La Red de Alerta e Información Fitosanitaria (RAIF) ha hecho pública una serie de recomendaciones para afrontar uno de los momentos más delicados del ciclo anual del viñedo, coincidiendo con la parada vegetativa y el avance de las labores de poda, un periodo especialmente sensible frente a las denominadas enfermedades de la madera de la vid.
Y es que, con la llegada del invierno y el inicio de la poda, se abre una ventana de riesgo que puede marcar el futuro sanitario de las cepas. Los hongos patógenos responsables de este complejo de enfermedades se encuentran tanto en plantas enfermas o muertas como en los restos de poda, aunque también pueden sobrevivir en el suelo y en otros cultivos leñosos.
Desde ahí, se dispersan preferentemente por vía aérea, a través del viento, la lluvia, los artrópodos o incluso las propias herramientas de poda, y penetran en la planta aprovechando las heridas recién realizadas. En ese sentido, los técnicos de la RAIF señalan que “las horas posteriores a la poda son las más susceptibles a la infección”, lo que convierte este trabajo agrícola en una operación que requiere especial cuidado y planificación.
Aunque la principal vía de entrada de las esporas son las heridas de poda, no es la única. Algunos hongos presentes en el suelo pueden infectar las plantas a través de las raíces, ampliando así el abanico de situaciones de riesgo. Una vez instalados, estos patógenos alteran internamente la madera de la vid, provocando necrosis o pudriciones secas que acaban traduciéndose en un visible deterioro del vigor de la planta.
Los síntomas pueden manifestarse de múltiples formas: desde una brotación ausente o retrasada hasta el acortamiento de entrenudos, la clorosis de las hojas, la marchitez o un decaimiento general que, en los casos más graves, desemboca en la muerte de la cepa.
El problema se agrava porque no se trata de una única enfermedad ni de un solo agente causal. Son numerosas las especies fúngicas implicadas en las denominadas enfermedades de la madera de la vid y, con frecuencia, varias de ellas actúan de manera simultánea en una misma planta o parcela.
Entre los hongos más habitualmente aislados se encuentran Phaeomoniella chlamydospora, Phaeoacremonium sppy y Fomitiporia mediterránea como agentes causales de la yesca; Diplodia seriata y Botryosphaeria spp. como responsables del denominado "brazo negro muerto"; o Eutypa lata, principal hongo de la enfermedad conocida como "eutipiosis".
A esta complejidad se suma la dificultad para identificar los daños a simple vista. Los técnicos de la RAIF advierten de que “los síntomas externos ocasionados por este conjunto de enfermedades no son específicos y, en ocasiones, pueden confundirse con los provocados por otros factores”, como fisiopatías, herbicidas, carencias nutricionales u otros patógenos no fúngicos.
Por ello, tanto a escala de toda la plantación como en plantas individuales, es habitual encontrar dos o tres patógenos distintos de forma simultánea, lo que complica notablemente el diagnóstico. En estos casos, la única manera de confirmar la presencia de hongos de la madera pasa por cortar la planta y observar internamente el estado de la madera, buscando señales de necrosis o pudrición.
Ante este escenario, la RAIF insiste en la importancia de aplicar medidas culturales de prevención durante la poda, aun sabiendo que no existe una solución definitiva. Entre las recomendaciones más relevantes figura retrasar la poda todo lo posible en el caso de la eutipiosis, ya que, como explican los técnicos, “el hongo decrece hacia el final del invierno”.
Del mismo modo, se aconseja evitar la poda cuando se prevean condiciones meteorológicas adversas, como lluvias o nieblas densas o persistentes, después de episodios de lluvia o cuando se anuncien precipitaciones en los cuatro días siguientes a la intervención.
La gestión diferenciada de las cepas afectadas es otro aspecto clave. En la medida de lo posible, estas plantas deben podarse por separado, procediendo a la desinfección de las herramientas entre cepa y cepa o, al menos, entre plantas sanas y afectadas.
En las cepas enfermas, los cortes deben realizarse hasta alcanzar la madera sana, aproximadamente unos siete centímetros, con el objetivo de eliminar el tejido colonizado por el hongo. Además, se subraya la necesidad de desinfectar las herramientas de poda de una planta a otra o, como mínimo, al final de cada líneo, utilizando una solución de hipoclorito sódico, comúnmente lejía, u otro desinfectante eficaz.
Uno de los puntos en los que más énfasis ponen los técnicos de la RAIF es la protección de las heridas. Tratar los cortes de poda con productos cicatrizantes o fungicidas autorizados resulta especialmente importante cuando se trabaja sobre madera de cierto grosor.
