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29 de septiembre de 2018

  • 29.9.18
Mis últimas elecciones municipales, que coincidieron con la crisis, las ganó el PSOE conmigo como candidato con mayoría absoluta por cuarta vez, lo que exacerbó más el odio de mis oponentes más resentidos. Fue un periodo favorable y beneficioso para Baena a pesar de la crisis, salvo en el aumento del paro que, aunque mantuvimos el menor índice de la provincia, se elevó considerablemente hasta alcanzar en 2010 los mil trescientos desde los seiscientos aproximadamente que habíamos mantenido en años anteriores.



Yo percibía que aquella irracional agresividad que me rodeaba me hastiaba y que la lucha a “navajazos” –que nunca ha sido mi fuerte– me asqueaba. Aún así, me mantuve firme e ilusionado porque creí en las posibilidades de Baena presentes y futuras.

Comencé a cometer los mayores errores de mi vida política: el primero de ellos y origen de la actual situación fue la inclusión en la candidatura en los puestos más relevantes de dos personas absolutamente desconocidas, Jesús Rojano y María Jesús Serrano. Antes había ofrecido a Fernando Mora y Francis Aguilera ocupar estos lugares pero declinaron mi ofrecimiento.

Creí que Silvia Cañero, en la que tenía plena confianza, haría “carrera” en la Junta dado su buen hacer durante los años anteriores pero no conté con la animadversión que me prodigaba el secretario general provincial, Juan Pablo Durán, como me demostró en reiteradas ocasiones a las que aludiré más adelante.

Si hoy se me preguntara por qué puse a J. Rojano y a M. J. Serrano en el número dos y tres no sabría contestar. Ninguno de ellos había dado muestra de mérito o capacidad ni tampoco provenía de la estructura de la organización en la que, incluso, no militaban ni eran líderes sociales o representativos de nada.

Ella, desconocida y de familia afín a IUCA, me fue presentada como posibilidad por el presidente de la Mancomunidad de Municipios, el alcalde de Nueva Carteya, mi amigo y compañero Antonio Ramírez. Maestra consumada en el victimismo y en la simulación, que tardé muchos años en descubrir, no tenía trayectoria profesional ninguna. Al parecer, algún contrato de meses en la Mancomunidad.

J. Rojano era el chico de Juventudes Socialistas con sonrisa beatífica y ambición sin límites de la que había sido advertido. Estaba contratado, creo, precariamente como casi todos los jóvenes de su edad en Aprosub. De mi mano comenzaron su andadura política y Durán hizo el resto.

Yo dedicaba a la elaboración de la candidatura escasísima atención y nunca supe consolidar equipo porque exigía a los demás lo que yo daba que, sin duda, fueron un error por mi parte, tanto la obsesiva dedicación como la exigencia.

Supe de la crisis algo más que la mayoría y un poco antes porque el ministro de Economía en el Gobierno de Zapatero, Pedro Solbes, nos anticipó en “petit comité” a un grupo de senadores que los vientos huracanados se cernían sobre la economía mundial y española y, por discrepancias con el presidente, dimitió a los pocos meses.

Tomé nota y puse “mis barbas a remojar” en mi pequeño ámbito de responsabilidad local, presentando un plan anticrisis al que denominé Bases para la Baena posible, que trataba de coordinar un plan de actuaciones nuevas muchas y arrastradas otras para contener la sangría de empleos destruidos e infundir confianza en nosotros mismos, en nuestros recursos e ilusión en el futuro.

En octubre de 2008 presenté el conjunto de proyectos que conformaron el Plan de actuación de las Bases para la Baena posible. Lo hice en una charla de dos horas sobre pantalla digital sin leer una palabra más allá del guión y con un láser como puntero porque buscaba la espontaneidad y, sobre todo, trasladar la certeza racional y la confianza que yo tenía en las posibilidades de Baena.

El acto se celebró en Hotel Casa Grande con un éxito inesperado de público para lo que suele ocurrir en nuestra sociedad. Entre los cientos de personas que asistieron estaban representados los sectores, clases y organizaciones de la sociedad baenense. En síntesis, independientemente del cuadro que a continuación se ofrece, recordé los cuatro pilares en los que sustenté desde muchos años atrás la transformación de Baena y en los que aún sigo creyendo firmemente.

