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22 de febrero de 2019

  • 22.2.19
Hay algunos ángeles, muy denostados hoy en día, que ayudan y marcan la vida de los alumnos. Son esos profesores enamorados de su trabajo, docentes de corazón que te hacen amar una asignatura, aunque sea árida como el desierto de Gobi. Ellos ven en sus pupilos semillitas que van a florecer y no discriminan, ven potencial en todos ellos. No se rinden.



Ojeando mis libros de la universidad me ha venido a la memoria aquella profesora menudita y de rostro amable que nos ponía miles de ejemplos para hacernos querer su materia, aunque desde el principio todos estuviéramos a la defensiva.

No me acuerdo bien de cuál era, pero sí recuerdo que tenía que ver con legislación. Y los articulados son siempre tan poco interesantes... Sobre todo si el que te examina quiere que tengas una memoria de papagayo y repitas como en una letanía cada palabra de la ley correspondiente. Como si pensar estuviera sobrevalorado y diera igual entender lo que se lee y lo que quiere decir. A lo mejor la justicia actual española tiene que ver con esto: gente que ha sacado una oposición simplemente por tener buena memoria.

Me da pena que los maestros y profesores estén hoy tampoco valorados y tampoco respetados. La educación es una de las piedras angulares de una buena democracia. Ciudadanos y ciudadanas pensantes, y con espíritu crítico, es lo que necesitamos para hacer frente a la corrupción reinante y a la pérdida del valor de la honradez.

Hay que ser exigente a la hora de seleccionar a los docentes porque ellos tienen la vida de muchas personas en sus manos y, una vez elegidos, se les debe el máximo respeto. Respeto que, por otra parte, merecen todos los seres humanos.

También hay malos profesores. Me viene a la memoria la historia de una amiga de mi prima. Se topó en su camino con una profesora, aunque duela usar ese nombre, ya no que tenía la dignidad suficiente para tener ese título, que le dijo que ella nunca llegaría a nada. Prácticamente le hizo ver, siendo niña, que era una inútil.

Actualmente, esa chica estudió una carrera y es profesora de Secundaria, con sus oposiciones ganadas. Menos mal que su madre siempre creyó en ella y no dejó que hundieran a su hija, ni que hicieran mella en ella las palabras de una mujer frustrada e infeliz.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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