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Aureliano Sáinz | Encuentro con Miguel Santiago (1)

Hace cerca de tres años que me vi con un amigo, Miguel Santiago, profesor de Biología, ahora jubilado, para reflexionar sobre sus concepciones como creyente de forma que pudiera exponerlas en un artículo que se denominó Otros cristianos, entre otras razones porque llevó a cabo estudios de Teología durante seis años en la Escuela Teológica Universitaria de Córdoba.


En esta ocasión le planteé abordar su faceta de escritor y conferenciante, puesto que recientemente ha publicado su tercer libro personal que lleva por título La Córdoba Blanquiverde. Su fuerte compromiso crítico y social se puede comprobar a lo largo de esta entrevista.

—Quisiera, Miguel, que comenzáramos esta entrevista de modo que me indicaras cuáles fueron tus inicios dentro del campo de las publicaciones que consideras más relevantes.

—Hasta el año 2018 participé en la publicación de una decena de libros con diferentes autores. Entre ellos destacaría Dios en las aulas. Educación y diálogo interreligioso (Editorial Graó de Barcelona, 2012). Fue el primer libro editado en lengua castellana con la intencionalidad de construir competencias ideológicas entre personas y grupos con identidades culturales y religiosas diversas en escenarios de educación y desarrollo.

El artículo que publiqué llevaba por título Bases para el desarrollo de buenas prácticas de educación para la convivencia en la diversidad cultural y religiosa. Mi escrito planteaba un Estado aconfesional en el que no tenía cabida la asignatura de Religión. Apostaba por un currículum educativo donde las asignaturas de Ética, los Derechos Humanos y la Educación para la Ciudadanía fueran una base formativa y educativa para el alumnado. La religión solo tendría cabida como estudio de la historia de las religiones o bien dentro del currículum de la asignatura de Historia.

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—Además del artículo indicado, creo que en ese mismo año apareció el primero de tus tres libros.

—Cierto, en ese 2018 me planteé la publicación de libros sobre diversos temas relacionados con mi vida y mis diferentes compromisos, a raíz de mi jubilación como profesor de Biología y Geología. El primero de ellos fue Abrazados por la Utopía (Editorial Popular de Madrid). Posteriormente, vería la luz Los Obispos de la Mezquita (Editorial Tirant lo Blanc de Valencia). Y recientemente, en 2023, acaba de publicarse La Córdoba Blanquiverde. Un paseo andalucista por la ciudad de la Mezquita (Editorial Utopía Libros de Córdoba).

Te puedo indicar que, sin pretenderlo, me ha fluido una trilogía de libros que responden a mis tres espacios de compromiso: el social, el patrimonial y el identitario. Los tres han tenido muy buena acogida, por lo que me siento muy agradecido.

—Entremos en esta primera parte de la entrevista con el primero de ellos. ¿Qué nos puedes decir sobre ese libro tan personal como es 'Abrazados por la Utopía'?

—Es un libro escrito desde un yo autobiográfico, en el que hago un recorrido por mi intrahistoria personal conectándola con la historia social, política y religiosa del momento. Un libro con doce capítulos, con prólogo y epílogo de dos grandes amigos y maestros de mi vida: José María Castillo y Enrique de Castro, respectivamente. Tristemente, los dos dejaron recientemente este mundo.

Aparte de mi experiencia personal, en el libro se recorre los principales acontecimientos políticos, sociales y religiosos desde 1985 hasta 2016, haciendo un pormenorizado recorrido por mi implicación social desde los 18 años. Un camino transcurrido por diferentes compromisos sociales de jóvenes con graves carencias psíquicas y sociales, hasta la responsabilidad como presidente de la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía, pasando por la creación de diferentes asociaciones como “Encuentro en la Calle” y “Kala”.

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—Por mi parte, quisiera indicar que la lectura de este libro se hace bastante grata puesto que, aparte de su dimensión humana, a lo largo del texto van apareciendo fotografías que ayudan a concretar visualmente aquello de lo que hablas.

Es verdad que el libro tiene rasgos entrañables y sentimentales cuando me refiero a rostros concretos de niños, jóvenes y adultos que pueden verse, con los que he compartido mi vida y mi lucha por un mundo más justo e igualitario. Destaco los años que estuve en la calle Torremolinos de Córdoba, una de las calles de Andalucía que padece una mayor exclusión social, con los chavales más excluidos, algunos muy rotos por la vida tan dura que injustamente padecieron.

—También entras en tu faceta docente, por lo que reflexionas sobre el valor de la educación con adolescentes de distintos niveles sociales.

—Como no podía ser de otra manera, mi vida profesional tenía muchas referencias en diferentes artículos del libro, analizando el sistema educativo con sus luces y sus sombras. Narro como, después de haber impartido la asignatura de Biología y Geología durante más de treinta años en cuatro institutos andaluces, me jubilé con un adiós muy agradecido. La obra describe las experiencias vividas con el alumnado y mis compañeros, sacando la conclusión de que mis alumnos, al igual que los chavales de la calle, me educaron y me enseñaron a observar la vida como si se tratara de un caleidoscopio. Sin ellos y ellas mi vida hubiese transcurrido muy diferente.