El primero, un entorno urbano renovado y moderno sin perder su esencia, homologable con cualquier localidad española o europea de nuestras características con equipamientos e infraestructuras de primer nivel. El segundo, potenciar la marca Baena como referente nacional e internacional agroindustrial. El tercero, la centralidad territorial comarcal por servicios comerciales, culturales e industriales. El cuarto, un ambicioso plan director de turismo cultural con Torreparedones como punta de lanza. Apostillo que no todos los proyectos se completaron al 100 por cien pero sí la inmensa mayoría. Todo quedó interrumpido en mayo de 2011 con mi retirada.


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Mi propuesta tuvo una muy positiva acogida porque mis palabras se sustentaban en hechos, dado que en estos años 2008-2011 se abrió al público el excepcional yacimiento de Torreparedones, se adquirió el terreno de la cueva del Yeso y, a pesar de todos los obstáculos, conseguimos las autorizaciones para su apertura. También inauguramos el Museo Histórico y Arqueológico, sin duda, unos de los más interesantes de Andalucía y yo diría que de España.

Se completó la fisonomía urbana con el Plan Zapatero y el Plan Proteja de la Junta de Andalucía y otras actuaciones municipales, dejando a Baena con la imagen que siempre había soñado de ciudad media europea. Se iniciaron los trabajos previos de la restauración del Castillo, se inauguró la Casa de la Cultura y el Cine en centro histórico, también se inauguró la restauración de San Bartolomé, el nuevo centro de Servicios Sociales en la Almedina y se construyó el nuevo Centro de Mayores y el Centro de Congresos.

Se inauguraron el Instituto, la Biblioteca y nuevos aparcamientos en Calle Alta. Se recuperó el Río Marbella y el Guadajoz con una actuación de aprovechamiento lúdico en el Pantano de Vadomojón. La iniciativa privada construyó dos residencias de tercera edad, tres plantas solares, dos extractoras de aceite de orujo, la fábrica portuguesa de Politejo que habíamos captado en Lisboa y nuevos regadíos. Sin computar, porque sería muy prolijo, las actividades de autónomos y pequeños empresarios que en la precrisis e incluso en los primeros años de la crisis resistieron confiados en un proyecto compartido.

Sobresalimos en políticas sociales atendiendo a la gente más necesitada con el Plan de Solidaridad para amortiguar los efectos devastadores de la crisis sobre las familias afectadas, sobre todo en vivienda porque durante mi alcaldía se rehabilitaron durante los dieciséis años más de dos mil seiscientas viviendas casi todas en centro histórico que es una de las razones fundamentales por las que se explica el abandono y el hundimiento actual al haber acabado con estas ayudas a la gente humilde, envejecida y que habitaban en callejones y lugares de difícil acceso.

Durante estos años se construyeron cientos de viviendas sociales y protegidas. Mi modelo de ciudad no se alteró por la crisis. Veintitrés mil habitantes y pleno empleo técnico que ya casi habíamos alcanzado pocos años atrás con veintiún mil habitantes y cuatrocientos o quinientos parados.

Me detengo ahora en el Programa Europeo de Fondos Feder, Baniana I, que redactado y gestionado por los técnicos de la Asociación para el Desarrollo, coordinados por mí, fue valorado por la Unión Europea con máxima puntuación porque alcanzamos todos los objetivos gastando hasta el último euro de los seis millones y medio que nos habían aprobado, de los que el Ayuntamiento aportó el 25 por ciento. Con estos recursos mantuvimos el centro histórico y recuperamos nuestro patrimonio esencialmente.

En tanto desarrollábamos el citado programa Baniana I redactamos ya con experiencia y con máxima confianza el programa Baniana II de Fondos Feder de la Unión Europea, que suponía el punto esencial anticrisis de la propuesta que yo tuve la ocasión de presentar a la sociedad de Baena.

