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19 de marzo de 2017

  • 19.3.17
La tarde rompía el silencio de la ciudad desde las primeras horas del mediodía. Los sones del tambor volvieron a marcar el compás de los miles de baenenses que durante varios días han ultimado los preparativos para que en esta noche mágica fuese capaz de aguantar hasta que los primeros rayos de luz destellasen sobre el metal del fondo. Era la víspera de San José, la noche por excelencia del tambor, la noche en que Baena no duerme.

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Al coincidir esta edición con el fin de semana –la fiesta local se trasladará al 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Guadalupe–, muchos baenenses que se encuentran trabajando fuera de la localidad han vuelto unos días para disfrutar de los días que preludian la Semana Grande y hacer sonar sus cajas hasta bien entrada la madrugada.

Grandes candelas en diferentes barrios de la ciudad festejaron la noche del tambor, que con viejas maderas y ramón de olivo que los mozos de la localidad han estado amontonando durante días han sido pasto de las llamas en esa noche mágica, donde el vino y el tambor se mezclaron entre el gentío, que con un incesante ir y venir de personas que llenaron las calles para vivir una de las fiestas más esperadas.

Los talleres artesanos de este elemento tan singular en la Semana Santa baenense han sido un hervidero de hombres y mujeres en busca de algún parche, anilla o cordel para terminar de dar el último apretón a su tambor. Todo debía estar a punto. Esta noche no tenía hora, ni lugar e itinerario a seguir. A primeras horas de la tarde, más temprano que de costumbre, los primeros sones del tambor comenzaron a inundar la ciudad. Poco a poco se fueron apoderando de Baena, haciéndola vibrar desde sus entrañas. El tambor no tenía color, ni distinción de cuadrillas. El tambor se hizo unidad para conmemorar el inicio de lo que serán los días grandes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Mayores y pequeños pusieron sus cinco sentidos para hacer latir el corazón de sus tambores, que durante toda la noche no dejaron de sonar. Cientos de baenenses inundaron sus calles para festejar la víspera de San José y así cumplir con la tradición ancestral que nos legaron nuestros mayores.

Fieles a la tradición, los tambores recorrieron de manera incesante las grandes candelas, aunque cada vez son más escasas pero aun se siguen conservando en algunos barrios donde los vecinos del lugar intentan rememorar viejos tiempos y preparan con gran entusiasmo el “pelele” que sería quemado en la hoguera realizada en honor el patrón de los carpinteros. Grandes y pequeños convivieron en torno a las llamas donde se compartió en esa noche la comida mezclada con alguna que otra copa de vino fino de la tierra. Viejos enseres, palos o cualquier cosa que pudiese ser echada a la hoguera alimentaron el fuego, que estuvo encendido hasta altas horas de la madrugada.

Ya en el día de hoy el gremio de carpinteros celebrará su onomástica con una eucaristía en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe que estará presidida por Jesús Joaquín Corredor, consiliario de la hermandad. Tras la ceremonia tendrá lugar la procesión con la imagen de San José por el recorrido de costumbre, estando acompañada por la Banda de Cornetas y Tambores "La Unión", que una vez más será quien ponga la nota musical a este día.

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REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

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