Y es que, como recuerdan, “los cortes de poda no cicatrizados son el principal punto de entrada de las esporas”, de ahí que las primeras horas tras la poda sean decisivas para evitar la infección. Asimismo, en aquellas parcelas que durante la pasada campaña hayan sufrido un fuerte ataque de excoriosis, causada por Phomopsis viticola, se recomienda realizar un tratamiento fungicida en los estados fenológicos de punta verde y hojas incipientes.
Todas estas actuaciones, aclara la RAIF, "no van a erradicar por completo el problema, pero sí permiten retrasar el desarrollo de los hongos de la madera en las cepas afectadas" y, sobre todo, "evitar la contaminación de las plantas colindantes". Una estrategia de contención que, aplicada de forma constante, puede marcar la diferencia entre un viñedo que envejece de manera prematura y otro que mantiene su productividad y equilibrio durante más años.
Estas recomendaciones se enmarcan en el trabajo continuo de la Red de Alerta e Información Fitosanitaria, una iniciativa pionera en España que comenzó a funcionar en Andalucía en 1996 y que ofrece información actualizada sobre el estado fitosanitario de los principales cultivos andaluces.
En la actualidad, la RAIF proporciona datos sobre cultivos tan diversos como el ajo, el algodón, el almendro, el arroz, los cereales de invierno, los cítricos, la fresa, los frutos rojos, los hortícolas protegidos, el olivo, la patata, la remolacha azucarera, el tomate para transformación industrial, la vid y la zanahoria.
La información que alimenta la RAIF procede de una extensa red de más de quinientos técnicos de campo, pertenecientes a las Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura, a las Agrupaciones de Producción Integrada (API) y a una red propia distribuida por todas las provincias andaluzas.
El territorio se organiza en zonas biológicas con comportamientos agroecológicos similares, dentro de las cuales se ubican las estaciones de control biológico, parcelas de referencia donde se realiza un seguimiento semanal de la fenología de los cultivos y de la incidencia de plagas y enfermedades. En total, la red cuenta con más de cinco mil estaciones de control biológico y se apoya, además, en más de doscientas estaciones meteorológicas automáticas.
Con este enfoque, Andalucía se adelanta a los principios recogidos en la Directiva 2009/128 sobre el uso sostenible de los plaguicidas, que establece la obligación de facilitar a los usuarios profesionales información e instrumentos para el seguimiento de plagas y la gestión integrada de las mismas, reforzando así un modelo de agricultura más preventiva, informada y sostenible.
Y es que, con la llegada del invierno y el inicio de la poda, se abre una ventana de riesgo que puede marcar el futuro sanitario de las cepas. Los hongos patógenos responsables de este complejo de enfermedades se encuentran tanto en plantas enfermas o muertas como en los restos de poda, aunque también pueden sobrevivir en el suelo y en otros cultivos leñosos.
Desde ahí, se dispersan preferentemente por vía aérea, a través del viento, la lluvia, los artrópodos o incluso las propias herramientas de poda, y penetran en la planta aprovechando las heridas recién realizadas. En ese sentido, los técnicos de la RAIF señalan que “las horas posteriores a la poda son las más susceptibles a la infección”, lo que convierte este trabajo agrícola en una operación que requiere especial cuidado y planificación.
Aunque la principal vía de entrada de las esporas son las heridas de poda, no es la única. Algunos hongos presentes en el suelo pueden infectar las plantas a través de las raíces, ampliando así el abanico de situaciones de riesgo. Una vez instalados, estos patógenos alteran internamente la madera de la vid, provocando necrosis o pudriciones secas que acaban traduciéndose en un visible deterioro del vigor de la planta.
Los síntomas pueden manifestarse de múltiples formas: desde una brotación ausente o retrasada hasta el acortamiento de entrenudos, la clorosis de las hojas, la marchitez o un decaimiento general que, en los casos más graves, desemboca en la muerte de la cepa.
El problema se agrava porque no se trata de una única enfermedad ni de un solo agente causal. Son numerosas las especies fúngicas implicadas en las denominadas enfermedades de la madera de la vid y, con frecuencia, varias de ellas actúan de manera simultánea en una misma planta o parcela.
Entre los hongos más habitualmente aislados se encuentran Phaeomoniella chlamydospora, Phaeoacremonium sppy y Fomitiporia mediterránea como agentes causales de la yesca; Diplodia seriata y Botryosphaeria spp. como responsables del denominado "brazo negro muerto"; o Eutypa lata, principal hongo de la enfermedad conocida como "eutipiosis".
