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27 de agosto de 2017

  • 27.8.17
Yo también nací en el 44. Como Miguel Ríos, Rafael Escuredo, primer Presidente de la Junta de Andalucía, y decenas de miles de andaluces somos parte de la generación puente, de los niños del pan con aceite que pasamos de la letrina al jacuzzi, de cuatro automóviles en Baena a seis mil, de la pluma y el tintero al Big Data. Esquizofrénico. En la Baena negra de una postguerra interminable me evadí de la realidad con la lectura y el cine. Mi madre, lectora impenitente, heredó de la suya libros y poco más. ¡Bendita herencia! El portero de aquella fábrica de sueños que era el cine, trabajaba en la modesta imprenta de la familia. En el Coliseo Baena y en el Cine Terraza conocí que el mundo era muy grande, casi tanto como mi imaginación.

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Los héroes clásicos y hollywoodienses se me aparecían por las noches invitándome a compartir sus hazañas de luchar contra los malvados, ayudar a los desvalidos y rescatar a la dama. Ya de día, las leyendas de terror de una guerra paradigma de nuestros demonios históricos que perdió España frente a sí misma, las oía en crónicas de mecedora y botijo y las vislumbraba en las afligidas miradas de madres y padres que no alimentaban a sus hijos con amor y caridad salvaconciencias.

Estudié Bachiller en la academia de Don José Santano. A los trece años simultaneé estudio y trabajo en una librería. A los dieciocho funcionario interino y a los diecinueve definitivo. Las primeras clases en las escuelas Hermanos Bermúdez Cañete, que inauguré como profesor, y en las Micro Escuelas. Comenzaban los 60 y persistían los 40 para muchos de mis alumnos que, con sus padres en la emigración y sus madres consumidas de menestererosa tristeza y soledad, plasmaban en sus vientres hinchados de inanición, ateridos de frío y la mirada huidiza de animalillos acorralados, que la postguerra no había concluido. ¿Tú de quién eres?, preguntaban a niños de seis o siete años para discernir si eran dignos de formar parte del grupo de los suyos.

Con este bagaje, con mi meditada apuesta social-demócrata y con mis libros de historia de Filosofía y Letras llegué a la política activa de la mano de Fernando Castilla en el 79 y tras el fiasco de nuestra candidatura volví en el 83 con Fernando, Antonio Moreno, Cristóbal Tarifa, Manolo Baena y un nutrido grupo de compañeros del PSOE, todos ligeros de equipaje.

Porfié por mantener coherencia en la intrincada selva de la política y me así a constantes que siempre pretendí mantener como guía; el tiempo histórico no es el tiempo político; sólo la utopía consigue lo posible al anhelar lo imposible; no dar ninguna batalla por perdida si la causa es justa y beneficia a la sociedad; gobernar es decir no a los que medran por poderosos que sean; aporta tú al cargo y no el cargo a ti; no seas otro Peter memo y pernicioso; renuncia a todo progreso material o ventaja aunque sea legal pero casi siempre inmoral.

Acometimos el cambio físico con celeridad pues sin él no habría cambio social ni económico. En estos años cimentamos el modelo que sorprendería a propios y extraños.

En 1983 y hasta finales de 1986 fui el primer Delegado de Gobierno de la Junta de Andalucía en Córdoba desde donde pasé a Obras Públicas y Transportes a principios de 1987 y hasta 1995. Las dos Delegaciones más importantes de la Junta. Insólito y providencial para Baena fue que durante 8 años compatibilicé mi cargo en la Junta con la primera Tenencia de Alcaldía, portavoz del grupo y Delegado de Obras y Urbanismo en el Ayuntamiento de Baena. Gozaba de la confianza del Presiente Rodríguez de la Borbolla, muy próximo al Vicepresidente y amigo José Miguel Salinas Moya, y de muy buena relación con mi Consejero Jaime Montaner. José Miguel Salinas estuvo en un tris de ser Presidente de la Junta si no lo hubiera truncado Alfonso Guerra en una conversación telefónica de la que yo fui testigo. Todo apunta a que hubiera sido uno de sus hombres de confianza en el Gobierno pero ciertamente no sé qué le habría respondido, pues ya había declinado ser Gobernador Civil y posteriormente Presidente de la Diputación rechazando una propuesta, iniciativa del propio Manuel Chávez. Lo único que tuve claro era mi deseo de ser Alcalde de Baena y cambiarla radicalmente, cuando Antonio diese por concluido su ciclo.

