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11 de septiembre de 2017

  • 11.9.17
El refranero español es rico en máximas acerca de cualquier aspecto de la vida (naturaleza, personas, costumbres...), unas veces con acierto y otras con desatino. Muchos de tales dichos, que se transmiten de generación en generación, se ajustan a la realidad como el traje de neopreno a un buzo. Retratan el comportamiento o la manera de ser que caracteriza a determinadas personas mucho mejor que una fotografía.



Y eso es lo que le ha sucedido a la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, cuando en unas declaraciones en la Comisión de Empleo del Congreso, a finales del pasado mes de agosto, aseguró muy circunspecta que “el empleo que llega con la recuperación es de mayor calidad que el que se fue con la crisis”.

Todo el mundo se quedó estupefacto, en especial, los trabajadores de este país. La mayoría de ellos no pudo evitar acordarse del refranero para calificar la afirmación de la ministra: “Se coge antes al mentiroso que al cojo”, porque bastó solo una semana para que los datos del desempleo registrados, precisamente en el mismo mes de agosto, descubrieran la verdadera naturaleza del empleo que se crea en España: precariedad, temporalidad, inestabilidad, es decir, empleo de ínfima calidad.

Y es que la ministra, puesta a vender la actuación del Gobierno del que es miembro y la política que ella y su equipo han implementado para supuestamente estimular la economía y crear empleo, con una Reforma Laboral que ha sido particularmente nefasta para los trabajadores, no puede decir otra cosa más que maquillar la realidad.

Es por ello que no tiene empacho en insistir en que “la recuperación de España es sólida, sana y social” y que estamos asistiendo a una auténtica “primavera del empleo”. Más que mentir, tergiversa intencionadamente la verdad y, como los mentirosos, incurre en contradicciones e inexactitudes.

Ni el empleo es de calidad, y la recuperación ni es sólida ni sana ni social. Los datos del propio Ministerio de Empleo, del que es titular la ministra Báñez, contradicen el optimismo de sus aseveraciones, demostrando, con el aumento del número de parados del peor agosto desde 2011 y la pérdida de afiliados a la Seguridad Social, que la debilidad del empleo creado con sus reformas en estos años es enorme, debido a la temporalidad y precariedad del mismo. Y no solo eso, sino también que los salarios tampoco son mejores que antes de la crisis.

Nada es de mayor calidad que antes: ni las condiciones laborales ni los salarios. Y la ministra lo sabe, pero no puede reconocerlo. Solo le queda el recurso de mentir para intentar engañar a los que, tal vez, no tengan los conocimientos de la señora ministra, pero disponen del refranero para describir su actitud. Y es que “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”. Nada más cierto.

DANIEL GUERRERO

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