muchas familias de que los hijos vayan a vivir peor que sus padres.

Pero es que, aparte de las crecientes dificultades que encuentran los padres para costear los estudios superiores de sus hijos (másteres, desplazamientos, alquileres, becas reducidas o restringidas, etc.), éstos, además, aún completando su formación, tropiezan con enormes obstáculos para acceder al mercado laboral y hallar un empleo acorde con su cualificación académica y profesional.

Y lo que hallan, en la mayoría de los casos, son trabajos de bajos ingresos, de fuerte temporalidad y ajenos a su formación. Es decir, empleos con la misma precariedad que caracteriza al mercado laboral español. De ahí la elevada tasa de paro juvenil (más de un 40 por ciento del total) y la falta o caída de ingresos que les impide, no sólo mantener su condición de miembros de clase media, sino incluso emanciparse.

Tales factores económicos, junto a condiciones sociológicas, obstaculizan el futuro de los jóvenes y hacen inútil la educación como ascensor social (como no sea sólo para bajar) y como antídoto contra la desigualdad de oportunidades. Frenan, en suma, la movilidad social a causa de unas perspectivas de salida laboral tanto o más inciertas que las que amenazan al empleo de sus padres, antaño tan estables, seguros y racionalmente remunerados.

Por todo ello, los hijos de clase media se enfrentan a un futuro lleno de nubarrones. Tan negro como el del conjunto de los trabajadores que han sido víctimas de un mercado de trabajo que, con la excusa de la crisis, se ha acostumbrado a exigir condiciones laborales y salariales inadecuadas para hacer frente a los costes de la vida, y por los obstáculos que hallarán para seguir perteneciendo a la clase social de sus padres.

Con semejante panorama, no resulta extraño que la clase media venga menguando con cada generación, debido a las dificultades que tienen los hijos para permanecer en ella y por la progresiva pérdida de poder económico de sus padres para conservar el estatus social.

Ello explica, como una fotografía sociológica, el descontento, la falta de integración y la desafección que hacen posible los populismos y otros fenómenos de contestación social como el de los indignados, los “chalecos amarillos” y hasta el rebrote de la ultraderecha.

La única conclusión posible, que parezca razonable, es no cejar en el empeño de la formación, como la mejor herramienta que ofrece mayores posibilidades para escapar de los condicionamientos de origen, y luchar como colectivo, con las armas de la democracia, por el futuro que se merecen. No se me ocurre otra.

DANIEL GUERRERO

20 de abril de 2019

  • 20.4.19
Creo, tal como apuntaba en el artículo anterior, que Albert Einstein se sorprendería de los ascensos de los nuevos partidos de extrema derecha y que, con rasgos que presentan bastantes similitudes con los fascismos que precedieron a la Segunda Guerra mundial, se han extendido tanto por Europa como por el continente americano. No podría imaginarse que la historia se repitiera por su lado más lúgubre y que de nada hubieran servido las experiencias que llevaron a esa gran catástrofe.



Bien es cierto que, por el lado de la ciencia, comprobaría que sus postulados físicos se demostrarían empíricamente (aunque él no aceptara el principio de incertidumbre de Heisenberg), al tiempo que los avances de la humanidad en el campo del conocimiento habían logrado cotas verdaderamente sorprendentes.

De todos modos, a Einstein no solo le importaba la ciencia, tal como habíamos visto, sino que tenía unos sólidos principios muy próximos al socialismo, por lo que sus afirmaciones sobre esta nueva sociedad en la que soñaba estaban muy cercanas a los postulados que había expuesto Karl Marx en sus obras en el siglo XIX.

Así, términos como ‘capitalismo’, ‘oligarquía’, ‘trabajadores’, ‘medios de producción’, o ‘fuerza de trabajo’ aparecen con toda nitidez en su artículo publicado en la revista estadounidense Monthly Review. Veamos, pues, un párrafo en el que articula esos conceptos:

“En aras de la simplicidad, llamaré ‘trabajadores’ a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción, aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en el valor real”.

Uno de los conceptos que Karl Marx desarrolla en su obra El Capital es la tendencia que tienen a la concentración las empresas para formar monopolios. En la actualidad, por la globalización que se extiende a escala mundial, esta ley de concentración de capitales ha adquirido una dimensión no conocida en décadas precedentes. Así lo expresa Einstein:

“El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan a la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía de capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia, incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática”.

