Ir al contenido principal

Triquiñuelas de espías

No es como lo cuenta The Guardian. Dicen que de los papeles que les entregó Snowden –el técnico de la NSA que se llevó miles y miles de datos de la Agencia de Seguridad Nacional- se demuestra que el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ) autorizó a sus colegas de la NSA a llevar a cabo el espionaje masivo contra sus ciudadanos. Es decir, a intervenir teléfonos e Internet para guardar información no solo de sospechosos de haber cometido algún delito, sino de ciudadanos en general.

® AD ENTERTAINMENTS ||| PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN

Habría que preguntarse quién narices es la GCHQ para autorizar el espionaje a los ciudadanos británicos, pero ese es otro tema bien distinto que nos llevaría a la triste conclusión de que los espías se creen que son los guardianes y dueños de nuestros vidas.

Pero decía que la noticia no es como nos la cuentan. Estados Unidos acumula información sobre ciudadanos de todo el mundo, incluidos los pertenecientes a la Red Echelon (Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y Canadá) porque disponer de esa información es algo que interesa especialmente a los servicios secretos del mismo país.

El método de funcionamiento es el siguiente: como Gran Bretaña o Estados Unidos no pueden espiar en sus territorios sin un control judicial mínimo –si lo hacen y les pillan, ya pueden ponerse a rezar-, lo que hacen es pedirles a sus socios que ejecuten el espionaje que a ellos les interesa y que luego les remitan discretamente una copia. Así nadie comete una ilegalidad –no lo es robar datos en el extranjero-, pero disponen de la información que necesitan.

Un ejemplo: Gran Bretaña quería conocer las conversaciones de Lady Di cuando había dejado de ser princesa y estaba liada con varios árabes, entre ellos Dodi Al Fayed. Como el GCHQ no podía espiarla sin meterse en líos, se lo pidió en secreto a la NSA, que registró la orden. Cuando se descubrió el pinchazo no hubo problemas en Inglaterra porque ellos no tenían nada que ver: habían sido los estadounidenses.

FERNANDO RUEDA