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5 de julio de 2017

  • 5.7.17
Ahora que aún me queda el recuerdo; ahora que aún no me traiciona la memoria; ahora que aún no me han doblegado ni las dádivas ni las amenazas, y antes de que la senectud me amilane y marchite la rebeldía que aún me mantiene vivo, quiero dejar testimonios de mis vivencias –cuya veracidad puede ser contrastada documental y testimonialmente– porque he decidido que no debo dejar que el “plumífero de turno” reescriba la historia al servicio de sus fobias y filias o simplemente del poder político que con el peculio público incita la venalidad –al menos de los treinta años, aproximadamente, de los que puedo dar fe pues en gran medida, aunque suene grandilocuente y a buen seguro seré blanco de escarnios, protagonicé, al ser uno de los políticos que más ha influido en la historia contemporánea de Baena–.

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Así pues, es posible, que vuelva a relatar episodios de la reciente historia de Baena que nadie podría hacer por mí pues a nadie trasladé o simplemente lo interpretarían con docilidad y corrección política, muy al contrario de mi comportamiento heterodoxo dentro de mis siglas y defendiendo lo que creía favorable para Baena contra “tirios y troyanos”. Pues, aunque suene presuntuoso, tuve un proyecto de ciudad y de sociedad desde 1983 que, con errores y aciertos, se transformó en realidad y cambió Baena radicalmente.

Volvamos al enunciado: la Ley de la Memoria Histórica en Baena no ha finalizado en sus ambiciosos objetivos que, en algunos supuestos, no son de fácil cumplimiento. Sin embargo, en mi opinión, es de los aspectos de nuestra convivencia de los que podemos sentirnos más orgullosos, siendo yo tan crítico con nuestro modelo sociológico como lo he sido a lo largo de muchos años.

Soy consciente de que me expongo a la afilada crítica de quienes piensan que es mejor no remover el pasado, que no suelen ser los descendientes biológicos de los vencedores, sino sus testaferros e imitadores, pero también seré objeto de malintencionados comentarios por parte de los que consideran que en nada se ha avanzado porque nada hicieron ellos, y que todo está por hacer.

Mi respeto a unos y otros que son minoría y mi agradecimiento a la inmensa mayoría que hicieron posible la reconciliación y la reparación nada fácil en la Baena de la postguerra tras sufrir uno de los capítulos más espeluznantes de nuestra incivil guerra del 36. Acontecimientos en los que tuve una decisiva intervención y la iniciativa:

1.- La demolición del antiguo Ayuntamiento, la construcción del nuevo y la remodelación de la Plaza

El 18 de julio –casualidades de la vida– de 1985, sustituía en mi calidad de primer teniente de alcalde al alcalde. El debate sobre qué hacer en este complejo asunto llevaba abierto meses. Alianza Popular se oponía, lógicamente, a la demolición del vetusto edificio y a la remodelación de la Plaza, que eran símbolos sagrados de los vencedores.

Inexplicable –al menos por razones ideológicas– la hostilidad del grupo comunista liderado por Carlos Arenas. Con esta operación –la polémica sobre remodelación o demolición estaba abierta– tuve claro que era una apuesta arriesgada porque nos jugábamos la transformación de la sociedad y el cambio del paisaje urbano en las postrimerías del siglo XX.

La reconciliación y la reparación de los vencidos comenzó con esta actuación. El viejo Ayuntamiento con un “pastiche” amable de fachada del neoclásico franquista de los cincuenta con enorme escudo, era un edificio incapaz de albergar los servicios que debían prestarse a los ciudadanos en democracia y de difícil conservación; al mismo tiempo, representaba la prepotencia de los vencedores.

Pero la Plaza era el lugar maldito para miles de baenenses que no la pisaban porque en ella habían sido asesinados sus familiares, amigos o correligionarios en número de varios cientos convirtiéndose en uno de los más horrendos acontecimientos de la Guerra en España.

Y llegó el día del Pleno. El PSOE contaba con siete concejales de los 17 de la Corporación. Con inquietud mantuvimos el tipo y con el apoyo de Paco Ortiz, del PTA, conseguimos los ocho votos que, con el mío de calidad como alcalde, permitió sacar adelante la votación frente a los cuatro de Alianza Popular y a los cuatro del Partido Comunista. Recuerdo la enérgica y elegante intervención de Francisco Alcalá de La Moneda, portavoz de Alianza Popular, y la diatriba de Carlos Arenas, del Partido Comunista. Ambos grupos abandonaron el Pleno.

