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7 de marzo de 2019

  • 7.3.19
Aunque pueda resultar paradójico, el supremacismo catalán y el renovado movimiento independentista en Cataluña no es más que una consecuencia natural del 15-M. La indignación es un sentimiento efímero que, en aquel momento, necesitó materializarse en algo para no acabar en frustración. Y es ese último el sentimiento mayoritario tras las movilizaciones y la decepción que supuso Podemos para muchos.



Sin embargo, una parte de Cataluña, movida y manipulada con los sentimientos más bajos del ser humano, ha encontrado en la independencia una causa en la que enfocar y materializar unos sentimientos de cambio, que no encuentran lugar para arraigar en el resto del país.

Barcelona, Madrid, Sevilla… España entera vivió en 2011 una oleada de indignación que encontró su referencia en el Indignez-vous! de Stéphane Hessel. Algunos lo leímos antes del 15 de mayo. Otros, después. En cualquier caso, a todos nos llegaron las palabras con las que acababa el manifiesto: “Crear es resistir, resistir es crear”.

Tiempo después, algunos crearon un partido político, Podemos, que pretendía resistir a la ola neoliberal que muchos jóvenes vivíamos con mayor o menor amargura. Antes o después, muchos nos desencantamos por su autoritarismo y radicalidad, y la indignación acabó en frustración.

En cambio, debido a los intereses partidistas de la antigua Convergència i Unió (CiU), se activaron los sentimientos supremacistas que, desde el victimismo, el pujolismo impuso en escuelas y medios de comunicación con la connivencia del Estado, y se propuso a los catalanes un proyecto nuevo y descabellado. Y como todos los proyectos nuevos y descabellados, hizo ilusión a muchos, frente a un Gobierno que no hizo nada, salvo afirmar una y otra vez que aquello no iba a ninguna parte y que había que ignorarlo.

Hoy en día se presentan cinco partidos o coaliciones nacionales. Solo Vox y Unidas Podemos plantean un proyecto. Un proyecto difuso e informe, pero al menos suponen una propuesta. PP, PSOE y Ciudadanos no son capaces de transmitir, ya no un cambio, sino un esbozo de proyecto que ilusione a los españoles de todas las naciones y regiones del país.

Insistimos: crear es resistir, resistir es crear. Frente al interés del Partido Socialista de Pedro Sánchez y de Vox por retroceder un siglo de Historia, tanto España como Europa necesitan crear un nuevo proyecto que sea capaz de ilusionar a la población y ayudarla a resistir las arremetidas de esta crisis que se niega a abandonarnos.


RAFAEL SOTO



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