Esta concentración de los capitales tiene como objetivo la obtención del máximo de los beneficios, lo que conlleva a que la brecha entre las minoritarias clases propietarias y las extensas clases trabajadoras y de asalariados, a las que hay que sumar el “ejército de parados” que ya vaticinaba el gran científico alemán, aumente de manera alarmante.

“La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizando que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un ‘ejército de parados’, por lo que el trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo”.



No debemos olvidar que las propias democracias están estructuradas de modo que el poder político no pueda controlar el poder económico, de modo que la producción capitalista se mantenga sin que haya que acudir a los medios de coacción directos, que son los habituales en las dictaduras. Así pues, los distintos poderes -judicial, religioso, educativo, de comunicación, etc.- están organizados de modo que responden, fundamentalmente, a los intereses de las clases dominantes.

Sobre el poder judicial, Albert Einstein nos dice lo siguiente:

“Los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo, de hecho, no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población”.

Refiriéndose a los medios de comunicación, que tanta importancia han adquirido en la actualidad, apunta lo siguiente:

“Por otra parte, bajos las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos”.

No se olvida del poder ideológico que tienen las escuelas y los centros de enseñanza, por lo que no es de extrañar que los centros privados aumenten de manera considerable, al tiempo que los públicos vayan perdiendo relevancia y queden para ayudar a las clases menesterosas.

“Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura. Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales”.

Y es que la educación no es neutral, pues en ella se difunden unos valores u otros. Einstein sostiene que la finalidad de la educación debe estar orientada no solo al desarrollo personal sino también a finalidades colectivas.

“La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para con sus compañeros, en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se dan en nuestra sociedad actual”.

No se olvida este gran científico de que los avances tecnológicos, como resultado de los desarrollos que se producen en el campo de la ciencia, poseen un lado oscuro: generan mayor desempleo en amplios sectores de la población.

“El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización el capital que conduce a depresiones cada vez más severas”.

Quiero cerrar este breve recorrido por el pensamiento social de Einstein con una advertencia y unos interrogantes que se hacía este genio de la ciencia:

“Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo, ya que puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?”.

Pudiera parecer que las ideas socialistas de Albert Einstein están desfasadas, puesto que el neoliberalismo que se ha extendido por la mayor parte del planeta, siendo este la última y definitiva versión del capitalismo que ha venido a quedarse. Sin embargo, en el propio Estados Unidos, las voces del socialista Bernie Sanders, de la joven congresista Alexandria Ocasio-Cortez, miembro de Socialistas Democráticos de América, al igual que Maria Svart, tienen una gran fuerza en la primera potencia mundial. Y es que, a pesar del ascenso actual de los neofascismos, no todo el mundo sigue las directrices que marca ese personaje esperpéntico llamado Donad Trump.

AURELIANO SÁINZ

19 de abril de 2019

  • 19.4.19
En los últimos años, Francia se ha acostumbrado a ser un foco de sustos de diferente naturaleza. Por suerte, esta vez no hemos tenido que lamentar la existencia de víctimas mortales. Notre-Dame es un símbolo francés, así como del imaginario europeo. Muchos occidentales se han volcado en redes sociales e, incluso, han donado dinero para su reparación. Todo estupendo.



Ahora bien, hay desastres mucho más graves en otros lugares del mundo que no tienen la misma repercusión. No vamos a entrar en moralinas pueriles sobre si es correcto o moral que un español se preocupe más de lo que ocurra en Australia que en Nigeria. Pero sí nos llama más la atención el hecho de que la globalización tenga unos límites tan evidentes.

La globalización se ha abierto paso como proceso natural y necesario del sistema capitalista. La libre circulación de personas —o lo que es lo mismo, tener un mercado laboral más amplio por parte de los dueños del Capital—, sumado a la hipercompetitividad impuesta por la supresión o reducción de aranceles —con las evidentes ventajas para los países con menos gastos laborales, o sea, con peores condiciones para sus trabajadores—, han impuesto un nuevo modelo de vida.

Este modelo de vida, facilitado por las mejoras en las tecnologías de telecomunicaciones y transporte, se sustenta en el aumento de las relaciones líquidas, como predijo Zigmunt Bauman, en la incertidumbre y en otros efectos negativos. Sin embargo, a pesar de que el Capital ya es global, todavía las mentalidades no lo son.

