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23 de febrero de 2020

  • 23.2.20
Recientemente he colaborado en la supervisión de varios trabajos fin de grado (TFG) que son los que tienen que realizar los estudiantes universitarios al finalizar sus estudios. Uno de ellos, elaborado por un antiguo alumno, consistía en una investigación en la que se estudiaban las relaciones que se generan entre los hermanos en diferentes períodos de sus vidas, y que fueron analizadas a través del dibujo de la familia.



Como he expresado en otras ocasiones, de manera habitual he investigado el desarrollo emocional y cognitivo de niños y adolescentes a partir de los sentimientos que se forman en el seno de las conexiones familiares, tomando como referencias las que se establecen con los padres (también con otros miembros como pueden ser los abuelos, tíos, primos, etc.) y las que se producen entre hermanos y/o hermanas.

Hemos de considerar que los padres configuran el centro sobre el que gira la mayor parte de las interacciones familiares, especialmente en las primeras edades, lo que ha dado lugar a extensos estudios de investigadores que entienden que los desarrollos psicológicos y afectivos, en gran medida, están condicionados por los comportamientos, afectos, directrices, consejos, etc., que el padre y la madre generan en el seno familiar.

Cuando acepté supervisar el trabajo citado lo hacía por el gran interés que supone indagar de modo general en las relaciones que se producen entre los hermanos, puesto que -en caso de que los escolares participantes los tuvieran- esas relaciones forman una parte importante del desarrollo personal de cada uno de ellos.

Tengo que indicar que la investigación en las aulas se había desarrollado sin dificultad. El problema surgió cuando el alumno tuvo que realizar un marco o introducción teórica, ya que al consultar en la biblioteca de la Facultad comprobó que los libros o artículos que se han publicado en nuestro país acerca de las relaciones fraternas son escasos.

Y esto es una paradoja, ya que a medida que se analizan y se profundiza en esas relaciones se comprueba la diversidad y complejidad de sentimientos, positivos y negativos, que se dan en los vínculos fraternos.

Por mi parte, asesoré al alumno sobre obras relevantes en las que habían abordado esta temática, entre las que se encuentran Sisters and Brothers, de la psicóloga estadounidense Judy Dunn y Psicología de las relaciones fraternas, de Enrique Arranz, doctor en psicología y profesor de la Universidad del País Vasco.

Por otro lado, para abordar el tema que he titulado El mundo de los hermanos, me ha parecido interesante dividirlo en dos partes, realizando previamente una síntesis de las principales ideas que estos autores exponen en ambas obras, para, posteriormente, mostrar y comentar varios dibujos a modo de ejemplos.

Así pues, presento en esta ocasión ocho ideas que me parecen bastante significativas:

- Las investigaciones recientes sobre las relaciones fraternas han puesto de manifiesto que estas son ambivalentes y bastante más complejas que el clásico binomio de afecto-rivalidad. Con el término ambivalente se describe la interacción en la cual conviven episodios de relaciones positivas de afecto y cariño con otros de conflicto y evitación o distanciamiento entre los hermanos.

- Dentro de las investigaciones se ha confirmado, tal como los propios interesados manifestaban, que el apoyo mutuo de los hermanos es una de las características más relevantes de la relación entre ellos. Este sentimiento de apoyo permanece, con más o menos intensidad, a lo largo de los años.

- La interacción entre hermanos es extremadamente sensible a la calidad de los afectos que se da en los padres. Una buena relación entre los padres es origen de sentimientos de seguridad, confianza y estrecha colaboración fraterna. Sin embargo, el supuesto de que el ambiente familiar incide de igual manera en todos los hermanos es erróneo, dado que, por un lado, cada uno de los hijos o hijas tiene su propio carácter y, por otro, en el desarrollo personal inciden factores externos a los que se dan en el seno de la familia.

- Tal como nos dice Judy Dunn, desde pequeños aparece una extraordinaria receptividad en los niños por lo que se muestran muy afectados en el trato diferencial con respecto a sus hermanos. Esto apunta a que los padres deben ser muy cuidadosos en buscar siempre un trato equitativo y compensatorio hacia los hijos.

- El punto anterior nos conduce a un tema de gran importancia en las relaciones fraternas: los celos. Sobre esta cuestión conviene apuntar que hay que asumirlos como un comportamiento absolutamente normal en las relaciones entre los hermanos; es más, los celos son una manifestación del proceso psicológico de construcción de la propia identidad. Bien es cierto que determinados celos pueden llegar a ser patológicos.

- Un tema que ha generado diversos estudios es la forma de intervención de los padres en los conflictos que pudieran darse entre los hermanos. De acuerdo con el sentido común, los resultados obtenidos apoyan la idea de la no conveniencia de una mediación excesiva y sistemática en los problemas que se producen entre los hijos; por otro lado, determinadas actitudes de los padres pueden alimentar pugnas entre los hermanos.

- Una de las características del trato entre hermanos es su carácter de continuidad a lo largo del ciclo vital del ser humano. De este modo, una vez abandonado el hogar de los padres, los hermanos siguen compartiendo acontecimientos significativos de sus vidas. No obstante, y a pesar de esa continuidad, las relaciones sufren modificaciones cualitativas a lo largo del tiempo, tanto en su naturaleza como en la función que cumplen en la vida de las personas.

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Una vez que he expuesto un conjunto de ideas acerca de las relaciones fraternas, quisiera comentar los cuatro dibujos que he seleccionado en los que se manifiestan gráficamente expresiones de cariño, ayuda y protección.

Comienzo por el dibujo de la portada. Fue realizado por un niño de 12 años que se encontraba en sexto curso de Educación Primaria. La escena nos muestra a una familia de cuatro miembros, todos sonrientes y disfrutando juntos de un día de ocio. En primer lugar aparece el padre que mira de frente, sosteniendo una raqueta de tenis y tanteando con la pelota; le siguen la madre y él mismo agitando la cuerda al tiempo que su hermana pequeña salta a la comba. Como puede comprobarse la relación del autor con su hermana es bastante buena, pues participa en un juego en el que la protagonista es ella.



El dibujo anterior fue realizado por una niña de 7 años. Como podemos observar, los personajes están numerados, de modo que la autora expresa el orden en el que los plasmó en la lámina. Así pues, comenzó por su hermano pequeño y, posteriormente, se representó a ella misma, detrás y con las manos en sus hombros, como señal de cariño y protección que sentía por su hermanito. Se muestra, pues, cómo la hermana mayor cuida y atiende al más pequeño de la familia.



Este tercer dibujo pertenece a una niña de 10 años, que se encontraba en quinto curso de Educación Primaria. La escena familiar la comienza representándose a sí misma en el lado derecho de la lámina, con los dedos en forma de ‘v’ como signo de victoria y cogida de la mano de su hermana pequeña que lleva a su mascota. En el lado izquierdo, aparecen los padres sonrientes y unidos, como expresión del cariño que se profesan y que trasladan a sus hijas.



Acabamos esta primera parte con el dibujo que realizó un chico de 13 años, que se encontraba en primer curso de Secundaria. Como puede comprobarse, muestra a su familia muy unida, formando un grupo compacto. De modo especial, llama la atención que el autor se represente en el centro del grupo y delante de su hermano mayor, como señal de la admiración que le profesa, al tiempo que manifiesta que se siente protegido por él.

AURELIANO SÁINZ

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