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24 de agosto de 2019

  • 24.8.19
Voy aprendiendo que la vida son las pequeñas cosas, los "momentos brillantes" que, como dice Manolo García, duran un poco. También he aprendido que cuando algo no sale como yo esperaba, lo que llega a veces es mucho mejor. Ahora voy sentada en el tren en un asiento de los que tienen mesa que es compartida por cuatro. Yo los odio. Al principio me he enfadado porque había pedido expresamente que no fuera uno de ellos y, sin embargo, ahora estoy contenta, Nadie se ha montado, voy sola, lo que me permite estirar mis piernas perfectamente.



Para mí ha sido una bonita metáfora de que todo es cambiante. He pasado de despotricar, de criticar a la señora que me vendió el billete, a disfrutar de un espacio amplio, sentada al lado de la ventanilla, viendo cómo un blanco sol de agosto se niega a irse a dormir.

De los periodos en que me duele la pierna y el pinzamiento del nervio ciático no me deja andar, he descubierto el placer de viajar en cualquier medio de transporte sin tener que hacer esfuerzo. Siempre que yo no conduzca, claro. Me siento como en una alfombra voladora que me lleva a mi casa sin tocar el suelo, sin dolor. Como por arte de magia, vas de un lugar a otro.

Ayer pasé un día precioso con mi chico y su amigo del alma. Me sentí de nuevo niña hablando con la hija del amigo y nadando en el pantano. Recordando aquellos tiempos lejanos en los que en el pueblo íbamos a un pantano cercano con mis primos y donde ninguna playa podía dar más felicidad que aquella Aguadulce rodeada de piedras suaves.

Salir de la ciudad, alejarse de la civilización para ver la naturaleza, los pinos y sentir que el aire que llega a mis pulmones es fresco, limpio y lleno de oxígeno. Pasear en barquito sintiendo las gotitas que el aire arranca de la superficie del agua, olvidando la canícula de todo el día. La gente sencilla siempre me gusta, me hace fácil el camino, sin estrategias, ni apariencias: solo sonrisas de comprensión. La calidad humana no tiene precio y no se puede comprar.

Nada de estridencias, nada de cosas fantasiosas. Solo la vida con sus cositas, con sus momentos de calma y paz, de amor y caricias. Sin planes, sin objetivos, sin “tiene que ser”. Solo siendo todo como es.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ



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