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8 de mayo de 2021

  • 8.5.21
Tengo que dejar de ser madre de la humanidad, madre de todos aquellos que me rodean. Dejar de pelear por adultos que deciden por sí mismos y que no quieren abrir los ojos. Me preocupo por todos y por todo, creyéndome una giganta que todo lo puede, que puede cambiar el mundo, que puede puede abrir las mentes y los corazones. Pero no puedo.


Solo soy un ser humano limitado, cansado, sin poderes especiales, que trata de sortear el día a día lo mejor que puede y sabe. Yo no tengo un paraguas grande, yo no puedo salvar el mundo, yo no puedo estar todo el día previniendo al que decide ir en su contra.

Tengo que dejar de ser madre. Los polluelos han crecido, cada uno toma sus propias decisiones y tienen que volar libres. ¿Cuándo me autonombré salvadora de las personas y del planeta? Mi energía se agota y no consigo nada. El pueblo es libre de escoger camino.

Yo seguiré con mi conciencia social y mi sensibilidad, pero ya sin creerme tutora de nadie, aceptando la Historia con sus vaivenes. Necesito descansar: la lucha me ha dejado devastada. No soy un faro que ilumine, simplemente soy un marinero con su pequeña barca que trata de llegar a algún lugar donde cobijarse.

Tener cultura te ayuda en la vida pero también te destroza, te obliga a ver los fantasmas de frente, esos que se esconden tras bonitas palabras, esos que mueven masas sin destino. No soy polvo de estrellas, solo soy un grano de arena. Seguiré en esta solitaria playa mientras las olas del odio lo permitan.

Soy luz de día azul a la que sigue la luz de las estrellas, cambios en los astros, frío y lluvia seguidos de calor y viento. Cuatro estaciones, siete días, cambios que se repiten. Esto es lo único que tengo.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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