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Dos años de campaña electoral

La que nos viene encima: dos años de campaña en cuanto trasponga la Navidad. Con un poco de suerte, la continua berrea política amainará bastante durante estas esperadas y hasta esperanzadas fiestas que vienen. Puede que alcance incluso a silenciarse un par de horas o tres. Pero nuestra tregua navideña será efímera. Nada más trasponer los Reyes Magos, váyanse preparando: nos metemos en dos años, dos, de celo electoral.

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Vamos a entrar en una campaña ininterrumpida. En realidad, en España empieza cuando se recuentan los votos de la anterior, llevada hasta el paroxismo y la extenuación, y no culminará sino a finales del 2015. Con un solo pronóstico claro: alguno de los machos dominantes, de los venados con mayor harén o de las hembras alfa con derecho de reproducción acabarán expulsados del territorio y enviados a escribir memorias, que es ahora el refugio de quienes han sido desalojados del poder.

Nada más terminar de quitarse Baltasar el betún, empezaremos con las listas de las europeas, las quinielas y el consabido cuento de la lechera de unos y el no querer ver venir al lobo de los otros. Todito aderezado de encuestas para rotos, descosidos y de pago y a gusto del comprador.

Tras las urnas de primavera, habrá los consabidos voleos de campanas y la interpretación siempre interesada de los datos que habrá que analizar esta vez no solo en la clave de victoria del PP o del PSOE, sino en qué sucede con el bipartisimo y qué nivel alcanza el terremoto en la escala de Richter: si se queda en un cinco o si llega al ocho y acompañado de tsunami.

Con marejada y mar de fondo o galerna y la mar arbolada enfilaremos las municipales y autonómicas, que esas ya son de las cosas de comer. Madrid, Valencia y Castilla-La Mancha volverán a ser el fiel de una balanza y el presagio del tercer y último round donde ya se juega el campeonato y que vaya usted a saber si, en esta ocasión, quien gane a los puntos se puede llegar a quedar sin el título y sin el sillón.

Con ello podríamos tener de sobra. Pero habrá más. Y eso sin entrar en la cosa judicial. Habrá elecciones primarias en el PSOE, que vaya usted a saber por dónde sale el tiro. Que hasta pudiera que por Rubalcaba, ese presunto desahuciado al que llevan echando del piso desde hace lustros –la última anteayer-, pero que sigue teniendo las llaves de la casa y hasta del portal.

Y lo del referéndum catalán. Que con ley y la Constitución no se hará, pero que será la recurrencia continua y el agotamiento mayor. Nada bueno y para nadie va a salir de ahí.

Así que mejor saborear al máximo este año el turrón del 2013, que con buen viento se marche de una vez, porque el 2014 –aunque parece y ojalá así sea nos traiga al fin los alivios- en lo político va a ser de alivio, pero del otro. Del salir corriendo en cuanto se te acerque un candidato en celo intentando llevarte al huerto. Que lo van a tener muy crudo, pues el personal está más que escamado para dejarse meter ni en la cama ni en la urna.

ANTONIO PÉREZ HENARES