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9 de mayo de 2021

  • 9.5.21
Creo que ya es conocida por la mayoría de la población del planeta la brutalidad con la que un sector de la Policía estadounidense trata a la gente de raza negra de ese país. Las imágenes filmadas del asesinato de George Floyd, siendo asfixiado en el suelo con la rodilla puesta en su cuello por el agente Derek Chauvin, dieron la vuelta al mundo, generando una ola de indignación de todos los que nos sentimos profundamente antirracistas.


Este era el enésimo caso de ese racismo que existe no solo en el estamento policial, sino también en una parte de una población, especialmente la sureña, que desprecia a sus compatriotas de raza negra, ya que estos son los descendientes de aquellos esclavos que fueron arrancados de sus países africanos para ser llevados a trabajar en condiciones crueles, porque se les había quitado la condición de seres humanos al ser considerados como animales para ser explotados, especialmente, en los campos de algodón con el fin de que sus dueños obtuvieran los mayores beneficios de esa mano de obra.

Pero no es solo en Estados Unidos donde hay una numerosa ciudadanía negra heredera de aquella esclavitud. También existe en el Caribe y en otros países que estando en el continente suramericano, caso de Colombia, no olvida sus raíces africanas que perviven tanto en el color de su piel como en muchas de sus ancestrales tradiciones.

Y si cito a Colombia (país que por estas fechas sufre una fuerte convulsión social en forma de revuelta popular, y brutal represión policial, ante la subida de los impuestos que grava duramente a las clases populares) es porque una amiga, profesora universitaria colombiana, está llevando a cabo una investigación en su tesis doctoral para averiguar el nivel de aceptación que niños y niñas de ocho años sienten sobre su propia negritud a partir del color de su piel.


Sobre este tema he hablado extensamente con ella y uno de sus directores de tesis, catedrático de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, ya que es en esta ciudad donde defenderá su trabajo. El debate se ha producido porque se les pedía a esos escolares que se dibujaran a sí mismos en una hoja en blanco, con el fin de averiguar si se representaban con el color de su propia piel o si tenían dificultades para aceptarse como tales ante las miradas ajenas. Lo cierto es que había un amplio número que dejaba sin colorear el rostro, sintiendo inseguridad sobre su propia identidad racial.

Esta profesora, que nos ha explicado a grandes rasgos cómo es la población negra de Colombia, se siente preocupada porque los escolares que ella ha estudiado tengan esa incertidumbre acerca de su propia raza y del color de su piel, dado que la identificación con los propios rasgos físicos es también una forma de adhesión a la cultura y las tradiciones de un pueblo al que ellos pertenecen.

De todos modos, esta inseguridad también puede ser la expresión visible de que ellos sienten que no tienen el mismo reconocimiento que sus compañeros de raza blanca. Y no solo porque la blanca sea cuantitativamente mayoritaria, sino porque, a pesar de su corta edad, perciben que se encuentran relegados en sus vidas cotidianas.

Reflexionando sobre esta cuestión, compruebo que en ocasiones surgen conexiones inesperadas que amplían la perspectiva que se tenía de un determinado trabajo. Es lo que me ha sucedido al relacionar la tesis citada con otra que estoy supervisando y en la que se estudian las emociones (positivas y negativas a través del dibujo) de los escolares de algunos centros de enseñanza Primaria de España y Portugal.

Así, en los casos de escolares de raza negra que habíamos encontrado en los dos países de la Península ibérica no se producía la situación que se nos expresaba de Colombia. Bien es cierto que en este segundo caso se trataba de niños y niñas negros que se encontraban en colegios en los que mayoritariamente eran de raza blanca, pero había algunas circunstancias distintas a las de América Latina.

En el caso portugués, los trabajos del dibujo de la familia o de los propios escolares acerca de cómo se veían a sí mismos se realizaron en dos colegios de la periferia de Lisboa. Para entender sus dibujos, hay que saber que la población negra que reside en Portugal procede en su mayoría de las antiguas colonias (Angola, Mozambique, Cabo Verde…) que finalmente tuvieron el estatus de provincias, por lo que sus habitantes podían adquirir la doble nacionalidad.

Si nos remitimos al caso español, el país que primero fue colonia y después provincia es Guinea Ecuatorial, con una pequeña población en el conjunto de ese gran continente que es África. Así, la población negra en nuestro país es bastante minoritaria; aunque los racistas (y el racismo que se extiende en la actualidad) crean verlos por todos los lados.


De este modo, los dibujos que hemos recogido de escolares de raza negra no han sido numerosos en España; a diferencia de Portugal, que aparecieron en bastantes casos. Lo que sí podemos afirmar es que en sus autores no se ha producido ninguna incertidumbre a la hora de colorear las figuras que los representan con el tono cromático más cercano a su piel.

Es lo que acontece con el primero de los dibujos que he seleccionado de una niña de ocho años, cuyos padres (él, de origen senegalés y ella, española de nacimiento y de raza blanca) aparecen en el dibujo de la familia que propusimos en el aula. La pequeña no tuvo duda en representarse con el mismo color de piel que el su padre, así como el de sus dos hermanos más pequeños. Ella sabe que su madre tiene una piel de tono más claro, pero esto no le supuso ningún problema.

El segundo de los dibujos que muestro corresponde a una alumna de diez años de un colegio portugués. La niña se representó, en el tema de dibujarse a sí mismo, en plano medio y con el color que ella consideraba más cercano al de su piel.

¿Esto quiere decir que en la Península ibérica el racismo es menor que en América Latina? No lo creo. Sucede que las historias que subyacen en estos escolares han sido bien distintas y que, de algún modo, se ven reflejadas en sus dibujos.

Y ahora que voy cerrando este tema, explicaré el sentido del título de este escrito, ya que en nuestro país, como en otros de Europa, avanza peligrosamente el racismo y la xenofobia, a caballo de partidos de extrema derecha que emergen como supuestos salvadores en períodos de grandes crisis sociales.

La razón se encuentra en que, quizás con un paternalismo difuso, se ha extendido el eufemismo de llamar “gente de color” a quienes son de raza negra. Esto no tiene ningún sentido, porque todas las personas tenemos algún tipo de color en los diversos pigmentos de nuestra piel, sean más claros o más oscuros. No existe una población que represente la ‘pureza racial’, como sostenían los nazis con respecto a la raza aria.

A fin de cuentas, todos somos herederos de aquellos primeros humanos que procedentes de África, según nos informa la Antropología, acabaron saliendo de su entorno natural para extenderse, con el paso de los milenios, por todos los confines del planeta. Y ahora, con la brutalidad y la ignorancia que nacen del racismo y la xenofobia, algunos desprecian a quienes llevan las huellas de los primeros pobladores de la Tierra.

AURELIANO SÁINZ

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