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María Jesús Sánchez | Estoy de vuelta

Esta vez me ha costado mucho volver. Esta vez me he caído del alambre y me he dado un golpe fuerte que me ha dejado inmersa en un mundo de hielo y frío del que creía que no podría salir. Nadie que no haya transitado por el reino del miedo puede saber de lo que hablo. Desconectada de la realidad y rodeada de mil pensamientos paralizantes, caes en un hoyo angustiante desde el cual la muerte no se ve un mal destino.


Me encantaría gritar a la gente que se proteja del estrés y de la prisa porque, un día, sin darte cuenta, sobrepasas el límite y entras en el desierto de la ansiedad del que ya nunca sales. Bueno, sales solo a ratos, pero en el momento en el que empiezas a correr de nuevo, sin darte cuenta, despiertas otra vez estrellada en un sitio inhóspito del que creías que habías escapado para siempre.

El miedo a la pesadilla siempre está ahí, porque no es algo que se pueda controlar una vez dentro. Hay que instalar la lentitud en nuestra vida para no pasar al lado oscuro. Lo peor de esta vez es que he querido luchar y no he aceptado mi situación, por lo que el dolor ha sido más fuerte y ha durado más.

Tengo 50 años y lo único que deseo es la calma. Me han tenido que subir la medicación porque yo sola no puedo. A mi cuerpo la falta algún componente químico para que deje de correr y huir de un peligro imaginario. Sufrir, ¿para qué? Pastillas, bienvenidas.

Me voy aceptando y voy entendiendo mi situación. Nadie llega de repente a la ansiedad: han debido sucederse circunstancias y abrirse heridas que te empujan al abismo. Y en la sociedad actual, llena de malas noticias y de gente ambiciosa sin escrúpulos, no es difícil caer. Pero bueno, lo importante es que hoy el cielo es azul y que hay gente que me quiere, por lo que seguir caminando merece la pena.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