Lo redactaron los técnicos de Adegua, lógicamente coordinados por mí y con la colaboración inestimable de José Antonio Morena, arqueólogo municipal, Carlos Márquez y Ángel Ventura, catedráticos de la Universidad de Córdoba y la colaboración activa del entonces concejal de Cultura, Pepe Tarifa.

De nuevo, el trabajo presentado a la Comisión fue valorado muy positivamente hasta el punto que conseguimos obtener el máximo presupuesto de los obtenidos por municipios de la provincia con 9,6 millones de euros, de los que el Ayuntamiento debería aportar el 20 por ciento.

No tengo palabras para mostrar mi indignación e impotencia cuando mis dos sucesores han dejado de invertir y, por tanto, han “devuelto” seis millones por incompetencia destructiva y porque, al parecer, aducían no tener recursos para anticipar los pagos tal como es preceptivo en este tipo de ayudas europeas. Sin embargo, han duplicado el gasto en nóminas políticas hasta el punto de que prácticamente todo el Gobierno municipal y parte de la oposición cobran de las arcas municipales además de otros dispendios que sólo obedecen a intereses personales o partidarios como tendré ocasión de comentar, y de eximir del pago de tasas obligatorias a empresas por convenios irregulares o simplemente por silencio y ocultación.

En conjunto, supone una merma de recursos de bastante más de un millón de euros al año por gastos superfluos y presuntas corruptelas mientras que se devuelven millones a Europa al no aportar la cuota municipal. Europa nos ha castigado no otorgando un solo euro más de Fondos Feder y Baena ha sufrido las consecuencias que son detectables en toda la ciudad, en toda la sociedad y de forma especial en el centro histórico y lamentablemente susceptible de empeorar.

Me pregunto dónde ha estado y está la oposición estos últimos ocho años, o quizás sea mejor no saberlo porque no quiero pensar que la mayoría estén compartiendo el mismo objetivo de carácter exclusivamente material y personal.

Comento ahora un hecho que tuvo una relevancia que nunca busqué. El famoso caso del crucifijo que dio la vuelta al mundo, literalmente. Sé que hubo más de trescientas mil visitas y miles de comentarios de toda América, parte de Europa y de toda España. El concejal Bazuelo de Izquierda Unida, supongo que avalado por su grupo, hizo una propuesta para la retirada del crucifijo que desde hace cien años se sitúa en la mesa presidencial del Pleno. Argumentaba con artículos de la Constitución basándose en que el Estado es aconfesional.

Yo le respondí en un vídeo que me hizo famoso a mi pesar que la Constitución no expresaba en absoluto lo que él alegaba, habiendo previamente consultado a expertos en Derecho Constitucional al tratarse de un símbolo que representaba a la inmensa mayoría de la sociedad baenense y que significaba tradición, arte y cultura.

Al mismo tiempo le recordé ser una contradicción puesto que como hermano de Andas de la Hermandad de Jesús Nazareno, él era uno de los que portaba a la imagen que quería expulsar del Pleno. No sé quién pasó a las redes el vídeo de mi intervención. Según se me comentó, fueron personas afines a Izquierda Unida los que pretendieron ridiculizarme pero puedo afirmar que el 95 por ciento o más de la opinión de los cientos de miles de personas representadas en miles y miles de comentarios fueron absolutamente de apoyo y felicitación a mi posición de no retirar el crucifijo.

Lo insólito es que yo creí sinceramente que este asunto no pasaría de ser una anécdota más de la alterada vida política local que vivíamos en esos años. Ahora hay una paz de cementerios que es una señal inequívoca, dada la situación, de que el poder controla tanto a los medios como a los grupos políticos y a los representantes de la sociedad. Obviamente no a todos pero sí a los más significados.

Dejo para el final el proyecto que hoy debería ser nuestro mayor recurso de empleo y de satisfacción, Baena Cultura, como plan de turismo cultural y Torreparedones como su máximo exponente. Como he tenido ocasión de escribir hace unos años, Baena Cultura es la suma de todos nuestros recursos naturales, monumentales, históricos, urbanos, gastronómicos, arqueológicos, tradicionales..., de tal forma que, bien ordenados y planificados, puedan tener el suficiente atractivo para consolidar un turismo con base en nuestro patrimonio cultural esencialmente que nos ponga en el mapa como un lugar de excelencia por el contenido y por la gestión.

