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30 de septiembre de 2020

  • 30.9.20
¿Qué hay más español que un bar? Desde luego, muy pocas cosas. Por eso, Baena Digital se traslada hoy hasta el bar Viruta, situado en la Avenida Cañete de las Torres, en Baena para conocer de primera mano la historia de sus propietarios, Gerardo Ocaña y su mujer Eva María Lozano, para que nos cuenten cómo es la vida de un hostelero y cómo han sobrellevado las dos fuertes crisis de los últimos años.


Él, tabernero, pura herencia familiar, pues su padre regentó el primer bar Viruta de Baena, ella, vendedora de cara al público de siempre, por lo que, el trato con el cliente era una asignatura que ambos llevaban más que aprobada cuando se metieron en la inversión de esta segunda versión del negocio que abrieron en el 2009.

“Inicialmente, el bar estaba a la vuelta de la esquina y lo llevaba mi padre desde que lo abrió en 1974. Después se jubiló y decidimos trasladarnos aquí, que era la antigua casa de mi abuela, y abrir este que tenía más capacidad de gente”, explica Gerardo.

Ambos son hijos de gente trabajadora que tuvo que emigrar para buscarse la vida. Los padres de él a Alemania y el de ella a Suiza. “Yo volví de Alemania con apenas año y medio y mi padre decidió invertir los ahorros que tenía en el primer bar que se llamó Viruta, porque su padre y él eran carpinteros”. Entonces importaban mucho los motes familiares y se cuidaron de escoger uno bueno.

Tras haberse criado en un ambiente tabernero, más tarde, recogió el testigo. “Nos metimos con toda la ilusión del mundo y llegó la crisis en 2009, pero ya estábamos inmersos cuando llegó el declive y ahora, para rematar, la pandemia”, indica Eva. Si bien ha disfrutado mucho del tiempo confinada en su casa y con sus hijos, les ha supuesto un varapalo duro. “Ha sido un batacazo, acabas con todos los ahorros”.

Sin embargo, también supuso un descanso, pues la vida del hostelero, y encima propietario, no conoce prácticamente el descanso. “Nosotros abrimos desde las 6 de la mañana hasta el cierre”. Ni siquiera comen juntos, pues se turnan para que el bar no esté sólo. Tan sólo el domingo –libre al no dar comidas– es el día señalado para estar en familia.

'La especialidad, sus clientes'

Pero en el propio bar también tienen a su segunda familia, sus clientes. “Lo mejor es que esto es como un cortijo, la clientela es de toda la vida, muy cercana y se generan debates con gente de todas las edades”. Algo que valoran mucho y a lo que le ven mucha riqueza, el trato directo con sus clientes y el apoyo que les brindan. “Es duro y sacrificado, porque son muchas horas, pero nos sentimos muy afortunados”.

Si echan la vista atrás, ven todos los baches pasado y superados y miran con esperanza hacia el futuro. “Ha sido un tiempo muy malo, pero somos optimistas”.

MARTA BAENA SANZ / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: M.B.S.


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