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José Antonio Hernández | Volver a empezar

Es posible que uno de los mayores beneficios que nos proporciona la celebración cíclica de un nuevo año sea el de advertirnos machaconamente un hecho que, a pesar de su evidencia, nos pasa desapercibido a la mayoría de los mortales: que todos los tiempos que empiezan se acaban y que todas las realidades humanas tienen límites inaplazables.


Para valorar nuestras cosas, sobre todo, las más importantes, es necesario que, previamente, hayamos experimentado su carencia o que, al menos, tengamos conciencia de que, irremisiblemente, las vamos a perder.

Paradójicamente, el conocimiento de los límites y de los finales proporciona unos alicientes halagüeños a los contenidos, y a nosotros nos estimula para que aprovechemos las oportunidades que la vida nos proporciona; nos anima para que disfrutemos de los momentos de bienestar que, aunque sean esencialmente efímeros, si no empeñamos, podemos lograr que sean intensos y confortables.

BODEGAS ROBLES - VINOS COMPROMETIDOS CON SU TIERRA

Todos tenemos experiencias de que saboreamos mejor las comidas cuando hemos sentido hambre y de que un vaso de agua fresca nos sabe a gloria bendita cuando, tras una larga caminata bajo el sol inclemente del mes de agosto, experimentamos una ardiente sed.

Es lamentable que no comprendamos plenamente la importancia de una madre, de un amigo o de un compañero, hasta que -siempre demasiado tarde- calibramos las enormes dimensiones del irrellenable hueco que nos ha dejado con su fallecimiento. Recuerda, una vez más –querida amiga, querido amigo– aquello que tanto repetimos: “la vida realmente empieza hoy… y, además, tenemos toda la vida por delante”.

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO

AYUNTAMIENTO DE MONTILLA · EL ORIGEN DE LA NAVIDAD