Si mañana hubiera una avalancha en la Meca y murieran cientos de personas, lo más probable es que nos enteráramos en cuestión de minutos. Sin embargo, un atentado terrorista con un par de fallecidos en Francia nos afectaría muchísimo más.

Pero vamos más allá. El país más orgulloso de su sistema económico capitalista, Estados Unidos, está en debate por el convencimiento de parte de su población de que es necesario poner muros físicos a emigrantes y ampliar los muros económicos, los aranceles, a sus competidores.

Sacamos de estos ejemplos dos conclusiones lógicas. La primera es que la globalización puede afectar a la concepción del mundo, pero tiene influencia limitada en la conformación de la identidad, por muy difusa que esta sea. La segunda, que la globalización es un arma de doble filo: aporta grandes beneficios, sin duda, pero está llevando al límite al sistema capitalista, que en su versión más liberal es incompatible, ya no solo con la vida —que es lo que menos les importa a quienes nos gobiernan—, sino con la propia sostenibilidad del sistema político-social.

Si se mantiene la versión de que el incendio de la Catedral de Notre-Dame ha sido un accidente, quedará como una mera anécdota. Sin embargo, en un momento en el que nos toca repensar sobre nuestra realidad y el proyecto de futuro de Occidente, este incendio nos da la oportunidad de reflexionar.

RAFAEL SOTO

18 de abril de 2019

  • 18.4.19
La carretera autonómica A-386 se ha cobrado hoy la vida de una joven santaellana de 24 años que, poco antes de las 7.30 de la mañana, se ha visto envuelta en un accidente de tráfico registrado en el punto kilométrico 26,500 de esta vía que conecta los municipios de La Rambla, Montalbán y Santaella con la autovía Sevilla-Córdoba (A-4).



Tal y como han precisado a Andalucía Digital fuentes próximas a la investigación, el siniestro ha tenido lugar cuando uno de los dos vehículos implicados –una furgoneta de una empresa rambleña de catering y un turismo marca Seat Ibiza– ha invadido el carril contrario en un punto próximo a una curva y en el que la calzada estaba mojada como consecuencia de la lluvia que se registraba en esos momentos.

Como consecuencia del violento choque frontolateral, la conductora del Seat Ibiza, una joven santaellana de 24 años, ha perdido la vida, mientras que el conductor de la furgoneta ha resultado ileso. Junto a los servicios sanitarios y a una dotación del Parque de Bomberos de Montilla, se han desplazado hasta el lugar de los hechos agentes de la Guardia Civil, que han debido habilitar desvíos alternativos para los vehículos que circulaban por la A-386 dado que los dos automóviles accidentados habían quedado sobre la carretera obstaculizando uno de los carriles.

En declaraciones a este periódico, el alcalde de Santaella, José Álvarez Rivas, ha mostrado su "consternación" por lo sucedido y ha transmitido, en nombre de toda la Corporación municipal, el pésame del Ayuntamiento de Santaella. "Acompañamos en el sentimiento especialmente a esa madre que, no hace mucho, también perdió a su marido en otro accidente de tráfico", ha afirmado el primer edil santaellano.



El pasado mes de febrero, y a instancias del Grupo Municipal de Izquierda Unida, el Ayuntamiento de La Rambla, junto a otros consistorios de la comarca, reclamaron a la Junta de Andalucía una "solución urgente" para una carretera que "en un corto lapso de tiempo" ha contabilizado hasta once accidentes mortales.

De hecho, la delegada de Fomento, Infraestructuras, Ordenación del Territorio, Cultura y Patrimonio Histórico en Córdoba, Cristina Casanueva, visitó a finales de febrero la localidad de La Rambla para conocer de cerca las reivindicaciones que los ayuntamientos de la zona expusieron en una moción con el objetivo de "poner freno" a los numerosos siniestros que se registran en esta vía.

"Estamos muy concienciados en materia de seguridad vial y, si bien este cruce cumple la normativa en todos los aspectos y se han desarrollado medidas en los últimos años para evitar problemas, son continuos los accidentes en la zona", reconoció la delegada de Fomento, quien señaló que la Delegación ha iniciado "con medios propios" –a la espera de la aprobación de los Presupuestos de la Junta de Andalucía– un estudio previo de las alternativas que se pueden ejecutar, entre las que se plantea "una rotonda cerrada que evite ese cruce".



