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13 de octubre de 2020

  • 13.10.20
Hola tiempo. Hace bastante que no hablaba directamente contigo y hoy me apetece escribirte directamente. Sé que todo esto lo leerán muchísimas personas. Quizá a ellos se les venga alguien a la cabeza. Y es normal. Todos alguna vez hemos vivido en la incertidumbre de la vida. Y más ahora, en un 2020 que nos distancia pero nos une; que nos enseña muchas cosas pero otras tantas nos la arrebata de golpe. 



Te escribo porque sé que, a pesar de quitarnos a seres queridos, de distanciarnos de amigos, parejas o familiares, seguimos sin aprender. Nos creemos invencibles porque aún no nos ha tocado a nosotros. Qué egoístas llegamos a ser, ¿verdad? 

Pero yo no quiero seguir así. Por eso te escribo directamente a ti, tiempo, que has elegido este 2020 para enseñarnos. Me has hecho frenar en seco y contemplar mi alrededor desde las cuatro paredes de mi casa durante meses. He visto cómo la tierra respiraba y volvía a su naturalidad cuando el ser humano no la invadía con su egoísmo: aire más limpio, calles tranquilas, flores que renacían... Paz. 

Cómo estando en casa decíamos que era injusto: qué tortura estar tanto tiempo sin poder disfrutar de la vida. ¿Cómo podemos decir eso cuando siguen existiendo zoológicos? Aún así, salimos. Pero seguimos haciendo las cosas igual de mal, o incluso peor. Echamos la culpa a los demás. Pero no nos paramos a pensar ni a entender que, si queremos un cambio, debemos empezar por nosotros mismos. 

Cuántos libros, textos, películas o charlas hablan de ti. De lo pasajero que eres. De que no esperas; de que enseñas pero no permites retroceder para corregir ese error pasado. Nos enseñas a seguir hacia adelante, teniendo en cuenta nuestros actos pasados, para que no repitamos los ya cometidos. Lo que ya debería estar aprendido. 

A pesar de que todos sepamos de ti, no te valoramos y pensamos que jamás llegará ese día que nos apague. Que jamás llegará el momento en que nos quites a quienes más queremos en nuestro día a día. Se habla de muchas cosas pero existe el miedo y, por eso, no nos enfrentamos a la realidad. Vivimos como si todo fuera eterno. 

Has elegido este año. Te has llevado a tantas personas; has alejado, has enseñado, has hecho todo en un tiempo reducido. Y, aún así, seguimos en lo mismo. Culpamos por no querer corregir nuestra parte. Sé de sobra que el 2020 no es un castigo: es el reflejo de todo el mal que llevamos haciendo durante años y que, a pesar de todo lo que nos estás intentando decir, no terminaremos de aprender. 

MERCEDES OBIES

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