A esta complejidad se suma la dificultad para identificar los daños a simple vista. Los técnicos de la RAIF advierten de que “los síntomas externos ocasionados por este conjunto de enfermedades no son específicos y, en ocasiones, pueden confundirse con los provocados por otros factores”, como fisiopatías, herbicidas, carencias nutricionales u otros patógenos no fúngicos.
Por ello, tanto a escala de toda la plantación como en plantas individuales, es habitual encontrar dos o tres patógenos distintos de forma simultánea, lo que complica notablemente el diagnóstico. En estos casos, la única manera de confirmar la presencia de hongos de la madera pasa por cortar la planta y observar internamente el estado de la madera, buscando señales de necrosis o pudrición.
Ante este escenario, la RAIF insiste en la importancia de aplicar medidas culturales de prevención durante la poda, aun sabiendo que no existe una solución definitiva. Entre las recomendaciones más relevantes figura retrasar la poda todo lo posible en el caso de la eutipiosis, ya que, como explican los técnicos, “el hongo decrece hacia el final del invierno”.
Del mismo modo, se aconseja evitar la poda cuando se prevean condiciones meteorológicas adversas, como lluvias o nieblas densas o persistentes, después de episodios de lluvia o cuando se anuncien precipitaciones en los cuatro días siguientes a la intervención.
La gestión diferenciada de las cepas afectadas es otro aspecto clave. En la medida de lo posible, estas plantas deben podarse por separado, procediendo a la desinfección de las herramientas entre cepa y cepa o, al menos, entre plantas sanas y afectadas.
En las cepas enfermas, los cortes deben realizarse hasta alcanzar la madera sana, aproximadamente unos siete centímetros, con el objetivo de eliminar el tejido colonizado por el hongo. Además, se subraya la necesidad de desinfectar las herramientas de poda de una planta a otra o, como mínimo, al final de cada líneo, utilizando una solución de hipoclorito sódico, comúnmente lejía, u otro desinfectante eficaz.
Uno de los puntos en los que más énfasis ponen los técnicos de la RAIF es la protección de las heridas. Tratar los cortes de poda con productos cicatrizantes o fungicidas autorizados resulta especialmente importante cuando se trabaja sobre madera de cierto grosor.
Y es que, como recuerdan, “los cortes de poda no cicatrizados son el principal punto de entrada de las esporas”, de ahí que las primeras horas tras la poda sean decisivas para evitar la infección. Asimismo, en aquellas parcelas que durante la pasada campaña hayan sufrido un fuerte ataque de excoriosis, causada por Phomopsis viticola, se recomienda realizar un tratamiento fungicida en los estados fenológicos de punta verde y hojas incipientes.
Todas estas actuaciones, aclara la RAIF, "no van a erradicar por completo el problema, pero sí permiten retrasar el desarrollo de los hongos de la madera en las cepas afectadas" y, sobre todo, "evitar la contaminación de las plantas colindantes". Una estrategia de contención que, aplicada de forma constante, puede marcar la diferencia entre un viñedo que envejece de manera prematura y otro que mantiene su productividad y equilibrio durante más años.
Una iniciativa pionera en España
Estas recomendaciones se enmarcan en el trabajo continuo de la Red de Alerta e Información Fitosanitaria, una iniciativa pionera en España que comenzó a funcionar en Andalucía en 1996 y que ofrece información actualizada sobre el estado fitosanitario de los principales cultivos andaluces.
En la actualidad, la RAIF proporciona datos sobre cultivos tan diversos como el ajo, el algodón, el almendro, el arroz, los cereales de invierno, los cítricos, la fresa, los frutos rojos, los hortícolas protegidos, el olivo, la patata, la remolacha azucarera, el tomate para transformación industrial, la vid y la zanahoria.
La información que alimenta la RAIF procede de una extensa red de más de quinientos técnicos de campo, pertenecientes a las Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura, a las Agrupaciones de Producción Integrada (API) y a una red propia distribuida por todas las provincias andaluzas.
El territorio se organiza en zonas biológicas con comportamientos agroecológicos similares, dentro de las cuales se ubican las estaciones de control biológico, parcelas de referencia donde se realiza un seguimiento semanal de la fenología de los cultivos y de la incidencia de plagas y enfermedades. En total, la red cuenta con más de cinco mil estaciones de control biológico y se apoya, además, en más de doscientas estaciones meteorológicas automáticas.
Con este enfoque, Andalucía se adelanta a los principios recogidos en la Directiva 2009/128 sobre el uso sostenible de los plaguicidas, que establece la obligación de facilitar a los usuarios profesionales información e instrumentos para el seguimiento de plagas y la gestión integrada de las mismas, reforzando así un modelo de agricultura más preventiva, informada y sostenible.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR



