Una medida que, como recordó el alcalde de La Rambla, Alfonso Osuna, supondría una importante mejora de cara a acabar con el principal punto negro de una carretera que ha registrado en los últimos años hasta once víctimas mortales, además de numerosos heridos de diversa consideración.

En este sentido, el Ayuntamiento de La Rambla apuntó que desde su inauguración en el año 1999, la Junta de Andalucía y la Dirección General de Tráfico (DGT) han adoptado "ciertas medidas correctoras de señalización" para limitar la velocidad en esta carretera que, sin embargo, sigue contabilizando numerosos accidentes tanto en el cruce con la CO-3303 (punto kilométrico 22), como en las cercanías con la A-4 y A-45.

Por todo ello, el Consistorio aprobó recientemente una moción para reclamar, una vez más, una "solución urgente" para la carretera A-386 a través de la puesta en marcha de medidas como la eliminación del actual cruce con la CO-3303 a través de una nueva infraestructura de paso, o la instalación de un sistema de control de velocidad.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍAS: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

  • 18.4.19
La carretera A-386, que conecta los municipios de La Rambla, Santaella y Montalbán con las autovías Sevilla-Córdoba (A-4) y Córdoba-Málaga (A-45), así como con la carretera provincial CO-3303, se ha cobrado una nueva víctima mortal en el choque frontolateral registrado a primera hora de esta mañana entre dos vehículos en el punto kilométrico 26,3 de la citada vía.


El siniestro, registrado poco después de las 7.20 de la mañana, se produjo cuando dos vehículos, por causas que se desconocen, chocaron de manera frontolateral. Como consecuencia del impacto, según han informado Bomberos de Montilla a Baena Digital, una de las personas implicadas en el accidente ha perdido la vida, mientras que otra ha resultado herida .

Junto a los servicios sanitarios y Bomberos de Montilla, agentes de la Guardia Civil se han desplazado hasta el lugar de los hechos, donde ha sido necesario habilitar desvíos alternativos dado que los vehículos accidentados han quedado sobre la carretera.

Precisamente, tras el último accidente mortal registrado en esta vía el pasado mes de febrero, el Ayuntamiento de La Rambla y otros consistorios de la comarca han reclamado una "solución urgente" para una carretera que en un "corto lapso de tiempo" se han contabilizado hasta once accidentes mortales.

I. TÉLLEZ / REDACCIÓN

17 de abril de 2019

  • 17.4.19
La Confederación Andaluza de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado por la Educación Pública (CODAPA) ha exigido al Gobierno andaluz que dote de "financiación suficiente" la futura ley de bioclimatización de los centros educativos "para hacerla una realidad más allá del papel".



El colectivo, que aglutina más de 2.700 asociaciones de madres y padres andaluzas, celebra la decisión de dar luz verde a esta iniciativa impulsada por Adelante Andalucía e insta al Gobierno andaluz a "rectificar" para no incluir en el plan los 600 colegios privados concertados de la comunidad, "ciñéndose así a lo aprobado por mayoría parlamentaria en la pasada Legislatura".

La CODAPA lamenta que se pretenda dar cobertura a todos los centros “sostenidos con fondos públicos”, tal y como anunció el pasado 9 de abril el portavoz del Ejecutivo andaluz, Elías Bendodo. Este matiz introducido por el nuevo Gobierno supone, a juicio de la entidad, "incluir a los privados concertados de la comunidad, cuando apenas se ha comenzado a adecuar los centros públicos" y el trabajo por delante en esta materia “es enorme y el presupuesto destinado, exiguo”, advierte el movimiento de AMPA, totalmente en desacuerdo con que se financie con fondos públicos la climatización de instalaciones privadas.

Las familias de la escuela pública recuerdan, además, que “el proyecto de ley que recibió el visto bueno de la mayoría parlamentaria durante la anterior legislatura se limitaba exclusivamente a los más de 6.000 centros educativos públicos existentes en Andalucía”, recuerda la Confederación.

“Al margen de este aspecto, que esperamos se corrija, aplaudimos que salga adelante esta ley porque ha sido una lucha de Escuelas de Calor, de las AMPA de Sevilla y Córdoba, de las federaciones provinciales y de la Confederación andaluza, que en los últimos años hemos denunciado las pésimas condiciones en las que el profesorado y el alumnado impartían y recibían sus clases por exceso de calor o de frío, y hemos reivindicado reiteradamente poner fin a este problema”, sostiene la CODAPA.