Encontré equipos técnico-jurídicos de primer nivel en la Delegación de Obras Públicas y Transportes, Pepe Rodríguez Rueda, Pepe Requena, Manuel García de la Cruz, Rafael Román... y en el Ayuntamiento Manolo Albendín, Pepe Ríos, Antonio Clavero, Pepe Barcos, Javier Sánchez, Isabel Jiménez, Rafa Navea... Comprometidos, cualificados y leales hicieron posible la ingente tarea que en la Junta y en el Ayuntamiento comenzó a cambiar la provincia y Baena. Yo soñaba con una Andalucía y una Baena distinta. Todos los días amanecía con diez ideas de las cuales ocho pasaban a proyecto y cuatro o cinco a la realidad. Ritmo trepidante y las manos llenas de obras. Veinticuatro horas diarias y un altísimo precio pagado en abandono cuando más me necesitaban mis hijos. Raquel salvó la familia. No sé si volvería a hacerlo, pero seguro que no de la misma forma. Conseguí el respeto, la lealtad y el reconocimiento de aquellos excelentes trabajadores de lo público.

Seguí el orden lógico de la planificación, la táctica y la estrategia. Primero el modelo urbano y territorial de presente y de futuro, progresista y sin extravagancias frustrantes. Al mismo tiempo la realización de equipamientos e infraestructuras. En Baena comenzó el cambio.

Diseñamos el modelo urbano a partir de las normas subsidiarias del 82, tan polémicas por su ideologización comunista y su complejidad técnica de gestión imposible que paralizó la construcción. No obstante, no dejamos a un lado sus aportaciones, especialmente su apuesta por el centro histórico. No fue un camino de rosas pero las dificultades me confirmaban lo acertado de la orientación iniciada.

En 1987 como Delegado de Obras Públicas presenté la primera exposición de “revitalización del Casco Antiguo de Baena” y ya decía: “El trabajo que presenta en esta exposición el Ayuntamiento de Baena viene a cumplir el deber de la corporación de demostrar ante los ciudadanos un resultado y un camino emprendido en la tarea de recuperación y revitalización de su Casco Antiguo” y continuaba “Es necesario conseguir con estas actuaciones recuperar la centralidad como lugar de relación y encuentro como la Casa del Monte, la Casa la Tercia, las Casas Consistoriales, el Teatro Liceo y el realojo de las Instituciones Administrativas”. En 1988 escribía “Es un sueño que toma forma y se hace realidad año tras año, que se contrasta con el impacto territorial de nuevas y remozadas carreteras, que se anticipa en la revisión de las normas subsidiarias para dar respuesta inteligente a los nuevos tiempos, que se hace historia y justicia en la rehabilitación de barrios marginales, que muestra su vocación de futuro en los suelos industriales y en ámbitos deportivos y se vuelca en conseguir el difícil equilibrio casco-ensanche”. También en 1988 con motivo de la exposición de revitalización del Casco Antiguo, desde Obras Públicas se editó una revista en la que tuve ocasión de escribir “Esta exposición que se muestra en estos días es una secuencia de otras que con fecha de Abril 1987 – Julio 1988 se abrieron al público en la Casa de la Tercia y en el nuevo Ayuntamiento… El primer premio de Arquitectura de Andalucía y el primer premio de los Colegios de Arquitectos de Andalucía Occidental sancionan lo acertado del camino emprendido”. Publicamos la primera revista de Urbanismo y Arquitectura desde el Ayuntamiento en la que tuve ocasión de hacer pedagogía sobre el modelo que propusimos tanto urbano como territorial. En 1990 abrimos al público la exposición URXXI, la secuencia histórica del crecimiento de una ciudad. Recuerdo este enunciado en una fugaz conversación con Manolo Albendín y Pepe Ríos a los que pareció adecuado para nuestro propósito. También en 1990 la exposición de revitalización del Casco Antiguo fue tomada como modelo por la Junta de Andalucía para mostrar lo acertado de la transformación llevada a cabo en Baena por toda Andalucía. Y en 1993 la exposición Baena en Punto fue el compendio del esfuerzo realizado en años anteriores y así lo reflejé “Esta exposición quiere ser una pausa en nuestra vida individual para reflexionar juntos sobre nuestra vida colectiva… con la realidad física que se transforma para construir la ciudad y ordenar recursos territoriales que pergeña una realidad social y una sociedad más avanzada y solidaria”.

Por pasar de la agro ciudad a la modernidad Baena se consolidó como referencia andaluza, porque a nadie escapaba que partíamos de un atraso histórico.

