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4 de noviembre de 2020

  • 4.11.20
En los últimos días se han producido varios altercados en distintas ciudades españolas y de otros países. Las manifestaciones se han caracterizado por su carácter violento y por ser convocadas a través de redes sociales, sin comunicación previa a las autoridades pertinentes.


Manifestándose contra el uso de mascarillas, contra el toque de queda y el cierre de bares y restaurantes, se han destrozado contenedores y otro mobiliario urbano (público); se han dañado vehículos y se han producido algunos saqueos. Incluso, en Sevilla, los bomberos fueron agredidos con el lanzamiento de botellas y otros objetos. En definitiva, actividades que demuestran una gran insolidaridad y desprecio hacia los bienes comunes (pagados por todos).

En este último y largo fin de semana he seguido de la manera más exhaustiva posible la información sobre este tema en las emisoras televisivas. Según ellas no es posible establecer un origen definido de estos altercados, salvo una mezcla de negacionistas, hooligans, ultraderechistas y extrema izquierda. ¡Caramba! ¿Una nueva pinza (ultraderecha y extrema izquierda) contra el Gobierno “social-comunista”?

Curiosamente esta supuesta participación izquierdista en los incidentes no la he visto mencionada en los medios extranjeros cuando hablan de lo sucedido. En cuanto a Italia en concreto, no hacen ninguna referencia a extrema izquierda sino, solamente, a ultraderecha y crimen organizado.

Tras oír estas sagaces y sorprendentes explicaciones he observado más atentamente los videos recogidos en los lugares de los hechos. He visto y oído a entusiastas participantes reprochando a los espectadores su no participación, su “cobardía”: “Mucha protesta en Twitter, pero luego a la hora de la verdad…”. 

También he visto en televisión a uno de los participantes con una camiseta que en su parte posterior ponía “orgulloso de ser español”. ¿Estamos ante una nueva resistencia patriótica como la de 1808? Desde luego a mí no me han parecido muy patriótico lo que he visto y oído: los amenazantes saludos brazo en alto al estilo nazi y gritos de “Sieg Heil”. 

 Los mismos saludos fascistas que se han podido ver en los disturbios de Bolonia, donde un periodista fue acosado y perseguido al grito de “¡Periodista, terrorista!”. En Florencia, Roma, Milán, Nápoles y Turín también se han producido protestas violentas y actos vandálicos, contra el cierre de cines, teatros… Y, sobre todo, de los bares a las 18:00.

Lo que es un hecho innegable es que los políticos de ultraderecha y derecha llevan meses criticando cualquier medida de restricción para doblegar la curva de crecimiento del coronavirus. Y que algunos políticos han llegado a justificar, incluso alentar, las protestas de las que estamos hablando

Los mismos que promovieron las caceroladas de mayo en algunos barrios de Madrid. Los mismos que han rechazado el estado de alarma y han dado credibilidad a las mentiras conspirativas; los mismos que luego acusan a supuestos elementos de ultraizquierda o a migrantes.

Con una gran voluntad de empatía me he puesto a reflexionar sobre las motivaciones profundas de estos airados ciudadanos. ¿Será una nueva guerra de los pobres, cómo las que nos contaba Antonio López Hidalgo hace un par de semanas? No lo parece. En todo caso sería de los pobres de espíritu (más bien de conocimiento).

Quizás nos dé una pista el repetido grito de “Libertad” en las diversas algaradas. ¿Estamos, por lo tanto, ante una nueva y formidable lucha por la libertad? ¿Son estos paisanos unos modernos émulos de los seguidores de Espartaco? La verdad es que no los puedo imaginar diciendo “Yo soy Espartaco”, llenos de una solemne dignidad como en la película de Stanley Kubrick.

Entonces, ¿qué libertad reclaman estos “heroicos” luchadores contra contenedores y escaparates? ¿la de no llevar mascarilla? ¿la de poder ir al bar con un horario más amplio?


Dando un paseo, me he encontrado con esta magnifica muestra de entusiasmo nacionalista que me ha dado la pista sobre la relación entre bares y patria. Ni el escudo constitucional, ni el escudo del general dictador... Lo que da profundo sentido a la bandera es el whisky.

JES JIMÉNEZ
FOTOGRAFÍA: JES JIMÉNEZ

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