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12 de octubre de 2020

  • 12.10.20
Toda columna de opinión consiste en el comentario público de un particular que expresa su peculiar punto de vista. Lienzo de Babel es el nombre de la tribuna semanal (también del blog) en la que, desde hace más de diez años, he estado volcando a través de los periódicos de Andalucía Digital las reflexiones que, con más interrogantes que certezas, me suscitan las múltiples facetas de la realidad, tanto divina como mundana.


A lo largo de tan dilatado período de tiempo, más de un millar de artículos han surgido de mi pluma –o teclado– para responder al compromiso adquirido con los lectores, despertando en ellos, a veces, la conformidad con lo expresado o, en la mayoría de los casos, su disenso. Era exactamente lo que perseguía: atraer la atención sobre un asunto concreto y generar una discusión al respecto para que cada cual extrajera sus propias conclusiones. Esa fue siempre mi intención.

Nunca quise pontificar sino ofrecer –como definiría el género opinativo un apreciado profesor– una visión particular, inevitablemente subjetiva pero alternativa, que pretende buscar una explicación de los hechos que sirva para orientar al lector. No se trata de un aspecto estético del Periodismo, sino de una función ética en todo medio de comunicación comprometido con la verdad y la defensa de la libertad. 

Tal orientación hacia el cuestionamiento crítico resulta mucho más pertinente cuando el exceso de información al que estamos sometidos aturde, en el mejor de los casos, o tiene la intención de manipular a sus destinatarios para que suscriban una determinada versión de la realidad, que es conveniente a los poderes dominantes. No sé si tan ambicioso objetivo ha sido logrado, aun parcialmente, con mis colaboraciones, pero constituía la brújula de mi empeño. 

Sin embargo, después de tantos años, una sensación cada vez más opresiva invade al columnista hasta que no tiene más remedio que afrontarla. Después de opinar de todo lo opinable y abordar tantísimos asuntos por los que se ha interesado, llega al convencimiento de ser reiterativo en su temática y en las argumentaciones, es decir, que no aporta nada nuevo. Siente el fundado temor de cansar a sus lectores con divagaciones también cansinas por redundantes. Y creo que es el caso de esta columna.

Del mismo modo que la jubilación culmina la vida laboral de las personas, mi actividad como colaborador de Andalucía Digital agota su ciclo vital. Es, para qué negarlo, ley de vida. Esta es, por tanto, una despedida de cuantos me han honrado con el beneplácito de una lectura periódica o eventual de mis comentarios semanales. 

A partidarios y detractores no puedo menos que agradecerles la atención, la paciencia y la fidelidad con que me han seguido. Porque son los lectores los que dan sentido y prestigio a todo proyecto mediático. Y es a ellos a los que hay que rendir cuentas con la honestidad del trabajo desempeñado y el rigor en la elaboración del producto que se les ofrece. 

Por eso quiero confesarles que esta columna nació de una propuesta en la universidad, fruto de la amistad establecida con el editor de estos digitales, compañero de pupitre. A él también deseo trasladar mi gratitud por permitirme disponer generosamente de este espacio con plena libertad y sin líneas editoriales. 

No olvido tampoco a los compañeros que conforman el plantel de firmas que hacen de éste un medio insólito en cuanto a solvencia y calidad informativa, no solo en la prensa digital, sino en cualquier soporte. La preparación y competencia de cada uno de ellos me hacía sentir intruso entre tantas autoridades. Gracias, pues, por dejarme compartir esta tribuna.

Estoy convencido que los lectores valoran la profesionalidad, el rigor, la credibilidad y la sensibilidad periodística de este producto informativo que, no por cubrir un ámbito local, siempre abandonado por los grandes medios, no descuida la calidad de su formato ni la diligencia en su trabajo. 

En ese sentido, Andalucía Digital es una escuela de profesionales en la que me he hallado a gusto ejerciendo mi vocación y compartiendo un proyecto común: el periodismo. Gracias a todos por la confianza que me han dispensado y a los lectores por su paciencia. ¡Hasta siempre, amigos!

DANIEL GUERRERO

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