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13 de mayo de 2016

  • 13.5.16
Antonio Hernando, portavoz del Comité Electoral del PSOE, acusó hace unos días a la suma de Podemos, IU, Compromís y del resto de las confluencias de ser “la vieja y vetusta izquierda comunista”, como dejando caer que los comunistas son poco más o menos que terroristas. O poco aseados. O extremistas peligrosos que se comen a los niños. O todo un poco.



En comunicación política se usa habitualmente el recurso de los “mensajes ciegos” para saber a quiénes se dirigen los líderes. Con este método se trabaja para saber si los líderes, independientemente de su ideología, están reforzando a su espectro ideológico o al contrario. Así, una persona progresista jamás diría que “el aborto no es un derecho”, al igual que un líder conservador no debería nunca jamás referirse al aborto como “interrupción voluntaria del embarazo”.

Si a Antonio Hernando se le hubiera tapado la cara y el logo del PSOE cuando ha dicho eso de “la vieja izquierda comunista” , cualquiera hubiera podido pensar que es un líder heredero ideológico del Franquismo, la versión española del fascismo que ha gobernado este país durante cuarenta años y que tenía como deporte nacional la persecución, encarcelamiento, torturas y fusilamientos de los comunistas.

En el único país del mundo en el que ganó el fascismo se da la casualidad que el estigma es ser comunista, no heredero ideológico del Franquismo. No soy comunista si ser comunista significa militar en el PCE, pero sí soy comunista si lo que significa es honrar la memoria de quienes dieron los mejores años de su vida luchando por el derecho a huelga, por la libertad de prensa, por los derechos de las mujeres a viajar sin el consentimiento de sus padres o maridos y por jornadas laborales humanas y sueldos decentes.

Cuando este país era un solar desierto y oscuro, escondido en el miedo y en el caciquismo, los únicos que elevaron sus voces para recordarle al dictador que no había ganado su maldad fueron los comunistas. Fue la única organización política organizada clandestinamente que fue abriendo agujeros de oxígeno a los muros rocosos del franquismo.

La vieja izquierda comunista, a la que se refiere el socialista Antonio Hernando, fue la que montó en España las primeras clínicas abortistas y consultas de planificación familiar clandestinas. Esta vieja izquierda comunista también atendía en consultas médicas a los hijos e hijas de los obreros desheredados por Franco que, por no tener, no tenían ni derecho a la salud.

Fueron estudiantes comunistas quienes rompieron la armonía de catedráticos y profesores franquistas en las universidades españolas, donde la libertad de cátedra era libertad para dar palos y tirar por los huecos de las escaleras a quienes se negaban al silencio instalado por la dictadura.

Comunistas eran también los primeros periodistas que, colándose por los agujeros que iba dejando la dictadura, trabajaban en publicaciones comprometidas con la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos por encima de las posibilidades del tardofranquismo. También eran comunistas aquellos actores y actrices que se atrevieron a poner en pie piezas teatrales prohibidas y que, en muchos casos, la taquilla era pasar la noche en los calabozos a base de palizas y torturas como meterles la cabeza en una bañera llena de agua.

Comunistas eran los abogados de Atocha que fueron asesinados por un grupo de ultraderecha en un despacho que cada día estaba atestado de gente sencilla que iba a reclamar un trabajo decente y dignidad frente a la avaricia de los poderosos. Comunista fue el partido que aceptó la bandera rojigualda y la monarquía, en contra de su misma ideología y en un acto de generosidad inaudito, para intentar construir una democracia decente que pusiera fin a tanto dolor y a tanto anticomunismo en forma de torturas, encarcelaciones y asesinatos.

En este país, señor Hernando, la libertad se la debemos a la vieja izquierda comunista que actuó no desde el exilio como el PSOE, sino a pie de calle, a cara descubierta, a riesgo de que se la partieran. Ahora que se habla de financiación ilegal de los partidos, poco o nada se habla de que un inexistente PSOE fue engordado con dinero de la socialdemocracia alemana para evitar que la vieja izquierda comunista canjeara en votos tantos años de cárceles, huelgas, asesinatos y martirio por defender la democracia.

Memoria histórica no significa sólo desenterrar a los fusilados por Franco, señor Hernando, es también tratar con justicia a quienes se dejaron la vida luchando por esas cosas tan poco importantes como la libertad de prensa, de huelga, de reunión, derecho a vacaciones y a un sueldo digno, un salario decente y a que las mujeres sólo fueran dueñas de sí mismas.

RAÚL SOLÍS

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