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2 de marzo de 2019

  • 2.3.19
Hay una corriente dentro de las distintas manifestaciones artísticas que recibe el nombre de minimalismo. El término, a mi modo de ver, es bastante afortunado, puesto que cualquiera puede entender que hace referencia a aquellas corrientes en las que se acude a los elementos esenciales que configuran la obra, sin utilizar otros que son accesorios o que se consideran adornos innecesarios.



Quizá sea dentro de la música donde el término de minimalismo ha hecho fortuna y se emplea para hacer referencia a un determinado género contemporáneo. Se comenzó a hablar de ‘música minimalista’ cuando Michael Nyman, en 1968, publicó su álbum The Great Digest. Desde entonces se ha ampliado el número de autores que se adscriben a esta línea. Personalmente citaría a dos compositores que me apasionan: el estadounidense Philip Glass y el estonio Arvo Pärt.

Dentro de las artes plásticas no suele usarse este término, dado que se aplican otros para aludir a los distintos estilos que se dan dentro de la abstracción. No obstante, podría apuntar que las primeras obras minimalistas en la pintura habría que atribuírselas al ruso Kazimir Malévich, aunque a esta tendencia se la denominó suprematismo.

También dentro de la arquitectura podríamos hablar de minimalismo, estilo que se caracteriza por la creación de edificios de extrema simplicidad tanto en la forma como en el uso de los materiales, evitando toda ornamentación y siguiendo la famosa frase del gran arquitecto Mies van der Rohe cuando expresó que “menos es más” (less is more).

De este modo, la idea de los arquitectos que se adscriben a esta línea está marcada por la búsqueda de la belleza a través de la austeridad, de la sobriedad de las formas, pretendiendo que sea la propia geometría que subyace en toda obra arquitectónica la que aparezca destacada, junto al uso de la luz como elemento natural que hay que considerar en su relación con los cuerpos construidos.

Por mi parte, entiendo que a un amplio sector de la población no termine de gustarle este planteamiento. A la mayoría le gusta la complejidad, los adornos, cierto ‘barroquismo’, los materiales que nacen de las manos de los artesanos.

Para que se me entienda, pongo un ejemplo de contraposición. A diario, enormes grupos de gente de diversos países visitan la Sagrada Familia de Barcelona de Antoni Gaudí, debido a la admiración que despierta el trabajo en piedra para la realización de una catedral que se enmarca en una especie de modernismo gótico. En cambio, no creo que, más allá de algunos estudiantes de arquitectura, hubiera público interesado en visitar la denominada Casa Gaspar de Alberto Campo Baeza, que para mí es la mayor expresión del minimalismo dentro de la arquitectura en nuestro país.



Pero antes de hablar de la Casa Gaspar y de otras obras de Campo Baeza, uno de los arquitectos españoles contemporáneos cuyos proyectos se inscriben abiertamente dentro del minimalismo, conviene conocer, aunque sea someramente, algunos datos biográficos suyos.

Aunque Alberto Campo Baeza nació en Valladolid en el año 1946, a los dos años pasó a vivir en Cádiz, dado que su padre, cirujano de profesión, tuvo que ejercerla en esta ciudad andaluza. Conviene apuntar un aspecto importante a destacar en su biografía: se trata de la profesión de su abuelo Emilio Baeza que fue arquitecto municipal en Valladolid, hecho que influyó necesariamente en el devenir de su nieto Alberto cuando tuvo que decidirse en los estudios universitarios.

Dado que en la actualidad cuenta con 72 años, ha de entenderse que su trayectoria profesional ha sido larga, por lo que destacaré que ha combinado el trabajo como arquitecto con su pasión por la docencia, de modo que ha ejercido como profesor en numerosas ciudades extranjeras (Zúrich, Lausana, París, Nueva York, Nápoles, etc.). En nuestro país ha ostentado la cátedra de Proyectos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM) desde 1986.

Puesto que en la Universidad española la jubilación es obligatoria los 70 años, a diferencia de otras extranjeras que no ponen edad límite, en la actualidad se encuentra como profesor emérito en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados de la ETSAM.

Para cerrar, quisiera apuntar que Campo Baeza ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales, siendo, en la actualidad, académico en la sección de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de España.



Puede parecer sorprendente que una obra de la extrema sencillez formal como es la Casa Gaspar se tome como referencia de un autor, dado que habitualmente se suelen citar aquellos grandes edificios que tienen un cierto carácter monumental.

