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19 de junio de 2016

  • 19.6.16
La historia de la música pop y rock tiene ya auténticos iconos que sirven de referencias para los cantantes y grupos actuales y que sirven de modelos para avanzar en los procesos creativos, porque hay que entender que dentro de cualquier manifestación artística no se crea a partir de la nada, sino que, incluso, las mentes más lúcidas han buceado en quienes les precedían para dar pasos hacia adelante.



Esto que comento tiene relación con un elepé que el 16 de mayo pasado llegó a sus cincuenta cumpleaños de su salida al mercado. Me estoy refiriendo a Pets Sounds de los Beach Boys, disco memorable que fue el que impulsó a los Beatles a lanzarse a la publicación, un año después en 1967, a sacar el que se ha considerado por los especialistas como el mejor de todos los tiempos, es decir, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, disco que fue el primero en comentar en esta sección.

Bien es cierto que el Sgt. Pepper’s no solo fue la respuesta que dio el cuarteto británico al reto que les lanzaban ‘los chicos de la playa’ desde el otro lado del Atlántico, sino que, además, tuvieron la genial idea de encargar la portada al diseñador Peter Blake, logrando no solo ser un elepé que abriría caminos insospechados, sino que la carátula se convertiría en un verdadero icono visual y que gente como Frank Zappa lo tomaría, con su ácida ironía, para que fuera una especie de réplica en uno de sus discos.



Pero comenzamos por el principio. The Beach Boys nacieron como banda de pop rock en el año 1961, en la ciudad californiana de Hawthorne. Pronto se convertirían en el grupo juvenil que invitaba a disfrutar del eterno verano de las playas de California, al sol y portando una tabla de surf. No es de extrañar, pues, que sus tres primeros discos fueran Surfin’ Safari, Surfin´ USA y Surfer Girl. Música alegre y desenfadada en la que las armonías vocales eran una de las bazas del grupo.

Pero los nacientes Beatles apretaban muy fuerte desde el Reino Unido. Esto dio lugar a que Brian Wilson, líder del grupo en el que se encontraban sus hermanos Carl y Dennis, junto a su primo Mike Love y su amigo Al Jardine, se planteara llevar a cabo una obra maestra. Para ello, se encerró en los estudios con el fin de lograr esa alta meta que los lanzara al Olimpo musical.

“Pero ¿quién va a escuchar esta mierda?”, le soltó Mike Love, la primera voz del grupo, a Brian Wilson cuando escuchó las pruebas grabadas y comprobó que el giro que daban era de ciento ochenta grados con respecto a los planteamientos de las canciones que habían realizado hasta entones.

Pero Mike se equivocaba: el derroche de imaginación y cambio que se escondía en Pets Sounds sería reconocido más tarde incluso por los propios Beatles, quienes tomarían este trabajo como referencia para crear ellos otra maravilla que saldría al año siguiente. Y dentro de los doce temas que conformaban Pets Sounds destacaba la versión que realizaban de la canción tradicional Sloop John B, en el que las armonías vocales brillaban a gran altura como anticipo de esa otra joya que estaría por llegar: Good Vibrations.

Sin embargo, tengo que indicar que la portada no aportaba nada especial, al tiempo que no tenía ninguna relación con el contenido musical de la obra, criterio que más tarde se adoptaría de modo general, cuando música e imagen acaban relacionándose.

La carátula fue el resultado de una visita que el grupo realizó al zoo de San Diego. Allí el fotógrafo George Jerman tomaría unas instantáneas de los cinco miembros rodeados de algunos animales caprinos. De las mismas, se seleccionaría aquella en la una cabra blanca ocupa el centro de la imagen. Vemos, pues, que el diseño cuidado de las portadas estaba todavía por llegar.



El 10 de enero de este año fallecía una de las grandes figuras del rock: David Robert Jones, conocido por su nombre artístico como David Bowie, el mismo con el que titularía su primer elepé que lanzaba al mercado en el año 1967.

Casi cinco décadas más tarde, y conociendo que le quedaba poco tiempo de vida, nos dejó como legado Blackstar, disco que haría el número 27 de su larga producción discográfica. Con David Bowie no solamente nos encontramos con gran músico, sino que nos vemos con un personaje poliédrico que, entre otras cosas, mantenía un especial cuidado por la propia imagen con la que se esmeraba al máximo. De ello se deriva que también sus portadas eran tratadas con especial atención.