Aquella noche conocí la soledad del político honesto. Pepe Barcos me brindó su compañía en el Llano, que era mi lugar de tomar la copa. Para tamaña decisión había esperado a que no estuvieran en Baena ni el secretario ni mi familia que, a buen seguro, queriéndome bien, me hubieran aconsejado no hacer nada.

Fue una de las decisiones más acertadas de mi vida. A partir de ese día, Baena cambió en todos los órdenes y para bien. El comportamiento de los baenenses, ejemplar. A los tres años, el alcalde y el presidente de la Junta de Andalucía inauguraron el nuevo Ayuntamiento en el acto más multitudinario que Baena conoció.

Aquella noche soñé que otra Baena era posible. Fruto del azar fue que, también por ausencia del alcalde, presidí el primer pleno celebrado en el nuevo edificio. Aprobamos una declaración institucional que yo redacté a “vuela pluma” y que puede verse a la entrada del Ayuntamiento en una deteriorada placa que debería ser repuesta y que dice así:

“Que este nuevo edificio, que fue concebido desde la libertad y para la libertad, nunca en los tiempos venideros se vea mancillado por el oprobio de la tiranía ni por la brutalidad de cualquier forma de dictadura. Que sea foro de debates y opiniones de los legítimos representantes del pueblo de Baena, que sirvan para mejorar y dignificar la vida de todos sus ciudadanos y que, en suma, en estas paredes se oigan siempre voces que defiendan los derechos de los ciudadanos, la dignidad de Baena y las causas de los débiles y marginados. Declaración Institucional del Primer Pleno, celebrado en estas Casas Consistoriales el día 27 de julio de 1988”.

2.- La Cruz de los Caídos

En julio de 1998 di instrucciones al técnico municipal José de los Ríos Trillo a fin de que procediera a la demolición del símbolo que culminaba la perspectiva de Baena desde todos los puntos cardinales y que era el “tótem sagrado” de los vencedores y la humillación de los vencidos.

Cuando una cruz, para los que tenemos valores cristianos, simboliza todo lo contrario. Con la eficacia y capacidad acreditada durante décadas en aquel amanecer de julio, no quedaba ni una mota de polvo de aquella inmensa mole de hormigón.

Mi agradecimiento y supongo que el de todos a Don Juan, Don Guillermo recientemente fallecido, y Don Virgilio, que supieron ver el ánimo de reconciliación que perseguía. Solicitaron instalar el Crismón de Baena en la Medina como símbolo cristiano y hoy puede verse en la Placeta Marinalba. La población, sin distinción, reaccionó con un altísimo grado de civismo que echo en falta en los momentos presentes.

3.- Las Placas de San Francisco

La primera consideración que se debe tener en cuenta es que San Francisco es propiedad privada porque pertenece a la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, no al Obispado. La gestión fue muy complicada y duró desde 1997 a 2010.

El texto de la placa del Camerín de Jesús Nazareno era de una agresividad propia del momento de la masacre que tuvo lugar en el convento, en el que fueron asesinados rehenes y familiares de supuestos franquistas de la manera más atroz. En el patio también una placa recordaba con un texto de la época los nombres de todas las víctimas.

Tenía fijación en cambiar aquellos textos de estas placas desde el primer día que fui alcalde pues el “templo de Jesús Nazareno” no podía dividir a los baenenses que, unidos por la devoción, rezaban a su patrón y, porque al mismo tiempo, recibía la presión de quienes, legítimamente, querían construir un monolito con los nombres de los ejecutados en el paseo, que eran cientos. Agradezco a José Luis Marín su pacífica forma de reivindicar la dignidad y reparación de los vencidos. Nadie más constante y firme que él.

Allá por 1997, Pilar Tuñón, José González Pertiñez, no recuerdo si algún concejal más y yo, visitamos al obispo Infantes Florido para plantearle la situación y hacerle ver la necesidad de no continuar con el agravio en un templo cristiano. Nos atendió, nos prometió hacer cuanto estuviera en su mano pero nada cambió.

Posteriormente, en los primeros años del siglo XXI, lo intenté de nuevo con monseñor Martínez, hoy arzobispo de Granada. Comprensivo y atento, no pudo o no insistió lo suficiente para vencer la resistencia de la congregación que se negaba radicalmente a permitir cualquier alteración por nimia que fuera. En aquellos años, con Felipe Calderón como hermano mayor, hubo un cambio de ubicación de la placa del camerín y alguna pequeña alteración en el texto y se sustituyó la cristalera con los impactos.

En 2008 tuve la fortuna de conocer a monseñor Asenjo Pelegrina, actual arzobispo de Sevilla, con el que me honro en su amistad, que fue providencial para hacer que San Francisco sea un templo de todos y para todos los baenenses.