Este concepto está desarrollado en el 2011 en numerosas publicaciones y divulgaciones. Hoy se ha abandonado y, lo que es más grave, se ha dejado su gestión en manos de una empresa de Castro del Río que es el municipio con el que también el alcalde Rojano ha colaborado para que Torreparedones sea explotado y asociado con nuestro vecino en el acto más increíblemente artero que pueda concebirse en un político.

Concluyo este capítulo tratando de forma breve uno de los acontecimientos más importantes de la reciente historia de Baena que ha sido la puesta en valor del yacimiento Ibero-Romano de Torreparedones, catalogado por los científicos entre los más importantes del mundo romano en Europa.

Teníamos conocimiento de que existían restos que demostraban que había habido un asentamiento Íbero en el entorno del Castillo de Torreparedones a raíz de los trabajos arqueológicos de 1983 por profesores de Oxford y de la Complutense, con José Antonio Morena colaborando y porque, anteriormente, algún erudito lo había reflejado.

Pero lo que no pudimos conocer era la importancia de este yacimiento arqueológico hasta que mediante un plan meditado y ciertamente no exento de peligro nos propusimos desde el Ayuntamiento, no sin oposición, ponerlo en valor.

Yo tomé la decisión y busqué los recursos. Aún me pregunto qué hubiera ocurrido si después de la inversión de muchos millones de euros no hubiéramos sido compensados por la maravillosa realidad. Seguramente yo tendría muy difícil seguir viviendo en Baena tras esta fallida inversión de dinero, medios y tiempo.

Recientemente, en los últimos ocho o diez meses, la Plataforma en defensa del patrimonio de Baena ha hecho público un manifiesto y cinco comunicados en los que denuncia al alcalde Rojano por haber entregado Torreparedones a Castro del Río supuestamente por algún mercadeo político que tiene que ver sin duda con cargos y nóminas.

Torreparedones hoy está explotada desde el punto de vista turístico, comercial, laboral e incluso de imagen por Castro del Río con el apoyo y consentimiento de nuestro alcalde y el silencio de todos los grupos políticos.

A título de ejemplo, Baena ha aportado en torno a doce millones de euros y quince años de trabajo, es titular del 100 por cien del terreno, de las competencias de excavación que le otorga el Plan Director y de las marcas de Torreparedones porque yo me anticipé a Castro del Río y las puse a mi nombre con la aportación generosa de Rafael Onieva pero también de algunos, muy pocos, que dedicamos recursos económicos y, sobre todo, muchas horas para que nadie se hiciera con la marca que pertenece a Baena.

El alcalde, demostrando una vez más su mezquindad, me acusó públicamente en los medios y en el Pleno de quererme hacer con la marca Torreparedones para hacer negocios. La marca la cedimos a la Plataforma y ésta a su vez al Ayuntamiento de tal forma que pertenece a todos los baenenses, aunque ciertamente, como ocurre con todo el yacimiento, nadie defiende nuestros derechos.

Castro del Río, sin poner un solo euro, es el municipio que se aprovecha de nuestros recursos patrimoniales con una empresa que desde allí gestiona todos nuestros monumentos, museos y yacimientos, además de organizar excursiones, eventos y el Ayuntamiento asocia permanentemente el nombre de Torreparedones a Castro en ferias de turismo.

Bastaría con interponer una demanda, proteger el yacimiento y despedir a la empresa para acabar con esta indignante situación que nos está hurtando empleos y futuro con nuestras competencias legales y nuestros bienes históricos y patrimoniales, fundamentalmente Torreparedones.

Para mí, Torreparedones fue desde el 2003 aproximadamente el proyecto más ilusionante y, en mi opinión, de mayor calado y trascendencia de todos cuantos había puesto en marcha porque en el supuesto de que no hubiera habido resultados favorables era consciente de que tendría que dejar la Alcaldía pero si, como se ha demostrado, los resultados sobrepasan a las expectativas, nos encontramos con un medio que durante decenas de años será noticia internacional y un atractivo excepcional para el modelo de turismo cultural que Baena inició en el 2010 y que hoy está abandonado.

