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20 de diciembre de 2018

  • 20.12.18
Estamos a las puertas de la Navidad. Los comercios han sacado las uñas pero hábilmente protegidas para que no arañen al personal. Entramos en un periodo de siete semanas de furibundas compras que empezaron a mediados de noviembre y que concluirán en enero del próximo año. El tiempo de compras navideñas ha crecido al abrigo de nuevos ciclones comerciales y publicitarios.



Un titular de prensa avisa –o más bien recuerda– que pensemos un poco antes de tirar la casa por la ventana. “Cuidado con el consumismo: los españoles gastarán en Navidad un 26 por ciento más que los alemanes, con un 36 por ciento menos de renta...”. Está claro que cada cual gastará lo que le parezca oportuno, ¡faltaría más!

“Con los datos en la mano, España es uno de los países mas consumistas de Europa”. Los datos los ofrece un Estudio de Consumo Navideño de Deloitte, a partir de la renta media de los países analizados. Parece ser que gastaremos unos 601 euros frente a los alemanes, que gastarán unos 476 euros.

Los grandes almacenes son los favoritos en este maratón de consumo navideño que empezó con el llamado “Viernes Negro” (Black Friday) y finalizará con la fiesta de Reyes Magos (o “Magas”, en el caso de la ciudad del Turia). Supongo que el cambio de sexo viene por aquello de “renovarse o morir”. Se me hace cuesta arriba pensar que hay un deseo de derrocar la tradición de un pueblo venida de otros tiempos y mantenida hasta hace cuatro años.

El 19 de noviembre empezó la carrera de las compras y terminará el 6 de enero. Son siete semanas incitadoras a consumir en las que se juegan el tipo las empresas de ropa, de electrónica y alimentación. Regalos varios, viajes, ocio, juguetes y comida acaparan la mayor parte de gastos.

Amigos invisibles, comidas navideñas, tanto de empresa como familiares para Nochebuena y día de Navidad, “festolera” noche de fin de año, regalos de reyes para pequeños y mayores sumarán en la caja de los diversos comercios que, nunca mejor dicho, hacen su agosto en pleno invierno. "¡Más madera…!", dirían los hermanos Marx.

¿Tenemos más poder adquisitivo que en años anteriores? Posiblemente no pero hay que “vivir la vida” y un dulce no amarga a nadie. ¿Cómo pagar? Contando con préstamos que nos asaltan alegremente con la consigna de "compre hoy y ya pagará mañana…". Dichos préstamos tienen, como es natural, un alto interés bancario que, en principio, ni los miramos para que no amarguen el momento.

Pese a que los buenos regalos no son nada baratos, haremos un esfuerzo para cumplir con mayores y menores. Eso sí, son muy interesantes y atractivos por las posibilidades que ofrecen para satisfacer ilusiones, sobre todo de los pequeños.

Ofertas mil, muy sugerentes, revolotean por los distintos medios tanto escritos, hablados o virtuales. Veamos algún folleto. Tengo delante unos catálogos publicitarios (o panfletos de “carácter agresivo”) que ofrecen verdaderas gangas, según dicen. Si mienten o no, es cuestión de volver sobre el asunto pasadas las entrañables Navidades.

Por lo que puedo apreciar en dichos folletos, casi todos los grandes almacenes ofertan como gancho regalos de tecnología, como no podría ser de otra manera. La clave estará en que el consumidor sepa qué es lo que quiere regalar o regalarse. Comprar “a tontas y a locas” puede ser frustrante para ambos.

Aviso importante. La expresión “a tontas y a locas” carece de total referencia a persona alguna. Significa hacer algo “desbaratadamente, sin orden ni concierto” (sic). Dejo claro dicho significado porque aumenta a pasos de gigante, por parte de indoctos, el rechazo a un supuesto lenguaje no correcto, machista u ofensivo.

Volvamos a los regalos. Según catálogos, el importe original de los productos reseñados era de casi el doble de lo que piden en estos momentos. Los precios siempre llevan un sugerente añadido de elementos complementarios para hacer más apetitoso el ofrecimiento. Si compras “este (X) artículo” que valía 699, ahora te lo dejamos en 499 euros; además, te regalamos un determinado número de accesorios complementarios.

¿Qué regalar? Cada cual hace sus cábalas sobre qué tipo de regalos comprar para unos y otros. Marido a esposa, ésta a hijos o nietos y, por supuesto, al marido. Este año supongo que el regalo estrella para jovencitos y algún que otro mayor (no muy pasado de años) será el invasor patinete –al menos en las grandes ciudades– que lo están ofreciendo por todos los agujeros posibles. Otro elemento a tener en cuenta supongo que será el último grito en teléfono móvil o smartphone que sigue en primera línea de ataque.

Los móviles y tablets acaparan la atención y el deseo del personal, sobre todo de los jóvenes. Se han convertido en uno de los regalos estrella de las grandes ocasiones y en Navidad se multiplica el interés por ellos. La excusa viene bien y puede sustituir al trasnochado aguinaldo.

Antes de comprar un teléfono hay que hacerse dos preguntas: ¿cuánto se está dispuesto a gastar? y ¿cuáles son las necesidades? En función de éstas, y teniendo en cuenta el límite de presupuesto, se puede realizar un repaso a las mejores opciones del mercado. Internet puede ser de gran utilidad porque permitirá comparar precios y utilidades.

¿Forma de pago? Aquí el señuelo es jugoso. Puedes pagar a “tocateja” o con la tarjeta, cuyo importe no te llegará hasta el próximo mes. También te permiten aplazar el pago a 12 cuotas que incrementarán el importe total con la miseria de 9 euros. Estoy reflejando la publicidad de un centro comercial muy conocido, cuyo nombre prefiero callarme. Viene a cuento porque si damos un repaso a más publicidad de otros tantos comercios, todos ellos juegan en el mismo campo.

Como siempre pica la curiosidad y recurro a una cita del libro Vuelve el listo que todo lo sabe de Alfred López. ¿Cuál es el origen de la expresión "pagar a tocateja"? Según el diccionario, significa pagar “en dinero contante, sin dilación en el pago, con dinero en mano, en efectivo” (sic). Curiosidad sobre dicha expresión.

El origen del dicho proviene de una moneda de oro de gran tamaño acuñada por Felipe III en el siglo XVII, llamada “centén”. Debido al gran tamaño de dicha moneda no tardó en ser conocida con el nombre de “tejo”, que era como llamaba al pedazo pequeño de teja o piedra utilizado en diversos juegos infantiles de la época. Con el tiempo de tejo pasó a llamarse “teja”. Pagar a tocateja significa tocando la teja, es decir, palpando la moneda.

Y llegó un año más la Navidad. Deseo de todo corazón que cada cual pase estas fiestas lo mejor que pueda y le dejen. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo y que la suerte nos acompañe. Que la Befana (bruja buena) deje muchos regalos.

PEPE CANTILLO

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