El Ayuntamiento acometió la dotación de infraestructuras básicas y servicios de los que en algunos barrios se carecía o eran muy deficitarios: alumbrado, red de aguas, alcantarillado, pavimentación, acerados. Decenas y decenas de actuaciones con alguna dudosa ejecución como el adoquinado de la Calle Amador de los Ríos. En equipamientos, la remodelación de la Casa del Monte, el Edificio de la Escuela Taller, el Pabellón Polideportivo, las piscinas, la Videoteca, la Casa de la Juventud… y al tiempo se iniciaron políticas sociales y culturales siguiendo el rasgo de los nuevos tiempos democráticos.

Pero fue la Junta de Andalucía, fundamentalmente la Consejería de Obras Públicas, quien impulsó la transformación de Baena: la rehabilitación del edificio de la Tercia, el Parque de la Cañada construido sobre un vertedero, el Teatro Liceo que consolidó la ladera, al igual que el Ayuntamiento, el Pabellón y la Plaza de la Constitución, obras del brillante arquitecto Juan Cuenca, el Hogar del Pensionista de la Calle Alta, la Estación de Autobuses, el Mercado Salvador Muñoz, el Colegio Puerta Córdoba, el Conservatorio de Música, la depuradora de aguas…

El éxito del modelo urbano propuesto en la revisión de las normas subsidiaras se produjo cuando los baenenses comprobaron que lo expuesto se transformaba en realidad y progreso. Como Delegado de Obras Públicas era el presidente de las empresas urbanizadoras GESTUR y EPSA (Empresa Pública de Suelo de Andalucía) a las que di instrucciones de desarrollar, tras estudiar su viabilidad, los planes parciales de San Antón industrial y residencial, Quiebracostillas industrial con tolerancia residencial, Zambudio residencial que pasó a iniciativa privada. Abro un paréntesis para agradecer a Rafael Onieva su generosa aportación a la construcción de la Baena moderna. Cedió suelos al Ayuntamiento muy por encima del 10% obligatorio y regaló la manzana triangular que no supimos gestionar adecuadamente. Cierro el paréntesis recordando que fue quien salvó al Ayuntamiento de una difícil situación que se produjo entre el 91 y 95 porque el Tribunal Supremo sentenció a favor de los expropiados del Polígono de los Llanos con altísimo costo para el Ayuntamiento. Aunque yo en esos años no fui concejal, negocié ya de alcalde la venta de los Llanos con Rafael Onieva, que nos liberó de una pesada carga. No me desvinculo en los Llanos de ninguna responsabilidad pues fue una propuesta que yo había hecho para frenar la fuga de inversores baenenses al polígono de Luque. Rafael Onieva continuó aportando a Baena.

Había concebido el futuro de Baena basado en tres pilares, el olivar, la centralidad territorial y la atracción de Baena como ciudad media de servicios de excelencia turístico-comercial y cultural, diversificando nuestra producción en un paisaje urbano moderno sin perder su esencia.

La vertebración territorial era pieza esencial. Mejoramos desde Obras Públicas nuestra comunicación con Albendín, Valenzuela, Cañete, Carteya y a través de la Nacional 432 con Castro, Luque y Zuheros. Se fundó la Mancomunidad del Guadajoz Campiña Este, a la que puse nombre y redacté el documento base fundacional que sirvió a Luis Planas, Consejero de Agricultura y Secretario General del PSOE, para el acto de presentación. Tuve la oportunidad de ubicar la primera ITV en el Polígono de los Llanos. También solicité a mi consejero Jaime Montaner que la redacción del proyecto del pantano de Vadomojón, que se retrasaba año tras año, la financiase la Consejería con un presupuesto de 250 millones de pesetas, a lo que accedió. Lo más importante para Baena fue la construcción del eje intermedio Úbeda–Jaén-Málaga, que trazado por el puente San Juan hacia Priego hubiese dejado a Baena aislada de la costa y del hospital de Cabra. Después de un profundo debate técnico-político en el que como Delegado participé activamente, la Dirección General optó por el trazado actual cerca de la estación de Luque por razones técnicas, económicas y territoriales. Baena no queda aislada aunque tuvimos que desistir del eje Andújar-Baena-Lucena por las mismas razones por las cuales se descartó el primer trazado.

