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22 de febrero de 2017

  • 22.2.17
Si el problema del Mar Menor Muerto o el de la Bahía de Portman –donde millones de toneladas de residuos mineros letales para la vida han anegado y tapado una bahía, excelente puerto de abrigo por millones de años– fuera un tema netamente de la Comunidad de Murcia, que no tuviera trascendencia fuera de ese territorio, la cosa se dejaba como está, para uso y disfrute de los murcianos que lo han consentido y provocado.



Murcianos que al hacer su santa voluntad (nunca mejor dicho, pues en breve va a ser declarada Murcia tierra santa, tierra de milagros, sucursal del cielo vaticano) han envenenado biológicamente al Mar Menor con microorganismos incontrolados que ya están afectando al Mediterráneo y es, por tanto, un asunto que no se puede dejar en mano de los irresponsables e indiferentes murcianos, cuyas preocupaciones, si existe alguna, no pasa precisamente por respetar el medio ambiente.

La muerte del Mar Menor de Murcia es un tema que sobrepasa la locura de la dejadez murciana y afecta a todo el Mediterráneo. Y si afecta en un principio a todo el Mediterráneo, directamente le está afectado a España y a más países. Y es, por tanto, un asunto que sobrepasa por su gravedad nuestras fronteras, y tiene un ámbito de perjuicio internacional, aunque se intente obviar en Murcia en razón de unos podridos intereses políticos de grupo.

Sin llevar la cuenta de las veces que he asistido a documentadas conferencias, mesas redondas y demás actos, en todos ellos se suele exponer de un modo fehaciente, sin alarmismos de ninguna clase, la triste verdad de la muerte y desolación incontrolable que impera en las aguas de una albufera preciosa, el Mar Menor, que tuvo la mala suerte de emerger en la Comunidad de Murcia, y ahora, la preciosa en su día albufera, está haciendo de alambique de muerte inoculando en el Mediterráneo venenos incontrolables de consecuencias totalmente desconocidas.

Una comunidad, la de Murcia, de la que estaba deseando salir administrativamente Albacete, y que cuando se le dijo a Almería si quería pertenecer a Murcia, apenas nos apedrean y con motivo, que dentro del tremendo drama del envenenamiento del citado Mar Menor Matado, la única acción que se está haciendo por meses y años es la clásica visita del político de turno, casco protector a la cabeza calado, o una máscara aséptica para la foto en los medios subvencionados, con declaraciones a sabiendas de que goza de impunidad total todo lo que diga porque nadie se lo desmentirá, y dirá, allí y cuando interese, que el Mar Menor se está recuperando de su muerte total, y en breve sus aguas se embotellaran para curar, por ejemplo, el estrabismo.

Pasan los meses desde que agonizó el Mar Menor y dejó de vivir a simple vista, y en su muerte anunciada, nadie, oficialmente, institución alguna dijo nada que no fuera tímidamente y cuidando la boca y el masticar porque aquí las represiones van empapadas con la virulencia del sentimiento religioso, que a la hora de reprender no entra en consideración atenuante alguna, y los sartenazos represivos que da el poder en general puede alcanzar hasta la tercera generación.

Pero está muy claro, que los mismos que asesinaron al Mar Menor Muerto y les resulta del todo indiferente la millonaria en toneladas de productos altamente contaminantes y venenosos que anegan la Bahía de Portman, jefes políticos de cuatro o cinco estamentos oficiales y organizaciones de todo tipo que, por culpa de sus saberes y otras partidas que no son saberes pero si sabrosas en lo económico, se llevan a matar entre ellos, y siguen, sin embargo, en la vanguardia de recuperar todo el mal causado, o eso dicen.

Hasta ahora, los trabajos de recuperación, si dejamos de lado que la zona del Mar Menor Muerto y la Bahía de Portman, son buenos lugares para tomar cualquier mañana el sol político invernal, y acabar comiendo pescado de importación, previo haber metido con arrojo la punta del dedo en el agua para la foto. Todo con la esperanza de que pase el tiempo y se llegue al vergonzoso silencio nacional e internacional de Portman, nada más se está haciendo en remedio.

Los tiros de buscar responsables para cabeza de turco, siguiendo la tónica española, no se busca entre los organismos oficiales, locales, regionales o nacionales, o internacionales responsables de cuidar el medio ambiente, de cuya actividad de cuido ganan sus jornales, sino que, como siempre, al primero que pase por el camino andando, se le va a señalar, en espera de pasar página y que nuestros nietos tengan que ver los peces solo en peceras y de colores.

Por eso se está señalando a los cultivos intensivos de la zona con la esperanza de que la cosa cuaje, y se puedan llevar a buen fin que el Mar Menor desparezca y alguno listillo, de los que abundan en la Comunidad uniprovincial que se quedó sola, diga que todo el solar que resulte, era de su abuelo y se lo escriture, o vengan otros y con leyes a su favor vigentes, se lo inmatriculen en el registro de la propiedad por ochenta euros porque digan que allí pescó San Pedro.

En la zona, la gente que ha tenido la preocupación de informarse de que la pesca del Mar Menor no está acta para el consumo humano, cuando se sientan en la mesa de un restaurante preguntan de dónde es el pescado. Y si van a la compra lo mismo. Pero la pesca, algo que debería de estar totalmente prohibido hasta que autoridades totalmente imparciales, diferentes de las murcianas, tomen carta en el asunto, lo vuelvan a autorizar si consiguen resucitar a un muerto.

De las autoridades murcianas no se puede uno fiar porque lo primero son los intereses, y como está más que demostrado que a mayor atropello social, mayor número de votos depositados en favor de los causantes del asesinato ecológico, la cosa puede empeorar a un mucho más impredecible, mientras que los tambores políticos resuenan cultas grandezas, que ya resuenan, de que lo que no mata al segundo, engorda.

Del mismo modo que la mayor catástrofe medioambiental que se hizo en el Mediterráneo le cabe el honor de haberla realizado a la Comunidad de Murcia, que es anegar con estériles mineros la hermosa y millonaria en años Bahía de Portman con millones de toneladas de estériles vertiendo a caño abierto al mar, y tal asesinato apenas se conoce fuera de esta zona a pesar que su envenenar está activo al día y minuto de hoy, el planteamiento murciano es darle el mismo tratamiento a todo, y que todo se olvide, aunque sus daños ecológicos afecten a todas las casas a modo de epidemia silenciosa.

El despojar a la Comunidad Autónoma de Murcia de todas las competencias para el intento de la solución de los dos grandes delitos ecológicos que nos afectan a todos los españoles, es algo que no podemos dejar en el cajón del olvido y la dejadez, porque en cualquier momento nos podemos ver surgir de las aguas del Mar Menor millones y millones de criaturas deformes, como ya están los langostino y unos raros caracolillos.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

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