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1 de diciembre de 2019

  • 1.12.19
Vivimos en un mundo enormemente acelerado. El ritmo vertiginoso en el que nos encontramos parece que acaba enterrando no solo los hábitos que teníamos un tiempo atrás, sino que se lleva para siempre costumbres que habían formado parte de las vidas de muchas generaciones. Así, en las dos últimas décadas, Internet y los móviles han irrumpido de una manera tan fuerte que parece que hubieran estado siempre presentes con nosotros. Forman ya parte de nuestras vidas, sin los cuales nos sería muy difícil imaginarlas.

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Como no soy nada ‘apocalíptico’, es decir, no estoy en contra de los avances que la ciencia y la tecnología nos proporcionan, reconozco los beneficios que han generado en distintos ámbitos: el trabajo, la información, la comunicación interpersonal, el ocio, etc. Sin embargo, hemos de reconocer que también han producido problemas, caso de la adicción al uso permanente de los móviles, que, como nuevos daños colaterales, no conocíamos con anterioridad.

Estas reflexiones las he realizado a partir de la observación de la obra Juegos de niños de Pieter Bruegel, uno de grandes los pintores del Renacimiento en los Países Bajos, debido a que en este singular cuadro se nos muestra una amplia gama de juegos colectivos y al aire libre que muchos de los lectores y lectoras conocemos puesto que formaron parte de nuestra infancia.

Cierto que para recordarlos nos tenemos que remontar varias décadas atrás, puesto que en la mayoría de los casos han desaparecido para siempre. De todos modos, quienes disfrutamos de esos juegos al aire libre, fuera en las calles, las plazas, el campo, etc., nos son totalmente inolvidables, ya que no necesitábamos nada de dinero, puesto que por aquellos años teníamos los bolsillos vacíos o con escasas monedas, para pasarnos horas y horas jugando a placer.

Y, ciertamente, es una lástima, dado que esos entretenimientos han convivido con la infancia y la adolescencia durante siglos. Como buen ejemplo de lo que indico es la escena que aparece en ese cuadro de Bruegel del año 1560, hace nada menos que casi quinientos años, siendo indicio de que niños y niñas de aquella época se divertían con multitud de pasatiempos que se transmitían de generación en generación y que llegaron hasta nosotros.

Pero antes de describir algunas de las diversiones infantiles que aparecen el cuadro, quisiera apuntar que a Pieter Bruegel (1526-1569) también se le conoce como Pieter Brueghel el Viejo, siendo en Flandes (por entonces perteneciente a los Países Bajos) el gran continuador de la obra de su compatriota El Bosco.

Sobre este pintor, tengo que apuntar que cuando visito el Museo del Prado acudo casi siempre a ver su magnífica obra El triunfo de la muerte, que más adelante retomaré para comentar la visión que por entonces se tenía del fin de la vida humana. De igual modo, otro de sus trabajos que siempre me ha apasionado es La construcción de la Torre de Babel, que se encuentra expuesto en el Museo de Historia del Arte de Viena.

Volviendo al cuadro Juegos de niños, quisiera apuntar que lo más sorprendente de este trabajo es que Bruegel plasma nada menos que ¡86 juegos distintos! Es decir, todo un estudio del mundo lúdico de los niños del siglo XVI en los Países Bajos.



Quién esté leyendo esto, y su infancia se remonte bastantes décadas atrás, es posible que haya jugado formando parte de un grupo que saltaba sobre otros compañeros que, agachados y formando una fila espaciada, se mantenían en esa posición hasta que hubieren pasado todos, por lo que ahora les tocaba a su vez saltar sobre los que inicialmente habían pasado y tenían que inclinarse a su vez.

Que yo recuerde, el primero que saltaba sobre el agachado decía: “A la una salta la mula…”, siguiendo con el siguiente: “A las dos salta el reloj…” y de este modo se continuaba.

De todos modos, me imagino que los nombres que este juego tan conocido recibiría diversas denominaciones, según los lugares en los que se hicieran. Así, tengo recogido que en España recibía el nombre de “Pídola” o “El salto del cordero”, esta última como traducción francesa de “Saut mouton”, que se empleaba en el país galo.



