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1 de junio de 2018

  • 1.6.18
Cuando un hombre ama a una mujer, la mira, la observa, se embelesa y se deleita recorriendo sus rasgos. Los ojos, los labios, su cara, de nuevo los ojos hasta que su mirada queda hipnotizada por los labios y, sin saber cómo, se encuentra saboreando y jugando con una lengua que hace que, por su columna, las descargas eléctricas corran, bailen, suban y bajen.



Cuando un hombre quiere a una mujer, le acaricia la mejilla, le aprisiona suavemente su cara con sus manos para poder besarla con ternura, con pasión, con locura. Cuando un hombre se enamora, quiere ser el héroe de la historia, el príncipe del cuento y el guerrero protector de su amada.

Cuando un hombre se entrega sabe cuidar a una dama, la mima, la escucha, la percibe, la abraza. Cuando un hombre está enamorado quiere desentrañar el misterio de la mujer que lo acompaña. Quiere conocerla, descubrirla, saber qué le hace feliz y descubrir los porqués de su tristeza.

Cuando un hombre siente en su corazón y en su mente que ella es la mujer con la que quiere pasar la vida, se crece, pelea y ahuyenta todas sus inseguridades. Solo conoce la certeza. Cuando un hombre quiere de verdad una mujer se lo hace saber con gestos y detalles tiernos. Se vuelve cursi para su ego.

Cuando un hombre tiene claro que las horas con ella son más vividas, cuando se ríe de él mismo por hacer lo que siempre juró que no haría y descubre que su debilidad le convierte en el hombre más fuerte del mundo, cuando todo eso ocurre y todos sus esquemas se derrumban y le dejan expuesto en un mundo desconocido del que no puede ni quiere escapar, entonces es cuando se encuentra a sí mismo.

Cuando un hombre está enamorado, te lo hace saber con miles de pistas. Cuando un hombre te ama, tú simplemente lo sabes. Su mirada te atraviesa y su voz te acaricia. Cuando quiere que tú seas feliz, cuando te escucha, cuando te sorprende, cuando te cuida y mima en la enfermedad, ese es tu hombre.

Y cuando todo esto no ocurre, no es culpa de nadie. No se dio. Solo es eso. Todas las mujeres del mundo deberían ser amadas alguna vez para así poder saber y reconocer cuándo un hombre te quiere de verdad. Cuando una mujer se reconoce en los ojos de un hombre, cuando ella sabe con certeza que él es su compañero, su hombre, su protector... el misterio de la vida se desvela. El amor es siempre lo que nos salva. De todo.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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