La cuestión es cuándo recuperará Baena Torreparedones, hoy cedida por el alcalde a su colega de Castro del Río y en general a nuestros vecinos. Estoy convencido de que en un solo mes si hubiese otra Alcaldía con la suficiente dignidad y cumpliendo con su obligación legal nuestros vecinos se retirarían y Baena recuperaría de facto la gestión y aprovechamiento del parque arqueológico.

Bastaría con tomar tres medidas: ejercer la marca Torreparedones, de la que es titular el Ayuntamiento, impidiendo todo tipo de explotación comercial del yacimiento desde excursiones hasta recuerdos, permitiendo un solo acceso al yacimiento exclusivamente desde Baena mejorando la carretera y el camino y retirando las cesiones irregulares que el alcalde Rojano ha hecho a su colega de las autorizaciones que el Ayuntamiento de Baena tiene para excavar el presunto anfiteatro que aunque en término de Castro el Ayuntamiento de esta localidad nunca debería haber entrado a realizar estos trabajos puesto que sólo tiene competencia y autorización el Ayuntamiento de Baena que las ha cedido de forma irregular. Se debería haber comprado el terreno sobre el que se actúa en la cata ya que Castro no lo ha hecho ni lo hará.

No sé si los baenenses somos conscientes de la relevancia de este asunto para las próximas generaciones. Posiblemente no pero espero que alguna vez alguien comprenda lo mucho que nos jugamos y también la obligación que tenemos de defender nuestro legado para transmitirlo.

Confío en que vendrá algún alcalde o alcaldesa y alguna Corporación que ponga las cosas en su sitio. A nuestros vecinos habría que ofrecerles un acuerdo que pasara en primer lugar por que aportaran el esfuerzo de trabajo y económico que proporcionalmente les corresponda en función del aprovechamiento que se pactara, lo que en mi opinión sería comenzar a hablar a partir de un ingreso de un mínimo de cinco millones de euros en las arcas del Ayuntamiento de Baena y de la leal colaboración y entendimiento entre los representantes de los dos municipios, ya que Castro se incorporaría sin haber apostado y sin exponerse al fracaso, y todo eso habrá de tenerse en cuenta.

Pero como este supuesto es irreal, Baena deberá gestionar en exclusiva Torreparedones. Castro, como toda la comarca, se aprovechará de estar en el ámbito de influencia de este tesoro arqueológico pero no de su explotación y apropiación.

No quiero caer en la tentación de finalizar con la exposición de la persecución a la que fui sometido durante estos años por un grupo incrustado en Izquierda Unida y con poderosísimas ayudas, como la del diario El Mundo, que me prodigó su atención durante años trasladando una imagen de mi comportamiento que tuve que soportar aunque siempre di la cara y explicaciones como corresponde a un cargo público.

Parecía un Bárcenas cualquiera y ni tan siquiera fui citado como testigo ni en el caso de las facturas ni en el de urbanismo, pero el castigo mediático en prensa, radio y números histriónicos en el Pleno de las portavoces de IU no me dejaron en absoluto indiferente por el odio latente y por la injusticia de la cacería.

Sinceramente, pasados ya los años, creo que los autores de esta trama están arrepentidos porque no lograron ninguno de sus objetivos y perdieron solvencia personal y política, credibilidad, imagen social y, algunos de ellos, mucho dinero. En mi vida actual este asunto jamás lo tengo presente pero he considerado que forma también, lamentablemente, parte de mi memoria como alcalde.

El 22 de mayo de 2011, a las diez de la noche, anuncié mi retirada de la política. De este colosal error y del venal comportamiento de mis sucesores y sus consecuencias trataré en el epílogo y cierre de este relato que espero que haya interesado a algunas de las personas que hayan dedicado atención y tiempo a su lectura.

LUIS MORENO CASTRO

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