La futura normativa propone el uso de técnicas bioclimáticas y de energías renovables para propiciar un ambiente confortable y saludable en las aulas. La proposición de Ley también tiene como finalidad limitar el gasto energético en electricidad y combustibles fósiles y reducir la emisión de gases de efecto invernadero, contribuyendo así a la lucha contra el cambio climático, un asunto especialmente importante para la Confederación.

“Es vital luchar desde todos los ámbitos posibles para impedir que se cumplan las previsiones de la comunidad científica, que pronostican que Andalucía será un desierto en 30 años”, alerta el movimiento provincial de AMPA. “Si no se pone remedio, la emergencia alimentaria y escasez de agua provocará un movimiento migratorio sin precedentes de la población. Las previsiones contemplan que antes de fin de siglo, el 80 por ciento de España será como el Sáhara”, advierte.

Hasta ahora el alumnado “ha dado una lección de concienciación, abanderando con sus protestas la lucha contra el cambio climático a través del movimiento Fridays for Future”, un ejemplo que la CODAPA anima a seguir por toda la comunidad educativa, al tiempo que alienta a dar un paso al frente en esta materia a las instituciones, en cuya mano está mejorar la eficiencia energética de los edificios públicos así como impulsar normativas para tratar de reducir en lo posible el impacto medioambiental, concluye.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

16 de abril de 2019

  • 16.4.19
Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y las 169 metas de la Agenda 2030 demuestran la magnitud de esta ambiciosa nueva Agenda universal y estimulan para los próximos 11 años a la acción en temas de importancia crítica para la humanidad y para el planeta y, en particular, para el lugar donde vivimos: nuestros territorios.



En relación a las personas, la Agenda propone el fin de la pobreza y el hambre en todas sus formas y dimensiones y velar para que todos los seres humanos puedan realizar su potencial con dignidad e igualdad y en un medio ambiente saludable.

Con el planeta se establece un pacto de protección contra la degradación, con un consumo y una producción sostenibles, una gestión responsable de los recursos naturales y medidas urgentes para hacer frente al cambio climático, de modo que puedan satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras.

A la prosperidad la Agenda le concede la importancia de velar por que todos los seres humanos puedan disfrutar de una vida prospera y plena y por que el progreso económico, social y tecnológico se produzca en armonía con la naturaleza.

Establecen los objetivos que los estados miembros de la ONU están decididos a propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas, que estén libres del terror y de la violencia, pues no hay desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible.

Finalizando el quinto tripe de la Agenda, las alianzas establecen la necesidad de movilizar los medios necesarios para implementar los ODS mediante una alianza mundial para el desarrollo sostenible. Es importante destacar que los 17 objetivos tienen un vínculo entre ellos y si conseguimos lo que se ambiciona en cada uno de los aspectos de la Agenda, mejorarán notablemente las condiciones de vida de todas las personas y nuestro mundo se transformará en un lugar mejor.

Las metas y los indicadores que se establecen en la Agenda 2030 son realizados y recolectados en los barrios, en las comunidades, villas, municipios... en el lugar donde viven las personas el día a día. Es aquí donde es importante realizar la localización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Para poder comprometernos con lo establecido en los ODS es importante conocer cada uno de ellos para poder empoderar a los lectores de esta nueva agenda universal y su impacto en nuestros territorios, nuestras ciudades, nuestros pueblos y nuestros barrios. Nuevos paradigmas, nuevos comportamientos, nuevas acciones y formas de vivir de los ciudadanos que serán necesarios para el cumplimiento de las metas, de ahí que precisemos prepararnos para ello.

SANTIAGO MARTÍN GALLO
  • 16.4.19
El Palacio de Orive acogió ayer el acto de presentación de la XXXVI Cata del Vino Montilla-Moriles, encuentro que se celebrará del 24 al 28 de abril en el Palacio de la Merced, sede de la Diputación de Córdoba. En esta ocasión, junto a las actividades propias de la cata, los productos de la DOP cordobesa centrarán una semana de actividades que darán comienzo al Mayo Festivo Cordobés.


