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23 de agosto de 2022

  • 23.8.22
El temporal de poniente de la última semana ha vuelto a dejar a Balerma sin playa. Ya se veía venir cuando en mayo, hace apenas tres meses, el Ministerio de Costas aprobó el trasvase de 22.550 metros cúbicos de arena para Balerma y 9.380 para Guardias Viejas, con una inversión de 362.376 euros, de los 1,6 millones que se gastaron por toda la provincia de Almería con el mismo objetivo: salvar el verano hasta encontrar la solución definitiva.


Para encontrar esta solución se licitó el mes pasado, por parte del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España, el contrato para redactar el estudio y proyecto de recuperación ambiental desde la rambla de Balanegra hasta el espigón de la Peña del Moro.

Este pliego de condiciones ha provocado la indignación y las alegaciones de la Mesa de Trabajo por la Estabilización de la Playa de Balerma porque, en su opinión, el pliego apunta, sin apuntar –sugiere sibilinamente– a que la mejor solución es la de realimentación de arena, que no es otra cosa que extraer arena del fondo marino para regenerar la playa. O dicho de otra manera: recuperar las toneladas de arena que hemos tirado al mar y que no han servido de nada.

No van desencaminadas sus sospechas, porque también este verano, en Cullera (Valencia), el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España ha sacado a información pública el megaproyecto para extraer 12,4 millones de metros cúbicos para regenerar 16 playas, con una inversión de 1.247 millones de euros en diez años.

Un proyecto que los grupos ecologistas catalogan de "auténtico despilfarro" y una "aberración ambiental", ya que los movimientos de arena provocarán la destrucción de ecosistemas muy sensibles, la turbidez del agua, afectando gravemente las praderas de Posidonia oceánica e, indirectamente, dándole la puntilla a los pescadores artesanales de la zona, que verán mermada su producción.

Salvamos el turismo a costa de los valores ambientales y de la pesca sostenible, pero ¿qué podemos hacer si no? ¿Deconstruir la costa que sería lo más inteligente? Ya sé que es fácil de decir y que los afectados no quieren oír hablar de eso, pero es lo que hay.

Veremos qué pasa. Lo mismo alguna empresa nos sorprende con una solución mágica, pero parece que los ingenieros, después de darle muchas vueltas al asunto, siguen erre que erre, quizás porque poco más se puede hacer para luchar contra la furia de Poseidón.

Lo más ofensivo de esta situación que estamos viviendo con la subida del mar es que sigamos cometiendo los mismos errores en nuestras costas. No solo no deconstruimos sino que seguimos especulando y presentando proyectos para construir junto al mar.

Una de las playas que se regeneró este año fue la de Quitapellejos en Cuevas del Almanzora. 14.000 metros cúbicos de arena de cantera, más 2.000 para el resto de playas del municipio que ,redondeando con unas obras en el paseo marítimo del Pozo del Esparto, destruido por los temporales, nos dejan una factura de 249.677 euros.

Pues bien, ¿cuál es la brillante idea que se nos ocurre? Urbanizar 56,2 hectáreas en dos kilómetros de esa playa, donde irán 1.600 viviendas, un hotel, una gasolinera y un nuevo paseo marítimo que nos constará 11,7 millones de euros. ¿Qué haremos cuando el mar lo amenace? ¿Pedir más espigones? ¿Echar arena? ¿Pagar indemnizaciones a los propietarios?

Otra aberración es lo sucedido en la Ribera de la Algaida de Roquetas de Mar, donde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España ha tenido que aprobar el nuevo deslinde de la costa, excluyendo 25 hectáreas de dos fincas privadas tras la sentencia judicial que da la razón a los propietarios.

Lo más grave de esta situación es que incluso dejan fuera del deslinde –algo que roza el esperpento– un trozo de playa al que se le reconoce la propiedad privada. La playa, que es un bien de dominio público marítimo-terrestre según la Constitución Española, queda en manos de una empresa. Por supuesto que será imposible que construyan allí, pero ahora empezarán los juegos de trileros, los sobres, los compadreos, para especular con el terreno. De vergüenza que sigan pasando estas cosas.

Hay otro caso que también es preocupante. Hace unos meses se publicaba en prensa que el potentado Cosentino se hacía con la Urbanización de Playa Macenas para revitalizarla, invirtiendo 200 millones de euros y que, anuncian, será un ejemplo de sostenibilidad ambiental.

Una operación legal, como todas las que se hacen en nuestras costas, pero que viene a legitimar un destrozo que en su día ya denunciaron los ecologistas. Espero que Cosentino no le eche el ojo al Algarrobico y pretenda salvarlo, porque poderoso caballero es don dinero. En fin, que seguimos tropezando con la misma piedra, en este caso en la misma ola. A ver si en el próximo revolcón aprendemos la lección.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍA: MOI PALMERO

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