—Tu posición crítica con las posiciones más rígidas de la jerarquía eclesiástica la expresas en esta obra a partir de tu formación en Teología y tu claro compromiso social…

—No quería que pasara por alto la parte del libro dedicada a las experiencias vividas en el seno de mi comunidad cristiana popular “Sin Fronteras”. Una comunidad que bebiendo de la Teología de la Liberación se comprometió con las personas más empobrecidas y excluidas de la calle, de las cárceles, de la prostitución, de la inmigración. El libro narra la labor desarrollada con los campesinos andinos de Perú y como observadores de los derechos humanos en Chiapas. Experiencias que nos forjaron como ciudadanos responsables y nos desvistieron de los falsos ropajes de la religión. De hecho, realizamos una labor muy crítica con la jerarquía católica, en concreto denunciando su poder en CajaSur, que llegó a ser la segunda Caja de Ahorros de Andalucía. Nada que ver con el evangelio y Jesús de Nazaret.

Ahí, expongo la posición crítica en temas tan sensibles como el aborto, el matrimonio gay, la igualdad entre hombres y mujeres, el pacifismo, el laicismo, etcétera. De hecho, el capítulo séptimo del libro lleva por título Rompimos con la jerarquía de la Iglesia. Con los años, algunos miembros de la comunidad acabarían por no identificase como católicos, incluso el traje de cristianos les venía largo al considerar a la persona histórica de Jesús de Nazaret con un personaje religioso. Con la madurez algunos miembros que conformaron la comunidad sintonizarían más con el término “nazareno”, como seguidores de la vida y obra del maestro de Nazaret.

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—Es conocido tu compromiso como portavoz de la plataforma ciudadana “Mezquita-Catedral, Patrimonio de Todxs”, por lo que no es de extrañar que, en 2022, viera la luz tu segundo libro, 'Los obispos de la Mezquita de Córdoba', un magnífico recorrido por la historia de Córdoba teniendo como punto central la Mezquita.

—De entrada, quisiera apuntar que es un libro que ha tenido una buena acogida por el público en general y por colectivos como Recuperando y Europa laica, a los que les agradezco su implicación y difusión. Muestro también mi agradecimiento al teólogo y profesor Juan José Tamayo, que escribió el prólogo y me brindó la posibilidad de editarlo en Tirant lo Blanc.

Los obispos de la Mezquita de Córdoba, un oxímoron en toda regla, comencé a escribirlo en 2016. Mi implicación en la lucha patrimonialista en contra de las inmatriculaciones y por recuperar la memoria y verdadera historia del principal monumento del país, la Mezquita, hizo que me decidiera a escribirlo. Ante la falta de escritos por especialistas en la materia, empezando por la propia Universidad de Córdoba, decidí hacer un trabajo que recogiese la historia desde la conquista de Córdoba por Fernando III hasta nuestros días.

Una historia protagonizada por el universal monumento y ellos, las decenas de obispos que han pasado por Córdoba a lo largo de los siglos. Subyace la intencionalidad de demostrar históricamente que el monumento nunca ha sido de su propiedad, solo han sido usuarios del mismo utilizándolo como la catedral de Córdoba. Narro la obsesión por eliminar de él la memoria andalusí, ya que no pudieron derribarlo como la mezquita almohade de Sevilla, sin bien es verdad que los obispos ilustrados fueron los primeros en iniciar la recuperación original del monumento.

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El último capítulo narra el compromiso desarrollado por la plataforma ciudadana “Mezquita-Catedral, Patrimonio de Todxs” a lo largo de los diez años de su existencia junto a otros colectivos como Córdoba Laica. Ello posibilitó, por ejemplo, que la Mezquita recuperase su nombre en 2016. En la obra realizo una crítica sobre la gestión desarrollada por los tres últimos obispos, sobre todo por Juan José Asenjo y Demetrio Fernández, ambos del ala más dura de la jerarquía católica.

Obispos que, por cierto, inmatricularon la Mezquita por 30 euros, construyeron un relato histórico encaminado a borrar la huella andalusí, incluso le llegaron a quitar el nombre de Mezquita de trípticos, paneles informativos, murales… Describo cómo la gestión desarrollada por estos mitrados está encaminada al uso litúrgico como catedral por encima de los criterios por los que la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1984. A pesar de ello, el uso litúrgico ocupa solo el 10 por ciento del tiempo, mientras que el turístico alcanza el 90 por ciento. Además, no podemos olvidar que la Mezquita es el gran negocio del Obispado y Cabildo catedral al embolsarse alrededor de 20 millones de euros al año.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: AURELIANO SÁINZ

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