Para el máximo responsable de la institución provincial, Antonio Ruiz, esta iniciativa se presenta como un referente consolidado, no sólo en la promoción de los vinos de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, sino también de la provincia de Córdoba.

En este sentido, Ruiz destacó que, junto a las habituales catas dirigidas y propuestas de marcado acento promocional, se ha diseñado un programa de actividades en el que se celebrará "propuestas íntimamente ligadas con los vinos y vinagres de la zona "bajo el marco de la Semana del Vino Montilla-Moriles.

"Pese a que el principal objetivo de esta Cata es la promoción de los vinos acogidos bajo el paraguas de la Denominación de Origen Protegida, se debe centrar el interés en posicionar Montilla-Moriles como marca referente de la provincia, atendiendo a consumidores y al sector de la restauración", destacó Ruiz.

Además, el presidente de la Diputación de Córdoba resaltó que el Mayo Festivo cordobés da comienzo con un producto que es "bandera de nuestra provincia y protagonista de nuestra gastronomía, con unos vinos que son cada vez más conocidos y apreciados, habiéndose convertido en una de las principales tarjetas de presentación de la marca Córdoba".

"Los vinos Montilla-Moriles se presentan como un elemento en torno al cual gira una cultura fuertemente arraigada en nuestro territorio y que genera una importante actividad económica, cultural y social", remarcó Ruiz, quien subrayó la necesidad de divulgar el trabajo de los más de 2.000 agricultores vinculados al sector vitivinícola cordobés a través de herramientas como la Cata "que genera un importante impacto económico para Córdoba, en lo económico y en lo social".

Por su parte, el presidente del Consejo Regulador de la DOP Montilla-Moriles, Javier Martín, puso de manifiesto que, en esta ocasión, la Cata le hará un guiño al Año Jubilar en torno a San Juan de Ávila que vivirá Montilla, como una apuesta por potenciar el turismo religioso en toda la comarca.

Asimismo, según adelantó Martín, se dedicará la copa a la celebración del 25 aniversario del reconocimiento del casco histórico de la capital cordobesa como Patrimonio de la Humanidad. "El programa de actividades, más escueto que en años anteriores, contempla además la entrega de los Premios Vinavin o la presentación de la Guía de los Patios", concluyó el presidente del Consejo Regulador.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

15 de abril de 2019

  • 15.4.19
Violinista y escritora hispanochilena, Isabel Mellado reside entre Granada y Berlín. Su libro de relatos El perro que comía silencio (2011) tuvo una excelente acogida entre los lectores y la crítica especializada, y ya lleva tres ediciones. Vibrato es su primera novela, un relato sensorial que acompaña al lector por el laberinto del oído. Pero también es una historia de hermandad, desarraigo y crecimiento.



Compuesta en tres movimientos, se adentra en los entresijos de la profesión y en las dificultades de amar a alguien en otro país y en otro idioma. Gracias a la beca Karajan se instaló hace 27 años en Berlín para completar sus estudios con el concertino de la Orquesta Filarmónica. Sus cuentos aparecen en antologías de Chile, España, México y Alemania.

—Apareces en la portada de tu libro. Quien iba a salir no te gustó. ¿Qué expresión debe tener una violinista que quienes la vemos desde fuera no vemos?

—Sí. Bueno, yo creo que hay tantas expresiones de violinistas como de cualquier otra expresión. La de la portada me interesaba especialmente que se notara que su mejor voz era el violín. El violín es una máscara que, en este caso, refleja como una máscara griega o una máscara de teatro. La tragedia y la comedia es simultánea. Ella está escondida detrás de esta máscara.

—Escribes en tu libro que vibrato es una hermosa inexactitud en la exactitud de la música, un camuflaje de la desinformación. ¿Eso es tu novela?

—Digamos que las circunstancias de la protagonista y de su hermano son bastante terribles. Comienza en una dictadura y en una familia disfuncional, donde hay mucho miedo. Y dentro de esto, el contrapunto de que vibrato sea un temblor voluntario, que produce belleza y que sea como la protección que te pueda proporcionar el arte, era muy importante dentro del libro.

—¿Cuánto de autobiografía hay en tu libro?

—La novela es totalmente autobiográfica. La música que aparece en la novela, el instrumento y los países son reales. Ahora hay mucha creación también porque para mí la literatura es creación. No es mi vida tan interesante como para que solamente me quedara con mi vida. Yo quiero vivir otras vidas. Hay mucho robo de experiencias ajenas.

