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2 de agosto de 2018

  • 2.8.18
Para el fanático, sea culto o zoquete, solo vale su verdad. Está tan repleto de ignorancia que nunca admitirá que los demás tienen parte de verdad. Tanto en política como en religión, dicha creencia genera odio, rencor como moneda de cambio y el final será la violencia contra quien no acepte su verdad. Lamentable pero cierto.



El antídoto sería la tolerancia basada en “el respeto a las ideas y a las creencias de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias” (sic). Dicho así suena bien, maravilloso, diría yo. El problema es llevarlo a la práctica, aceptar que existan ideas políticas y creencias religiosas contrarias a las que posee o deja de poseer cada cual.

Fobias y filias están radicalizándose en nuestro entorno. Si hablas mal y en contra de emigrantes que se establecen entre nosotros eres un insensato sin corazón, eres un xenófobo, según algún dirigente político.

Ha surgido una fuerte hispanofobia desde distintos frentes y los progres callan. Por aquello de lo correcto y mil razones más, a dichos progres se les llena la bocaza de una islamofilia tan apabullante que hasta dejan sin habla a quien esté a su lado.

La comunidad musulmana aumenta a buena velocidad. Las personas venidas de las Américas son muchos. Nosotros, razones varias, hemos congelado el nacimiento de críos, ellos pasan a ser familia numerosa. Pensemos un momento en este dato, simple y llanamente como referencia a un futuro próximo.

Grandes contradicciones mueven a nuestros representantes políticos. Desprecian a unos a la par que doran la píldora a otros. Me refiero a una serie de agravios comparativos que, en la mayoría de casos y circunstancias, no llegan al gran público. Tocaré distintos palos que espero queden engarzados debidamente.

Empecemos por la cabeza. Una moción de censura da el poder al PSOE. Así tenemos un presidente de Gobierno legal pero no salido de las urnas. Democráticamente estamos en una situación anómala. Las posibilidades de continuidad son pocas. Sanchez anunció que las elecciones generales serían "cuanto antes". No tarda en mover ficha, cambia de opinión y anuncia que terminará la Legislatura. La idea es resistir en el poder más allá de lo razonable y así se culminaría este mandato. Siguiente paso.

Estamos a las puertas de una nueva Ley de Educación si le da tiempo al Gobierno para llevarla a término. Ya han aparecido varias cuñas avisando de algunos cambios que ven necesarios. En el mejor de los casos, dicha ley, amén de enterrar a la actual que nació muerta y ya huele, ¿será laica realmente?

Hace bastante tiempo que muchos profesionales venimos sugiriendo, en reuniones de todos los colores, que la asignatura de Religión debe salir de la escuela. Idea que parece estar presente en el Gobierno actual. Si sirve de algo, ya estuve a las puertas de ganarme un expediente por defender en distintos claustros de profesores la opción de sacar la religión de la escuela. En dicho momento trabajaba como asesor de profesores.

La idea es simple: se trata de que definitivamente la escuela sea laica y que cada una de las religiones vigentes adoctrinen a sus fieles como mejor les venga en gana y donde estén más cómodos. Soy consciente de que este planteamiento tiene muchos detractores. Si analizamos fríamente, quizás lleguemos a entender que es una de las soluciones para evitar una escuela religiosamente prisionera. Otro pasito adelante.

El mundo musulmán está moviéndose por Occidente, digamos que de forma tranquila. Salvo y por desgracia, los nefastos atentados realizados por fanáticos cuya finalidad, de momento, no es convertirnos al Islam sino acongojar (acojonar) al resto del personal. ¿Hasta cuándo? De momento ya se reclama comida “halal” en el cole, enseñanza del Islam y cementerios musulmanes.

Los musulmanes aumentan día a día y sus hijos, nacidos entre nosotros, tienen derecho a ser escolarizados y a que se les explique su religión. ¿Dónde? Los cristianos, sean católicos, protestantes o testigos de Jehová, tienen derecho a catequizar a sus feligreses más jóvenes. ¿Dónde? Los judíos que viven entre nosotros, muchos o pocos, están en las mismas circunstancias ¿Dónde? La respuesta es tan simple y obvia que no hace falta ponerse gafas para leer.

¿Solución? La escuela debe ser laica y, por tanto, ha llegado el momento de decir adiós a la clase de Religión Católica en nuestras escuelas públicas. Los centros privados pueden hacer lo que estimen oportuno. Simplemente, es lo que dicta el sentido común.