Comprendo que para algunos serán pocos los cambios y que, para otros, no habría que haberlos hecho, ya que el templo y el convento es, reitero, propiedad privada. Sin el concurso del obispo Asenjo Pelegrina, que dio muestras de inteligencia, delicadeza y espíritu de reconciliación en su entiendo que difícil acuerdo con la superiora, no hubiera sido posible este cambio que representa mucho si nos ponemos en el contexto. Existe un delicioso intercambio epistolar de matices sobre el texto en el que el arzobispo dio una muestra de su sensibilidad, espíritu cristiano e inteligencia que no hago público por su conocida modestia.

No quiero olvidar la colaboración discreta y comprensiva del párroco Don Manuel Cuenca, del hermano mayor Javier Muñoz y la positiva tarea del concejal de Cultura, José Tarifa.

Textos modificados:

 -Texto original: “Siendo profanada esta Iglesia por las hordas marxistas el 28 de Julio de 1936 dispararon once balas a nuestro Padre Jesús Nazareno y ninguna de ellas le impactó”.

-Texto modificado: “Durante la Guerra Civil Española, en esta Iglesia, perforado el cristal del Camerino de Nuestro Padre Jesús Nazareno por once impactos de bala, ni uno sólo le tocó”.

En la placa del patio se suprimió “injustamente” y, prácticamente, sólo quedaron los nombres de las víctimas. Habíamos contribuido a la reconciliación y yo sentí la satisfacción de haber avanzado en este camino tras años de intentos. No he conocido ningún comentario crítico sobre este trascendental paso positivo.

4.- Las fotografías de los militares represores en el Casino

Los retratos de los militares que, precedidos por el de Franco, adornaban las paredes de la sala de lectura del Casino eran una provocación permanente al espíritu de reconciliación, pero no se puede olvidar que el Casino es una sociedad privada.

Estos militares habían sido los responsables máximos de la matanza del Paseo. Intenté durante años con distintas juntas directivas que desaparecieran para abrir el Casino a toda la sociedad. No lo conseguí hasta que, aprovechando una importante obra de remodelación financiada con fondos FEDER que consolidó el Casino en la Plaza, el presidente Vicente de Hita Fernández y su junta directiva acordaron, con elegante discreción y sin polémica, retirar las fotografías y hacer del Casino una sociedad recreativa de futuro y no de pasado. Aprovecho para felicitar a la actual junta directiva que está abriendo la sociedad a toda Baena.

Todos los alcaldes hemos cambiado nombres de calles y plazas, creo que salvo los dos últimos. Aún quedan algunos rótulos del callejero, pocos, que deberían ser sustituidos, pero en general en Baena no se ha necesitado esperar a la Ley de la Memoria Histórica, aunque no todo puede darse por finalizado. Recomiendo tacto y prudencia, pero no tibieza.

No quiero olvidar la aportación de Fernando Castilla que, en los años del mandato de Antonio Moreno, dignificó los restos de los fusilados en las tapias del cementerio y en otros lugares, enterrándolos en una fosa común donde se les rinde homenaje por familiares y baenenses. Desconozco si se ha solicitado alguna exhumación. En mi periodo como alcalde, no.

Como muchos baenenses, no puedo entender ni comprender la votación que la Corporación llevó a cabo en 2016 ante una moción de IU para retirar los honores a los responsables de la represión, dejando a un lado los apellidos baenenses –por tanto, una moción light–.

Se perdió una magnífica ocasión para dar ejemplo y avanzar. El PP, para separarse del franquismo de una vez por todas y para demostrar su espíritu de reconciliación, debería haber votado a favor. Ciudadanos, para evidenciar que es un partido de su tiempo. Izquierda Unida propuso una moción inteligente, lo que no suele ser frecuente en la política baenense. Y el PSOE evidenció que más que un grupo político es otra cosa que me reservo.

Tres tenientes de alcalde y un concejal se abstuvieron con la autorización del alcalde, demostrando que no cumplen ni las leyes de su propio Gobierno e incumpliendo la disciplina de voto, pues no existe voto en conciencia contra ley y porque este acto fue antiestatutario y lamentable para los miles de votantes del PSOE.

En mi opinión, y consta así en los estatutos, el alcalde y los cuatro concejales deberían haber sido sancionados, al menos económicamente. Se perdió una oportunidad para enterrar el guerracivilismo de una vez por todas en Baena. Confiemos en que no retrocedamos en lo mucho que hemos conseguido entre todos, que no es ni más ni menos que la reconciliación y la dignidad para todos por igual de los que fueron las víctimas de aquella página negra de nuestra historia.

LUIS MORENO CASTRO

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