—Escribes y haces música. No sé si un día será incompatible. Tú dices: “Dejar de hacer música es una herida de la que no se sana”.

—Eso es absolutamente así. Yo también, cuando escribo, intento un poco hacer música con el ritmo. En este caso, también la temática. Yo no me podría sanar de esa herida. Creo que sí puedo compatibilizar las dos cosas. Tienen tanto en común. Las dos cosas se hacen con el oído, ¿no?

—Los músicos no suelen buscar pareja con otros músicos. Salvo en las orquestas juveniles. Ahora entiendo el aforismo: “Con la música a otra parte”.

—Jaja. Sí. Bueno, hay de todo un poco. Yo creo que en este caso no es tampoco distinto a otras profesiones. Hay tanta gente que se relaciona con otros músicos porque solamente ellos pueden comprender esa obsesión y tienen que estar siempre en ese mundo, que también es muy grande. Y otra gente que sí necesita de otras materias. Yo me alegro de cara a mi hijo y de cara a cada persona que conozco que hace algo distinto a la música. Con todo lo que yo amo la música, necesito enterarme de otras cosas del mundo. Tengo demasiada curiosidad como para quedarme con solo amigos músicos.

—Llegaste a Alemania el 30 de diciembre de 1989, dos meses después de que cayera el Muro. El Año Nuevo lo pasaste en un puente con los policías de los dos lados. El Año Nuevo más feliz de tu vida.

—Sí. Eso fue increíble. Estaba tocando con una orquesta de gente que era como de treinta países, una orquesta juvenil, habíamos hecho una gira maravillosa por la Unión Soviética, que ya no era la Unión Soviética. Y fue absolutamente conmovedor eso. Gente que habían estado vigilando el intercambio de espías en el puente, de golpe estos mismos policías tocando, primero como haciendo una guerra de poder entre ellos, y después abrazándose. Yo siempre había pasado Año Nuevo estudiando para los exámenes de violín, que eran a comienzos de enero. Y esta vez, algo tan asombroso y tan importante. el Muro de Berlín y poder presenciarlo de esa manera musical.

—Ahora repartes tu tiempo entre Granada y Berlín. ¿Necesitas la luz como latina que eres?

—Absolutamente. Yo estuve más o menos 17 años solo en Alemania y yo soñaba con la luz. Yo tenía una necesidad profunda de luz y del idioma también. Realmente, yo soñaba ya en alemán. Y pensaba que eso no podía ser. Yo pienso que las obsesiones tienen que ser en el idioma materno en lo posible. Sí. La luz y el idioma.

—La novela se subtitula “La música y el resto en 99 compases”. Una novela estructurada como si fuera una obra musical.

—Yo quería hacer un contrapunto de muchas voces. No solamente la voz de la protagonista y, como te decía, siendo el sonido en el fondo el personaje principal, el sonido, el ruido, el silencio, distintos tipos de sonido, por lo que no es una novela solo para un músico. Y era importante mostrar que estos pequeños eslabones, que son los compases, que son cosas tan pequeñas. La protagonista estudia con su hermano para lograr la perfección en algo que termina siendo grande. Pero es un homenaje a lo pequeño. En lo pequeño hace este concierto.

—No hay muchas novelas sobre la música contadas desde dentro, desacralizándolas. Por eso muestras una visión distinta del mundo de la música, con sus sombras y sus luces.

—Sí. La disciplina de una orquesta es algo muy interesante porque se pueden usar metáforas de muchas cosas. O sea, yo no conozco otro trabajo donde se haga con 40 personas en un mismo espacio. Es realmente como estar comiendo con el colega el mismo plato de sopa o estuvieses compartiendo el computador. Y estamos en las buenas y en las malas. Y a veces podemos odiarnos pero, cuando salimos al escenario, estamos por una causa. Somos un pequeño país, sin lugar a dudas.

—Cuando escribes, lo haces en solitario. Puedes vivir una doble o triple vida. En música, sin embargo, eso no ocurre. Es colectivo.

