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Aureliano Sáinz | Familias con hijas

En este año que comienza aparecerá el libro El dibujo de la familia, que lleva por subtítulo Radiografía de las emociones en el seno familiar, resultado de muchos años de investigación y artículos publicados acerca de cómo los niños y adolescentes entienden a sus propias familias. Son muy diversas las modalidades familiares que abordo en este trabajo, por lo que, en esta ocasión, quisiera comentar la de las familias que tienen solo hijas, debido a los específicos rasgos emocionales que se desarrollan en ellas.


Habría que comenzar indicando que algo que ha caracterizado las relaciones femeninas es el hecho de que las expresiones afectivas son más expresivas que en las de los varones. Esto no quiere decir que no puedan aparecer entre ellas situaciones de celos y rivalidad, dado que los sentimientos positivos y negativos, en mayor o menor medida, conviven en todos los seres humanos, al igual que conviene apuntar que los valores y estereotipos irán moldeando sus emociones y sus expresiones, según sean sus capacidades de aceptar o de cuestionar los roles socialmente establecidos.

Bien es cierto que las sociedades van modificándose, que no son estáticas, como algunos tienden a pensar añorando tiempos pasados en los que se creía ser más felices. Inevitablemente, con el paso del tiempo se producen transformaciones y cambios de unas generaciones a otras, ya que las ideas influyen tanto en el conjunto de la sociedad como en los valores que configuran a las familias como grupos básicos de la misma.

Por otro lado, no debemos olvidar que la incorporación amplia de la mujer al trabajo asalariado ha transformado las relaciones de pareja y, en consecuencia, las formas familiares. De ello se deriva que las expectativas hacia las hijas, en buena medida, ahora se equiparan a las que se dan hacia los hijos.

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A partir de lo indicado cabe hacerse las siguientes preguntas: ¿qué particularidad tiene el que haya familias solo con hijas? ¿No sucede lo mismo en familias con hijos varones? ¿Existen las mismas expectativas hacia ambos géneros o siguen diferenciándose?

Las familias pueden ser similares cuando tienen el mismo número de miembros; no obstante, todavía existen diferencias en lo que respecta a las expectativas de los padres con respecto a los géneros, ya que, a pesar de los avances hacia el trato igualitario, el peso de la tradición pervive, de modo que en el desarrollo cognitivo y emocional de hijos e hijas surgen diferencias, puesto que los valores y los estereotipos se transmiten de unas generaciones a otras.

No obstante, un hecho favorable en esos cambios sociales se encuentra en que, actualmente, los padres jóvenes no están tan obsesionados en tener descendencia con hijos varones, como sucedía en generaciones precedentes, por lo que aquellos que tienen hijas viven con felicidad y alegría el contacto con ellas, sintiéndose orgullosos de su paternidad.

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Cierto que los valores sociales imperantes dan lugar a que se sientan más inquietos por sus hijas cuando empiezan a crecer y a hacerse más autónomas en la adolescencia, inquietud que no la viven de igual modo cuando los hijos son varones, pues consideran que están más preparados para afrontar los retos de un mundo altamente agresivo y competitivo en el que las emociones positivas no están tan consideradas como los valores que se han considerado patrimonio de la masculinidad: seguridad, fuerza, agresividad, aventura, riesgo o dureza.

Para esta modalidad familiar que ahora abordamos, he seleccionado tres dibujos que sirven como ejemplos de lo que acabo de comentar. Así, en el de la portada, la autora, una niña de 10 años, se dibuja con sus padres, pero incorpora otros dos miembros como son su tía y su prima, a la que curiosamente ha puesto sobrina, tomando como referencia a sus propios padres. De algún modo, con la presencia de esos otros miembros a la familia nuclear refuerza la componente femenina del grupo representado.


Tempranamente aparecen los gustos femeninos en los dibujos que realizan las niñas. Es lo que acontece con la autora de este trabajo, de 6 años, que ha trazado un sol animista con rayos que terminan en forma de espirales (esto sería extraño que lo hiciera un niño). Con respecto al trazado de las figuras, conviene apuntar que comienza por la figura de su hermana pequeña, lo que es manifestación del cariño que muestra y siente por ella, hecho que queda reforzado por su propia figura muy cercana a la suya.

Algo más distanciados de ellas se encuentran sus padres, como expresión de que ellos tienen su propio mundo. De todos modos, el carácter alegre de la escena es claro indicio de que la niña se siente muy feliz con los cuatro miembros que forman su hogar.


En el dibujo que acabamos de ver, el orden de aparición de los personajes se invierte con respecto al precedente, ya que su autora, de 8 años, comienza por el padre; le sigue la figura de la madre; continúa con su hermana mayor y acaba con ella misma. La diferencia estriba en que ella es, por un lado, la pequeña del grupo y, por otro, el claro sentido del humor con el que ha construido la escena, ya que ha puesto la palabra ‘family’ repartida en sus camisetas, lo que es manifestación de la alegría que siente en el seno de su familia.

Esta emoción queda reforzada por los siguientes elementos: las amplias sonrisas que les ha trazado a los cuatro miembros; los colores vivos y luminosos empleados y la imagen de una mariposa que vuela entre las hermanas. Todo ello como expresión de la unión afectiva que la autora mantiene con su hermana mayor, ya que estas suelen servir de modelos de conductas a las más pequeñas.

Para cerrar esta breve exposición acerca de las familias con hijas, quisiera reiterar que las transformaciones que se están dando en las familias son relevantes, puesto que el significado de la descendencia ya no está centrado en el género, sino en la grata acogida de los padres y madres con respecto a sus hijos o hijas, independientemente del sexo.

AURELIANO SÁINZ

MANHATTAN SCHOOL - MONTILLA