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19 de noviembre de 2020

  • 19.11.20
Estamos enredados en los tentáculos de un pulpo maléfico llamado Coronavirus. Dicen que si se pudieran reunir todos los que pululan actualmente por el mundo cabrían en una cucharita y sobraría espacio para muchos más de la misma rama. El desastre es atroz.


Son muchas las personas que han caído en sus tentáculos. Desde que nos declaró la guerra, unas personas han muerto y otras luchan con dicho virus y están padeciendo los efectos y posibles secuelas que puedan quedar. El número de contagios parece hasta irreal. La confusión se une al miedo que podamos tener frente a esta amenaza. Digamos que nuestro mundo está patas arriba, que el miedo nos paraliza, que no se vislumbra la salida de este laberinto.

Las consecuencias son fatales. Muertos e infectados nos agobian. El entramado laboral hace aguas por los cuatro costados. Como consecuencia de dicho panorama, el número de personas sin trabajo aumenta día tras día. Las “colas del hambre” aumentan a buen paso y hacen temblar a muchas familias que, de la noche a la mañana, se han encontrado a las puertas de la miseria, sin saber hacia dónde vamos.

La información oficial sobre el tema confunde cada día más. El Gobierno va a la suya, jugando con las pocas esperanzas que pueda tener el pueblo. Ahora nos dicen que aumentarán el sueldo por aquí y mañana subiremos los impuestos. Como detalle penoso, a una familia con cuatro miembros las mascarillas –no olvidemos que son obligatorias por el bien de todos– suponen un buen puñado de euros a cuenta de un ERTE que se demora en pagarse o del paro cuando se cobre.

Hasta ahora tales (mas)carillas estaban gravadas con el 21 por ciento de IVA, lo que hacía que tal material protector y obligatorio fuera mucho más caro que lo soportable para una familia. Luego prometieron reducir el susodicho impuesto, algo que se terminó aprobando el pasado martes.

Por otro lado, el negocio de estos protectores suponemos que debe estar aportando pingües ganancias para los listillos de turno que trafican con ellas y les importa poco que sean falsas o no. Aquí me acojo a aquello de “piensa mal y acertarás”.

El personal aumenta a buen paso en las llamadas “colas del hambre y el Gobierno calla y sigue su deambular. Es más, las malas lenguas dicen que se ha incrementado el presupuesto de altos cargos y asesores. Eso está bien, que no pasen hambre (¿¡?).

Si miramos una foto, solo del personal de Gobierno, la vista parece titubear ante la gran cantidad de ministros dentro de sus correspondientes ministerios, lo cual hace que también haya crecido el número de directores generales, asesores, coches oficiales, servicios de seguridad (guardaespaldas se les llama) y un largo etcétera.

Los pasillos del nepotismo favorecedor están repletos. Quienes antes denunciaban las puertas giratorias del enchufismo ahora parecen que están suplantando a las oficinas del desempleo. Eso sí, los gastos oficiales están bajo secreto porque no hay que airear los favores que se tengan que hacer o la fidelidad que conviene asegurar. Cuando se mira a la caterva de políticos da la impresión de que solo se miran el ombligo y pasan de los problemas reales del personal.

Sigo con las colas del hambre. Tampoco es tan grave que algún día se queden sin comer (pensarán): así puede que disminuya un poco esa amplia obesidad que presentan muchos ciudadanos, tanto hombres como mujeres y menores. La comida basura ceba y mucho.

Sin trabajo no como, pero tampoco puedo pagar el alquiler que, dicho sea de paso, parece que ha subido últimamente algo más del 10 por ciento de precio. Se habla de que el número de personas sin hogar ha crecido bastante impulsado por los zarpazos que está dando la situación pandémica.

Varias ONG, Cáritas, Cruz Roja e iniciativas privadas están desbordadas por la endémica situación. A más contagios, más paro por el cierre de negocios varios y, como consecuencia, más pobreza. Estamos hablando de familias que hasta ahora vivían dentro de una cierta seguridad. En la lista aparecen tanto adultos, hombres o mujeres, como críos. El hambre no sabe de género ni de edad. Digamos que “la actitud solidaria con el sufrimiento ajeno”, llamada “caridad”, no ha muerto. 

Pero si en líneas anteriores dudaba del negocio de las mascarillas, ahora hay que alertar de los listillos que ofrecen falsos cupones de ayuda a familias necesitadas. Suplantando organizaciones benéficas o instituciones, buscan hacerse con los datos para, luego, sacar partido de ellos. Corren timos mil como los falsos inspectores de Hacienda, el timo del bitcoin que te hará rico, ofertas de trabajo inexistentes… y muchas más falacias.

Según Cáritas, las personas sin hogar han aumentado en España durante la pandemia un 35 por ciento. Miles de personas buscan refugio y comida en los diversos bancos de alimentos. Decenas de ONG dicen estar desbordadas por la crisis provocada por el coronavirus.

En la España de los años 1953 a 1963 y como consecuencia del llamado “Pacto de Madrid” firmado con EEUU en 1953, digamos que fueron los americanos quienes nos aportaron alimentos, como la leche en polvo, mantequilla y queso, para acallar un poco a las revoltosas y descontentas tripas de las familias más pobres del país. Por cierto, dicho pacto no fue gratis.

La siguiente información es de un surrealismo inexplicable. Parece ser que gente de VOX se dedicó en Almendralejo a recoger alimentos para los necesitados, acción que ha sido criticada por socialistas del pueblo. Y creo que la polarización política “confunde el culo con las témporas”. Las colas del hambre existen porque ha aumentado la pobreza entre nosotros. ¿Se puede echar una mano para mitigar dicha penuria? ¡Adelante, pues, sea quien sea el samaritano que ayuda!




Dichas colas están integradas por personas que hasta ahora podían pasar el mes más o menos apretados, pero pasaban. Ahora han caído en un vacío total. Para paliar el hambre están surgiendo iniciativas privadas cuyo interés es exclusivamente ayudar. Por cierto: “no tengo nada que ver con VOX”.

Contrapartida. Ante las colas del hambre desfilan 36.000 coches oficiales con chofer, depósito lleno de combustible, guardaespaldas... El despilfarro y el gasto sin sentido en determinados ministerios es una de sus prioridades… ¿No preocupa lo mal que lo esté pasando parte del pueblo? ¿El cáncer de la democracia son los políticos y adláteres?

Los responsables de esta esquizofrénica situación están más preocupados por dedicar el tiempo que les pagan a casi todo, menos a intentar ayudar a los que más lo necesitan… Y el número de pobres aumenta día tras día. Mientras Moncloa blinda como “secreto oficial” algún tipo de gastos que entran en la bolsa de lo oficial.

Me cachis en la mar. No seamos tan duros y tengamos un poco de comprensión con esas decenas de políticos que, a cambio de su sacrificio diario, solo reciben incomprensión, acosos domiciliarios y ataques en las redes sociales.

Cuando oigo o leo la palabra “hambre tiemblo recordando tiempos pasados. Quienes nacimos entre los años cuarenta a sesenta del siglo pasado, dicha palabra nos roe la mente y hace que las tripas rujan por el vacío alimenticio que nos dejaron. Malos recuerdos pasean por el huerto de la memoria.

PEPE CANTILLO

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