—Es colectivo. Y es interesante que en el ejercicio de la música es urgente, yo voy atravesando muchos siglos. Estamos tocando algo de Bach. Y después estamos tocando algo contemporáneo. Eso es muy interesante. En la escritura, yo no estoy escribiendo en un estilo barroco y después en un estilo contemporáneo y dodecafónico, etcétera. Eso es muy interesante en el mundo del músico. A veces parece que los músicos fuésemos personas muy cerradas a la actualidad. No lo somos. Lo que pasa además es que abarcamos como un periodo que no solo es nuestro.

—Dices de tu novela que es existencial y sibarita, con instantes musicales. Pero, sobre todo, que es una oda al oído.

—Me preocupa a veces esa interpretación que se pueda dar a la novela, que llame mucho la atención el hecho de que yo sea músico, que en la novela se hable de música, porque no quisiera restringir el campo de lectores, que piensan que es una novela para quien le gusta la música clásica. Para cualquier persona que escuche, que tenga curiosidad por el oído, porque también hablo de otros tipos de música, incluso esa visión, no de la protagonista, sino del esposo, crítico musical, desacralizando este mundo de la música, porque los músicos son muy desclasados. Ellos van pasando por muchos estadios. Entonces, no solamente es el mundo de la música, es más bien el sonido. También los sentidos.

—Me gusta cuando afirmas que no escribes ni poesía ni prosa, sino que escribes con el oído, buscando que lo que dices suene bien.

—Para mí es muy importante el ritmo. Yo no sé de dónde viene. Siempre me preguntan por las influencias. Yo no sé si es familiar o me viene de las partituras, porque son muchos años, claro, rodeada de partituras. Entonces busco una cadencia, un ritmo o incluso un corte de ese ritmo. Yo, cuando leo, leo en mi cabeza y escucho las palabras. Entonces creo que es muy importante, es inmaterial. Si yo hiciera un traje, a mí me gustaría que tanto el corte del traje como el material del que he hecho el traje sean óptimos.

—Escribes con seis sentidos. Los habituales y el humor.

—Yo creo que es muy importante el sentido del humor porque para mí es un arte más y nos abre muchas cosas. No solamente de lo terrible, sino que también de la grandilocuencia. Para mí, el humor es poder ver a veces un poquito más lejos.

—Siempre llevas contigo un poema enmarcado de Jorge Teillier que te dedicó cuando eras niña. ¿Una especie de amuleto?

—No solo de amuleto, sino que también fue una especie de premonición, es un oráculo. Este poema escrito hace tanto tiempo habla de la caída de un muro, que puede ser perfectamente el Muro de Berlín. Habla de un barco de velas, haciendo ya una premonición de todos los viajes que iba a tener deseándome este buen final.

Hay algo en este poema que, aunque es muy simple, es el único poema escrito en rima de este hombre, y además es un poema muy alegre, tiene algo que es como un movimiento lento de mar, tiene algo de melancólico y tan bello, y con un final probablemente feliz. Probablemente.

—Lo que más te gusta de Berlín es su silencio y su carácter recio. El chileno, en cierto modo, es así también.

—Sí. El chileno es bastante introvertido. Bueno, si se puede generalizar, digo que sí. Pero también me gusta eso de que tiene algo introvertido y bastante mundo interior, por decirlo así. Eso me gusta. Que hay algo de escarbar. Hay un misterio ahí. Bueno, también una especie de tormento. Son más atormentados de temperamento que los españoles. O sea, yo nunca me imaginaría a mi madre bailando sevillanas feliz. No. Somos más melancólicos. También tenemos la puntualidad metida en los huesos. Yo no sé si será porque soy músico. Un músico no puede llegar tarde. Sí hay una conexión. Sobre todo cultural.

—No me interesa el estado civil de nadie. Pero sí me interesa tu respuesta. Porque dices que eres soltera en clave de sol.

—Jaja. No. Ya no soy soltera en clave de sol. Sigo en clave de sol pero ya no soy soltera. Casada tampoco. Estoy bien acompañada en todas las claves posibles.

—Tomas anotaciones para otra novela, que presumes será corta. ¿Sabes ya de qué irá?

—Sí. La novela que escribí es una novela de desarrollo. Estoy contando toda mi vida. Incluso llegando al extremo. Estoy contando el momento de nacer. Estoy contando desde el kilómetro cero de esta persona. Va a ser una novela que probablemente va a ocurrir en el lapso de una semana y eso es ya como una estructura el tiempo en que va a ocurrir.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: GONZALO RECIO

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