¿Quién de los mayores (y quizás también algunos jóvenes) no ha jugado con los aros metálicos conduciéndolos con toda la habilidad posible con un pequeño hierro curvado para guiarlo por donde se le quería llevar a modo de vehículo rodante de una sola rueda?

Somos muchos los que podemos recordar que había quien tenía un aro de hierro perfecto, con la curvatura bien modulada y el perfil bien pulido, por lo que acababa siendo la admiración de quienes no teníamos uno propio.

Siglos y siglos con los niños y niñas disfrutando con las ruedas, tanto que estoy por afirmar que este ha sido uno de los juegos ancestrales infantiles, puesto que una rueda se podía construir de diferentes materiales.

De todos modos, no me resisto a extraer un par de párrafos de Rose-Marie y Rainer Hagen, autores del libro biográfico dedicado a Pieter Bruegel y de quienes he obtenido los datos para que comprendamos el significado de la infancia por aquellos años.

“Hasta ese momento, la infancia no había sido tema de particular relieve en la historia de la pintura occidental, ni tampoco en la historia del pensamiento. La infancia no se consideraba una fase de la vida con necesidades propias, sino tan solo como estado previo a la edad adulta”.

“Se trataba a los niños como adultos pequeños, por lo que su vestimenta en el cuadro de Bruegel es indicio de ello: los vestidos, mandiles y cofias de las niñas se asemejan a los de sus madres; los pantalones, jubones y túnicas de los niños lucían idéntico aspecto a los de sus padres”.



Observando detenidamente el cuadro, podemos comprobar que había juegos de la calle en los que tanto los niños como las niñas participaban colectivamente sin que hubiera ningún problema. Uno de ellos es el que muestro como plano detalle: se trata de ‘la gallinita ciega’, juego tan popular que ha traspasado países, épocas y edades, puesto que también ha sido un pasatiempo de adultos, tal como nos lo muestra Goya en su conocida obra que lleva precisamente el mismo título de La gallinita ciega.

En este lienzo del inmortal pintor aragonés aparecen cuatro parejas de personajes masculinos y femeninos que cogidos de la mano forman un círculo, al tiempo que otro participante, ubicado en el centro del corro, y cuyos ojos están tapados, intenta tocar con una cuchara larga de palo a algunos de los que le rodean, al tiempo estos lo evitan agachándose.

Y es que los juguetes como instrumentos específicos de diversión no tienen una historia excesivamente lejana. Esto lo confirman los dos historiadores del arte que he citado cuando nos dicen que: “Por entonces casi no existían juguetes. La mayoría de los niños jugaban sin juguetes, utilizando vejigas de cerdo, huesecillos, hilachas, cinchos de barril, o sea, cosas que de cualquier manera estaban disponibles (…) Hemos de tener en cuenta que los juguetes, creados únicamente con este fin, no eran muy comunes en el siglo XVI”.



Como detalle indicaré que en el cuadro de Pieter Bruegel aparecen pintados nada menos que 250 niños que juegan entre ellos. No es de extrañar que, tal como he indicado, este cuadro realizado en óleo sobre madera sea un verdadero tratado de los juegos infantiles del siglo XVI, desde los más inocentes hasta los que comportaban cierto nivel de riesgo o de broma pesada.

Es, por ejemplo, el que muestro en este detalle seleccionado del cuadro, el mismo que en la obra de Rose-Marie y Rainer Hagen llaman “masculillo” (‘tape-cul’ en francés), que a fin de cuentas era cogerle a uno por los brazos y las piernas y culearlo contra una esquina o contra un alargado madero, tal como aparece en el cuadro del pintor flamenco.

En nuestros días, este tipo de juego se asemeja a las novatadas que aún se practica en algunos centros de enseñanza cuando se reciben a los estudiantes de primer curso. Pero las novatadas están ahora claramente rechazadas porque, a fin de cuentas, es una diversión que se realiza ridiculizando y humillando a quienes las sufren; aunque, décadas o siglos atrás, no se tenía una clara consideración sobre el significado de este tipo de entretenimientos.

AURELIANO SÁINZ

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