“La Comisión Islámica de España alerta que denunciará al Gobierno valenciano si no implanta su religión en los colegios”. Mucho ha tardado la bomba en explotar. Nos guste o no, llevan razón. Supongo que solo abogan por tener Religión Islámica para los alumnos de dicha religión. La trifulca está servida y era cuestión de tiempo (corto) que saltara a la calle, de ésta a los respectivos gobiernos comunitarios y de éstos a los tribunales ¿Alguien da más?

Todo este discurso –pensará algún lector– es ilógico. En sus países de origen, a cualquier otra religión no se le permite ni asomar la nariz. El inventario de agravios comparativos puede ser largo pero es lo que hay. Lo injusto está en que desde determinados sectores políticos se arrinconan y se prohíben actos religiosos de católicos (fobias), mientras que se hace gala de una simpatía especial para musulmanes (filias). ¿Esnobismo? ¿Modernez? ¿Actualismo? ¿Progresismo encantador?

Si no queremos enfrentamientos, y debemos no quererlos por puro egoísmo, la solución pasa por no favorecer a unos y arrinconar o despreciar a otros. Si una religión disfruta de campo libre para ser explicada a los escolares dentro de una democracia, las demás se hallan en la misma situación de legitimidad y pedirán ese derecho.

La duda y el planteamiento vienen de lejos. Bastaba ser algo perspicaz para barruntar que el problema no tardaría mucho en aparecer y ya ha aflorado en la Comunidad Valenciana. El tema lo dejo en el aire para septiembre, cuando empiece el nuevo curso y el panorama político esté perfilado. ¿Nueva ley educativa? Cada protagonista quiere ser recordado por su paso por el poder.

Partía de que no queremos agravios comparativos, ni actitudes de filia para un sector y rechazo poniendo la zancadilla al otro sector de la población. De dicho enfrentamiento surgen las actitudes fanáticas por ambas partes. El fanatismo como “apasionamiento y tenacidad desmedida en defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas y políticas” (sic) deja muertos en las cunetas. Doy otro paso para completar este embrollo.

La idea me la ofrece un titular de prensa referido a la avispada alcaldesa de Barcelona. Es lista, “hábil para sacar beneficio o ventaja de cualquier situación” (sic), en este caso favoreciendo a los musulmanes y dejando de lado a los cristianos, a los que parece que detesta o le molestan.

Partiendo de esta frase última ya se puede barruntar un posible enconamiento y una cierta fobia (razonable o no) sumada a una clara filia. Favorecer a unos y despreciar a otros no es buen camino. El problema está encima de la mesa y escuece.

Me explico. “La susodicha alcaldesa gastó dinero público (recordemos que es de todos) en la celebración del Ramadán”. ¿Cuánto? Es lo de menos, o quizás no. Gastó en unos folletos para tal evento, amén de otras bagatelas, 6.000 euros, que son calderilla comparados con otros “affaires” llevados a término por los políticos. Al fin y al cabo, el dinero público no es de nadie…

Detalle para agradecer a tan maravillosa persona. El dinero es público pues ha sido proporcionado por el Gobierno español. Los folletos se publican en catalán (elemental), en urdu, árabe y wólof (ver nota a pie de texto), menos en español porque no cabía en dichos opúsculos, aunque sea el pagano (quien paga). Agravio comparativo e hispanofobia.

Es normal que reclamen estos servicios. Lo que no es normal y clama justicia es que se haga con el dinero de los que son torticeramente declarados enemigos y a los que se les niega el pan y la sal. Se ha “colau” bien colada. Hasta el corvejón.

Este tipo de personas suavonas, educadas, progres  –“de ideas avanzadas” (sic)– a más no poder, están contra las fobias, contra la marginación, o la violencia, contra el acoso a quien sea (escrache, señor). Islamofobia, no gracias. Cristianofobia, bueno, sin exagerar. Hay que estar abiertos a todo tipo de pensamiento político y religioso.

Breve nota sobre las lenguas reseñadas: El urdu, lengua oficial en Pakistán, lo hablan 40 millones y en la India es hablado por 50 millones más. El árabe es idioma oficial en 26 países, es el más hablado en el mundo y es lengua oficial en Naciones Unidas. Su influencia en el castellano es importantísima. El wólof, por su parte, es una lengua nativa de la etnia wólof que se habla en Senegal y Gambia.

PEPE CANTILLO

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