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Moi Palmero | Desechando inocentadas

Para celebrar el Día de los Inocentes intento imaginar alguna noticia con la que gastarle una broma a todos, que parezca creíble y que nos haga reír. Pero tengo que reconocer que mi humor es demasiado negro, casi rozando lo grotesco, lo ofensivo y, más que una sonrisa, provocaré arcadas. Aquí van algunas de las ideas desechadas.


Se me ocurrió que, como colofón al Mundial de la vergüenza, sustentado en el soborno, el pillaje, la muerte, la censura, la ausencia de derechos humanos y la venta de los valores deportivos, la FIFA permitiese el asesinato, la tortura y la ejecución de algunos jugadores de fútbol por el mundo.

Quizás que Israel tirotease a un joven futbolista palestino, Ahmed Atef Daragmah, o que Irán anunciase, a bombo y platillo, el ahorcamiento de otro, Amir Nasr-Azadani, por defender los derechos de las mujeres. Y que mientras todo eso sucede, la FIFA se ofendiese porque un cocinero engañabobos se hubiese hecho fotos con la copa de campeones. Demasiado espeluznante, ¿quién se iba a creer eso?

También se me había ocurrido –una insensatez, lo reconozco– que los jueces del Consejo General del Poder Judicial bloqueasen durante cinco años la renovación del mismo, con el apoyo del principal partido de la oposición. A la vez, los policías y guardiaciviles, después de una reunión con el presidente del mismo partido de la oposición, acordasen movilizarse contra el Gobierno por la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana.

Que, a su vez –mucha coincidencia sería esa–, se le otorgase el grado de semilibertad, después de cumplir solo seis años de una condena de 31, al extesorero del partido de la oposición, al que el expresidente del Gobierno, el mismo que nombró a los jueces que ahora bloquean la renovación del CGPJ, le pidió “Luis, sé fuerte”.

Un galimatías que me parecía una insensatez, porque, si hubiese algún inconsciente que se lo creyese, podría generar tal crispación social que el pueblo se levantase en armas por pensar que la independencia del Poder Judicial es una milonga más de nuestra Constitución, o que se está perpetrando un ataque contra ella. Mejor no bromear con estas cosas que, por menos, las cunetas se han llenado de cadáveres.

Como bromear con el futbol y con la política es delicado, ya que en un plis te cuelgan el sambenito de antimadridista o culé, de rojo o facha, pensé que la inocentada la podía hacer sobre la destrucción del medio ambiente, un tema que todos asumen como un daño colateral, necesario, y que no distingue de ideologías, aunque unos lo intentan disimular con eufemismos, y a otros se la trae al fresco reconocer que la pela es la pela y las lagartijas, que se apañen.

Se me ocurrió que en un Espacio Natural Protegido de los más laureados en reconocimientos ambientales se construyese un hotel en primera línea de playa, gracias a que las corruptelas, chanchullos y negligencias de las Administraciones nacionales, autonómicas y municipales cambiasen en un plano los límites entre lo que era urbanizable o no.

Que la empresa, con todos los permisos en regla, comenzase la construcción de un mastodóntico proyecto con el hotel al que llamarían El Algarrobico. Construcción que sería denunciada por los desagradables ecologistas y que, tras muchos juicios y denuncias, la justicia les daría la razón y ordenaría su demolición.

Una demolición que, por cierto, nunca llegaría a suceder porque el Ayuntamiento se negaría a cumplir la ley y nadie podría hacer nada, salvo decir con la boca pequeña que tienen las manos atadas. Menuda barbaridad. Si eso ocurriese, habría que echar a muchos técnicos, políticos y jueces a la calle, y no harían falta 13 años para desmantelar el hotel. No es verosímil.

Tenía otra versión sobre la destrucción del patrimonio natural en un espacio hiperprotegido, que era que sus salinas se secasen por la rotura del canal por el que entra el agua del mar, que la Administración competente para su conservación ocultase la noticia porque había elecciones y le podía perjudicar, que cediese al chantaje de la empresa que gestiona las salinas, y que después de incumplir varias promesas sobre su arreglo definitivo, anunciase que iba a dar un millón de euros a un colectivo ornitológico para favorecer a una avifauna que lo único que necesita es que el agua vuelva. Menudo disparate.

Esto sería imposible, porque la gente se echaría a la calle a defender ese maravilloso ecosistema y los políticos se darían patadas en el culo por impedir que su credibilidad se pusiese en entredicho. Pensé que era más fácil esto de hacer reír sin ofender a nadie: inocente de mí.

MOI PALMERO
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