¿Y cuál sería el disco que representaría mejor al genio londinense? Para mí no cabe la menor duda: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, que para abreviar se lo conocería como Ziggy Stardust.

Pero lo que indico no son solamente criterios subjetivos. La revista Rockdelux, en su número monográfico destinado a seleccionar los mejores 200 discos de la historia del rock, lo sitúa en el número 6, detrás de Blonde on Blonde de Bob Dylan y de It takes a nation of millions to hold us back de Public Enemy, que en su momento aparecerán comentados en esta sección.

Echando una vista atrás, conviene recordar que antes de que Ziggy Stardust viera la luz en 1972, el propio David Bowie había hecho pública su bisexualidad en la revista Melody Maker. Esto dio lugar a que creara un alter ego musical con Stardust, una especie de astronauta bisexual y supuesto guitarrista zurdo del grupo Spiders From Mars.

Nos encontramos, pues, con un disco conceptual, en el que aparecen canciones ordenadas de historias relacionadas entre sí, entre las que se encuentran las inolvidables Five Years, Soul Love o Starman.

Puesto que Bowie por entonces inauguraba el que habría de llamarse glam rock, para el diseño de la portada acude al fotógrafo londinense Brian Ward, que tiene su estudio en la calle Heddon de esta cosmopolita ciudad.

Allí en un día lluvioso, Ward toma 17 fotografías en blanco y negro, de las que dos de ellas son elegidas para la portada y contraportada. Posteriormente, serían coloreadas a mano. En la portada, aparece David Bowie en el número 23 de la citada calle, embutido en una especie de mono azul, portando en su mano derecha una guitarra eléctrica, al tiempo que su pie izquierdo se apoya en un cubo de basura.

Al ser coloreada la fotografía, se opta por un tono amarillo intenso para la farola que ilumina la calle, así como para el rótulo una peletería, en el que se indica K. West, y que, por cierto, en 1980 sería robado por un seguidor del genial artista.



¿Cuál es el mejor disco del infatigable Bruce Springteen, al que, por cierto, hemos vuelto a ver en una reciente gira en nuestro país?

Difícil respuesta, pues habrá muchos que votarían por Born to Run; otros lo harían por The River; un tercer grupo lo haría por The Ghost of Tom Joad. Sin embargo, traigo para comentar en esta sección a Born in the U.S.A., por dos razones: la primera que este se encuentra entre los mejores del cantautor estadounidense y, la segunda, porque su portada se convirtió en un verdadero icono visual allá por 1984, que fue la fecha en la que vio la luz en el mercado.

Resumir la obra de Springteen, que el 23 de septiembre próximo cumplirá nada menos que 67 años con toda la energía y furor con las que despertó en 1973 cuando sacó su primer elepé titulado Greetings from Asbury Park, N.J., es una tarea imposible, por lo que nos centraremos en el disco que en esta ocasión hemos seleccionado.

Allí está, lógicamente, la que lleva el título del disco: Born in the U.S.A. La fuerza, el grito y la furia se funden en una canción con la que homenajea a los que nacieron en el país más poderoso del planeta. Pero también la tranquila y apacible My hometown y Glory Days, que forman parte de una obra que durante siete semanas se alzó en el primer puesto de las listas estadounidenses.

En este tercer disco seleccionado sí que vemos una estrecha relación entre el tema principal y la imagen que se nos ofrece en la carátula. Ahí se encuentra en plano detalle, y por las espaldas, el torso del cantante que porta vaqueros raídos y camiseta blanca. El fondo lo configuran, alternativamente, franjas rojas y bancas, aludiendo a las de la bandera americana.

Pero la bandera estadounidense tiene un tercer color: el azul. Para integrarlo, los pantalones vaqueros vienen a solucionarlo, de modo, que la propia vestimenta de Springteen muestra los tres colores de la bandera: el blanco en la camiseta, el azul en los pantalones y el rojo en la gorra que asoma en uno de los bolsillos traseros.

Excelente portada, pues, con la que el cantante de Long Branch, en Nueva Jersey, quiso homenajear a sus compatriotas.

AURELIANO SÁINZ

DEPORTES - BAENA DIGITAL

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