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17 de noviembre de 2020

  • 17.11.20
Desde hace un tiempo me pregunto el motivo principal del auge de la ultraderecha y de los nacionalismos extremos y debo confesar que no tengo una respuesta clara y concisa sobre ello. Pero sí tengo algunas sensaciones y reflexiones que me gustaría compartir en este espacio. No obstante, mi intención no es juzgar ni situar el límite entre el bien y el mal. Tampoco justificar ni excusar a nadie. Tan solo quiero compartir algunos aspectos que llevo observando durante meses.


Pienso que uno de los motivos principales del auge de la ultraderecha es la gran crisis de identidad que ha sido provocada, en gran parte, por la globalización. Este hecho ha permitido conectarnos de forma inmediata entre todos los habitantes del mundo, generando una gran red de comunicaciones y de comercio. 

Ahora nos puede influir directa e indirectamente lo que ocurre en otro lado del globo. Un ejemplo es la importación de la cultura norteamericana a Europa: si vemos las películas con más recaudación en España en los últimos años, podemos observar que los primeros puestos están siempre copados por las grandes producciones estadounidenses.

La globalización nos permite nutrirnos de la cultura y el quehacer de otros países y continentes. Pero ocurre desde hace muchos años que este trasvase provoca una sustitución de la cultura propia por la cultura que se importa desde fuera. Esto está causando, de forma indirecta, una gran crisis de identidad.

Conceptos como "identidad nacional", "patria" o "sentimiento patriótico" están asentándose en los mensajes políticos porque la población, realmente, no tiene un sentimiento de pertenencia o de identidad. Y no es algo que esté ocurriendo tan solo en España: está pasando en diferentes países que, a priori, son referentes democráticos. Ser español o francés ya no nos dota de una personalidad y de unos valores en concreto: tendemos más hacia la homogeneización de la cultura.

Esta crisis de identidad hace que no tengamos claro cuáles son nuestros principios ni nuestros valores, cuál es la herencia que hemos recibido ni a qué grupo pertenecemos. Me gustaría compartir un ejemplo que clarifica un poco más esta reflexión: en los años ochenta y noventa vivimos el auge de grupos suburbanos de pequeños grupos de población, como los punks, heavies, emos, canis, raperos, rastafaris... Todos vinculados a un estilo musical que determina unos valores, una estética y un comportamiento en concreto y que surgen, en la mayoría de casos, como movimientos-protesta o en contra del Estado, con ánimo de cambiar el sistema imperante. 

Las nuevas generaciones ya no se ven identificadas con estos grupos y colectivos, pues ahora estos grupos suburbanos están más relacionados con la identidad, con unos valores en concreto que tienen que ver con cómo te sientes o quién eres. 

Podríamos decir que los nuevos “grupos suburbanos” –y las comillas no son caprichosas en este caso– serían el colectivo LGTBI, los ecologistas, las feministas, los animalistas... Movimientos que surgen no como oposición sino como reclamación de derechos e integración.

En las tribus que se daban antes existía una influencia, por así decirlo, de afuera hacia dentro: ahora, estas tribus se definen más por lo que ocurre dentro de nosotros y lo expresamos hacia fuera. Es una cuestión mas de identidad individual que de pertenencia a un grupo. No se definen tanto por un estilo musical o por una estética en concreto. Lo determinante es la identidad. 

Y el hecho de que no pertenezcas a alguno de estos grupos no significa que vayas en contra de ellos. Para las personas que rechazan estos movimientos ya existe un grupo: la ultraderecha y los nacionalismos extremos, que defienden la identidad patriótica, la identidad única de un grupo de personas que pertenece a un territorio en concreto.

La globalización ha traído diversidad y la diversidad desencadena en heterogeneidad. Cuando en un país conviven tantas personas de diferentes pensamientos e identidades, renace el sentimiento de identidad nacional para resaltar nuestro sentimiento nacional que define cómo somos y hacia dónde debemos ir.

DANY RUZ

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