Pero es que, en algunas ocasiones, esas pequeñas obras son verdaderos hitos en el campo de la arquitectura. Recordemos, por ejemplo, el Pabellón Alemán que Mies van der Rohe proyectó para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, que fue una obra de referencia del Movimiento Moderno dentro de la arquitectura, tanto que se reconstruyó en 1986 en el mismo lugar en el que estuvo ubicado.

O también la denominada Casa de Cristal del estadounidense Philip Johnson en New Canaan, estado de Connecticut (EEUU), y que le sirvió de propia vivienda al arquitecto. El mismo que en 1979 recibiría el primer Premio Pritzker de Arquitectura y que, años más tarde, firmaría los dos grandes edificios inclinados que con el nombre de Puerta de Europa se encuentran en la plaza de Castilla de Madrid. El minimalismo extremo en sus orígenes y la monumentalidad convertida en espectáculo en sus años postreros.

El minimalismo de la Casa Gaspar aparece de manera rotunda nada más acercarnos a ella, puesto que se nos muestra la entrada al recinto a través de un muro rectangular de absoluta blancura. Y en el medio exacto de ese rectángulo se abre un hueco vertical, también rectangular, que sirve de paso al interior.



“Menos es más” es la minimalista frase que los arquitectos seguidores de Mies van der Rohe siguen como consigna inalterable en sus obras. Esto es lo que parece aplicar Campo Baeza en ese recinto de una austeridad extrema que se encuentra en la localidad gaditana de Zahora.

Siguiendo los deseos del propietario de buscar una independencia total del exterior, en 1992 se acaba la construcción de la casa que dos años antes había proyectado el arquitecto. De este modo, se crea un recinto cerrado en forma de cuadrado de 18 metros de lado y con unas tapias de tres metros y medio de altura. Aislamiento y concentración total en el ascético recinto cuyo interior está formado por tres partes iguales en superficies. Solo se cubre la parte central, dejando como espacios abiertos las dos laterales.

La fotografía del japonés Hisao Suzuky, tomada al amanecer, nos muestra uno de los espacios laterales abiertos, de modo que el blanco impoluto que preside todo el conjunto se transforma en un azul celeste, como expresión de la integración de la luz en el cuerpo arquitectónico, tal como pretende el autor del proyecto.



Para que pueda comprenderse el valor geométrico de la Casa Gaspar muestro la fotografía de una maqueta que nos hace ver la perfecta simetría del conjunto.

Este criterio minimalista que preside la obra de Campo Baeza la ha ido aplicando a otras viviendas o casas unifamiliares que ha proyectado. No obstante, y a pesar de que como reconoce el propio autor no son numerosos los proyectos por él firmados, puesto que, tal como he apuntado, la docencia y la escritura forman parte de su trabajo, también son conocidas otras obras suyas como la monumental Caja de Granada y el Museo de la Memoria de Andalucía; o el museo Mercedes Benz de Stuttgart, Alemania, cuya imagen aparece como portada del artículo.





Una obra de enorme monumentalidad es el edificio que Campo Baeza proyecta para la Caja de Ahorros de Granada. En el exterior se presenta como un gran cubo perforado por una retícula de huecos de iguales dimensiones. Sin embargo, en su interior se muestra un patio central con cuatro grandes columnas cilíndricas de hormigón armado, lo que le da un aspecto ciclópeo al conjunto.

Acerca de este edificio, Enrique Domínguez Uceta nos dice, en 100 obras maestras de la arquitectura moderna española, lo siguiente: “Desde el 2008, la sede central y el Centro Cultural Caja de Granada, dos iconos de la obra de Alberto Campo Baeza, se alzan frente a frente en la llanura de la ciudad granadina. El primero es un gran volumen prismático, en el que se incluye un formidable mecanismo lumínico en un patio interior cubierto de gran tamaño, que evoca un panteón romano de muros ortogonales”.



Domínguez Uceta, sobre el Centro Cultural de Caja Granada o Museo de la Memoria de Andalucía, nos indica: “El Centro Cultural Caja de Granada dialoga con el edificio anterior [la Caja de Ahorros], situando frente a él un extenso podio horizontal en el que se abre un patio elíptico, con ecos del palacio de Carlos V, en el que un nudo de rampas curvas dibuja circulaciones en el aire. Fiel a su depurado minimalismo, Alberto Campo Baeza ha sido capaz de mantener la solemnidad silenciosa de las grandes masas perforadas por la luz y de alojar en ellas la ligera gracia de las rampas curvas y sensuales que vuelan en paralelo, sin tocarse, en el espacio cilíndrico del patio, derramando sombras”.

AURELIANO SÁINZ

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