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16 de diciembre de 2021

  • 16.12.21
El mes de noviembre empieza para nosotros con un recuerdo a los que ya no están porque murieron. Diciembre aflora con dos festividades: una, dedicada a la Constitución política que nos ha permitido, de momento, vivir con cierta tranquilidad –mejor o peor es discutible–; y la otra, conocida por el Día de la Inmaculada, de origen religioso.


Ambas fiestas permiten hacer “puente laboral” para librar en el trabajo (quien lo tenga) y poder disfrutar de unos días de vacaciones. Este año se han entrelazado dos puentes, en este caso “días que entre dos festivos se aprovechan para vacaciones”. Han caído tan certeramente juntos que han generado todo un “acueducto”.

El incentivo de dichos días era poder disfrutar y salir de la rutina. Viajar a donde sea antes de que el virus nos acogote aun más de lo que ya estamos, si no todos, al menos parte de las personas. Las carreteras se atascaron de vehículos que se desplazaban hacia otros lugares a la búsqueda y disfrute de unos días de asueto. ¡Estupendo! La mayoría del personal tenía gran deseo de viajar a donde buenamente pudiera ser.

El problema de fondo sigue siendo el mismo. ¡Ojo al virus, que se acerca Navidad! Las restricciones empiezan a sacar la cabeza de nuevo. Los contagios se vuelven a disparar y el personal sanitario comienza a inquietarse. No es el mejor momento para pingonear (salir a divertirse, callejear, llenar los bares…).

Cito una frase lapidaria sacada de la prensa que, amén de dar aviso, nos recuerda que: “Los contagios se disparan en España y la presión hospitalaria se triplica en el último mes”. Parece que el asunto víricamente está poco claro y se están anulando comidas navideñas de empresas, encuentros de amigos invisibles, porque empieza a brotar la psicosis de la sexta ola.

Noviembre y diciembre son, desde hace algún tiempo, dos meses moviditos en cuanto al tema comercial se refiere. En el escenario de nuestra cultura, noviembre lo iniciábamos y seguimos –aunque de forma más suave– con algo de fiesta y mucho de recuerdo. Todos los Santos copaba el día 1 y el día 2 era dedicado en recuerdo de los difuntos. Está claro que la fiesta importada ha ganado terreno rápidamente por su lado lúdico.

Veamos parte de la realidad. Noviembre ya nace inquieto y termina inquietando, hasta el punto de que no cabe el corazón en el pecho. Para finales de dicho mes, en concreto para el último jueves, ya hemos adoptado toda una amplia actividad festera importada y una carrera comercial que disloca al personal.

Me refiero a Halloween, la fiesta de la calabaza. También conocida como “Noche de los muertos o de las brujas”. Dicho evento coincide con la víspera de Todos los Santos y se ha impuesto entre nosotros, sobre todo por el matiz festero en el que participa el personal más jovenzuelo.

Halloween marca “el final del verano”. Parece ser que ya era una fiesta de importancia entre los pueblos celtas en la que se celebraba “el final de la cosecha” y daba entrada al invierno. Para finales de dicho mes, concretamente para el último jueves, repito, ya hemos adoptado toda una carrera de bullicio y comercio en tiendas.

El trío de eventos lo conforman Halloween, el Viernes Negro (Black Friday) y posteriormente se sumará el Cyber Monday. En la actualidad dichas fiestas se han convertido en una celebración a nivel internacional. El “Viernes Negro” da paso a la temporada (maratón) de compras navideñas.

¿Cómo y por qué surge esta actividad? Lo curioso e interesante es cómo se instaura en todos los rincones del mundo. La interrogante es algo evidente. Rebajas, rebajas, rebajas por doquier alimentan dicho dinamismo comercial. ¿Dónde y cuándo nace? Busquemos el origen de este maratón de fondo.

Estados Unidos celebra el último jueves de dicho mes el “Día de Acción de Gracias”, la fiesta más importante de su calendario. El siguiente día pasa a conocerse como “viernes negro” (Black Friday) y empieza la temporada –frenética en algunos sitios– de compras navideñas. ¿Razón de tal locura? El caramelo de las llamativas y seductoras rebajas que inundan por doquier todos los negocios.

Si hasta entonces, entre nosotros, no estaba activo el bullicio de compras prenavideñas, ya podemos hacernos una idea del cómo y el por qué tales días de ventas arrasan en todo el mundo. El alboroto de rebajas se extenderá, al menos entre nosotros, hasta después de Reyes, que si no recuerdo mal eran las únicas rebajas que había y aún siguen a partir de dichas fiestas navideñas.

Pues ahora tenemos las “pre y las post” rebajas. ¿Re-bajas de verdad o re-subes? El tema es complejo. Solo un detalle de tan llamativos eventos. Como la publicidad es muy lista, los precios son anunciados de 19, 49 o 99 euros. ¿Razón? Psicológicamente algo es más barato a 9 que 10 euros, aunque la diferencia fuera de un céntimo. Si vemos 100 euros nos alarmamos mientras que 99 son más aceptables (¿¡?)

Sin embargo, cada vez es más frecuente que el “Viernes Negro” se alargue hasta el lunes siguiente, fecha en la que se celebrará otra jornada de rebajas conocida como Cyber Monday, dedicada a la tecnología (ordenadores, teléfonos móviles y un largo etcétera) y a la que se añaden cosas mil para que el personal pique.

A todo lo dicho hasta ahora le podemos llamar peregrinación comercial, dado que arranca prácticamente de finales de noviembre y dura, bien que mal, hasta enero del año siguiente, después de Reyes en muchos de los países occidentales.

Opiniones positivas o negativas para tanto bullicioso tenemos por doquier. Una explicación defiende y se refiere a que gracias a dicha festividad los comercios consiguen levantar cabeza saliendo de números rojos en las ventas comerciales.

Otra arguye que tanta rebaja y tanta tienda abierta abarrotan las ciudades con gente y coches haciéndolas intransitables. Parece ser que dicha protesta vendría de la Policía que, con tanto revuelo, no tenía tiempo ni para ir a “mear”. El término se popularizó a partir de 1975.

Y la pregunta viene a cuento. ¿Compramos cuándo y cómo nosotros queremos o compramos cuando le interesa a la religión del comercio? Quiero pensar que somos libres y que es nuestra libertad de elección la que nos incita a consumir. ¿O tal vez no? No olvidemos que en la sociedad líquida que nos ha tocado vivir, el comercio ya ha conseguido crearnos la necesidad de comprar.

Los comercios se agarran al clavo ardiendo de tales rebajas Algunos de ellos muy americanizados se engancharon rápido al “viernes negro” y ayudaron a que brotara el Cyber Monday, llamado el “lunes más techy” del año” porque ya puedes comprar, nos dicen con total descaro (des-caro), tus productos favoritos al mejor precio. De paso, recuerdan que no hace falta molestarse en ir a la tienda, para eso está Internet y los envíos a domicilio.

Felices días de fiesta y esperemos que el virus, se llame como se llame, no nos haga daño. 2021 finaliza entre dudas y deseos de que cambie la situación. Feliz Navidad, de todo corazón.

PEPE CANTILLO

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