No exento de emoción dejo para el final la remodelación integral del barrio de San Pedro con sus habitantes dentro. En 1984 convoqué como Delegado de Gobierno de la Junta una reunión de coordinación en Baena y una visita al gueto de San Pedro. Mi amigo Pepe Rodríguez Rueda a la sazón Delegado de Obras Públicas quedó horrorizado al contemplar las condiciones de vida de cientos de personas que como trogloditas se hacinaban en cuevas sin servicios ni comunicaciones en condiciones infrahumanas. Nos conjuramos en cambiar esta situación e iniciamos una de las operaciones más complejas y costosas de vivienda social en municipios andaluces, excepto capitales. Pasé a Obras Públicas en el 87 por lo que pude impulsar esta compleja tarea que nos llevó más de 15 años plagada de dificultades. En los nueve años en los que fui Delegado de Obras Públicas pude dejar construidas o proyectadas todas las viviendas e infraestructuras. Aquellos niños que en las noches de invierno me acogían y guiaban de la mano entre caminos resbaladizos, restos de obras y cuevas, con hogueras encendidas, ¡está aquí el Luis!, gritaban para comunicarse, me marcaron para siempre. Yo soy de San Pedro. Cristóbal Tarifa hizo un buen trabajo de campo en la gestión de los suelos que carecían de cualquier título acreditativo. Continué la política de construcción de vivienda social para dar hogar digno a marginados y para llenar vacíos de centro histórico, Cava, Cambroncillo, Rodrigo Cubero, Calle Mesones, Calle Ramón y Cajal… cientos de viviendas y un compromiso de muchas personas, servidores públicos, que no escatimaron esfuerzos.

Pido disculpas por el inevitable egocentrismo que comporta el relato de lo vivido en primera persona de forma apasionada, obcecado hasta la extenuación por hacer realidad el objetivo. No me movió nunca ni la vanidad ni el interés material. Lo primero porque para quienes aspiramos a lo excelso la vanidad es una vulgaridad en la que procuramos no incurrir. Nunca me jacté de nada ni busqué el aplauso fácil ni la lisonja, si acaso todo lo contrario. Con satisfacción estimulante he asistido a muchas inauguraciones, discursos y honores para otros de obras, escritos e ideas que yo había gestado con lo mejor de mí mismo y años de trabajo. Lo único importante era hacer y transformar Baena y eso nadie podrá arrebatármelo. Durante mi mandato de Alcalde se ejecutaron cientos de alumbrados, urbanizaciones, pavimentaciones, alcantarillados, saneamientos, ajardinamientos, mobiliarios, etc., que no inauguré y cuando lo hacía por la importancia de los equipamientos o porque me lo demandaban los vecinos, en la placa siempre se puede leer “El Alcalde de Baena inauguró…”, sin mi nombre y apellidos. Como puede verse en todos los aparcamientos, en todas las plazas importantes de Baena, en la Piscina Cubierta, en las Instalaciones Deportivas, etc. Sólo aceptaba inmortalizarme cuando la inauguración era compartida con otras Administraciones y tenía que seguir el protocolo.

Y en lo relativo a lo material sólo un apunte; nunca adquirí suelos ni parcelas de los que gestioné ni en la Junta ni en el Ayuntamiento que son la mayoría de Baena a pesar de que San Antón con su maravillosa perspectiva del centro histórico me fascinaba, porque el político debe ser honrado y parecerlo. No cobré dieta ni viajes en 8 años de Teniente de Alcalde, mi nómina de Alcalde era la misma que la de profesor, con mi retirada política dejé de ingresar al menos 40.000 euros. En mi jubilación, al no haber cotizado el Ayuntamiento con los mismos parámetros que ha aplicado a políticos y trabajadores de inferior nivel y titulación, mi nómina es inferior a la que debería ser. Aunque sinceramente el dinero nunca ha sido una aspiración vital, está claro que quienes deberían haberse ocupado no lo hicieron. Tampoco busqué votos a cambio de favores. Si lo hubiera hecho jamás hubiera perdido la mayoría absoluta por 50 votos en el peor momento del PSOE.

Comenzamos a catapultar Baena del siglo XIX al siglo XXI sin haber vivido el XX y yo me sentía plenamente realizado en la medida en la que mejoraba la vida de los baenenses y su autoestima, que había sido avasallada por siglos de decadencia y feudalismo.

Mis errores y algunos síntomas de envilecimiento de la vida política a partir de los 90, casi siempre vinculados a los que hicieron de la política su profesión, tendré ocasión de analizarlos en próximos capítulos. Pero nada que ver aquellos polvos con el lodazal que es la política local actualmente.

LUIS MORENO CASTRO

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