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15 de marzo de 2018

  • 15.3.18
Esta semana hay una desazón especial con la muerte de Gabriel, un chiquillo de corta edad. La mala sangre y rebrotes de odio están enrareciendo el ambiente aunque el mal sabor de boca dure solo unos días y la madre haya hecho un llamamiento a la cordura.



Si nos escudamos en el discurso del odio está claro que levantaremos ampollas en más de una persona. No es de recibo confundir al personal con dardos envenenados. Asesino o asesina es quien “mata con alevosía, ensañamiento o por una recompensa” y de paso “causa viva aflicción o gran disgusto” (sic). En el caso del niño, la conmoción es grande.

Para bien o para mal, el sentir popular se mueve según sople el aire. Estos días, las redes están aventando por un lado dosis de apoyo a la familia con palabras gratificadoras y, por otro, brotan mensajes cargados de odio, de racismo, amén de gran cantidad de bulos. Por cierto, el color de la piel, ser inmigrante, mujer u hombre no son agravantes ni atenuantes en caso de asesinato.

En el libro de Stefan Zweig titulado Castellio contra Calvino queda claro que “matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre”. En aquel caso se enfrentaba el fanatismo a la cordura.Yo me pregunto ¿y matar a un niño?

Otra perla. Indigna el comentario de El Chicle: “Me van a pedir homicidio, pero a los 7 años ya estaría fuera”, según relata en una carta dirigida a sus padres en la que se jacta de que estará nada y menos en la cárcel. Si al menos callara para no atizar el fuego…

Como salteador de caminos para abusar de jovencitas morenas y de pelo largo, cercanas a los 18 años, parece que no tenía rival. Dicho sujeto, según el juez, es un individuo con un potencial delictivo enorme, de un altísimo riesgo.

¿Por qué la indignación? Es tan poca la importancia que de su “supuesto” crimen le da el sujeto que parece se queda tan pancho. Cualquier persona con cinco dedos de frente y cierto grado de vergüenza untada con algo de remordimiento no respondería en dichos términos. Claro que tener conciencia del bien o del mal es mucho pedir.

La cita que adjunto del libro Neurología de la maldad, de Adolf Tobeña, es reveladora pero amarga: “La cuota de bribones, villanos, matones y asesinos que cada sociedad debe sufrir se renueva sin cesar. Aunque transcurran las épocas, las circunstancias y las generaciones, los malvados no dejarán de alimentar las múltiples variantes de la criminalidad. En cualquier tiempo habrá gente dispuesta a lastimar, torturar o perjudicar gravemente a los demás”.

La violencia es un estigma cruel que ha invadido nuestro entorno social, quizás porque hemos perdido el respeto más elemental a las personas, quizás porque matar o ejercer violencia no sale caro; quizás porque nos divierte vivir peligrosamente y jugar al límite. Muchas son las razones que se pueden aducir.

La violencia sin apellido (general) parece que nos acorrala por todos los frentes. Adolescentes que matan importándoles un bledo las consecuencias de su conducta; adultos que agreden a quien se ponga por delante sin el menor miramiento. ¿Transgredir las normas y ser violento puede salir gratis?

La violencia que en términos generales nos envuelve avisa de que estamos fracasando como personas. Violencia en la escuela, en la familia, en la calle, en lugares de ocio, en el deporte... Poco a poco hemos frivolizado las circunstancias violentas.

Puede que una de las razones de fondo de todo este desmadre esté en que maltratar, agredir e incluso matar sale barato porque la pena que se impone a quien comete un delito es suave. Tendremos que buscar soluciones antes que rebose el vaso.

Planteo unas líneas sobre la violencia con “apellido”. El abanico en este tema es amplio. Solo ofrezco algunas de las modalidades más conocidas. Empecemos por la física, la más visible por las huellas que deja en la víctima tales como heridas, hematomas, fractura de miembros, amén de dejarle el ego muy dolorido.

Violencia verbal ha habido siempre pero puede que ahora sea algo más llamativa puesto que ofendemos a destajo a todos aquellos que no nos agradan. Las redes nos ayudan a calentar el ambiente.

La psicológica se caracteriza por una continuada humillación, desprecio. Es habitual en el acoso de la pareja. Este tipo de maltrato es el más generalizado, menos visible, menos detectado y casi nunca contemplado por las leyes, ya que “no se ve”, las lesiones y las secuelas son severas y a largo plazo. Suelen tener carácter crónico.

Otra variedad es la sexual en la que se fuerza a la víctima a realizar actividades o acciones sexuales no queridas voluntariamente por esa persona. En esta modalidad entran como acosados niños y niñas, jóvenes, mujeres. La violación es el apellido que más abunda en esta variable.

La violencia social juega en muchos de los casos un papel muy importante. Consiste en limitar a la víctima socialmente para lo cual se le aísla al máximo posible en su relación con familiares y amistades. Cuesta percatarse de ella, máxime si la víctima elude, por miedo, dar explicaciones a terceros. A esta modalidad hay que añadir la patrimonial, una de las más finas y menos detectable.

La violencia de pareja (léase machista, sexista o mal llamada "de género") suele ser un conglomerado de varias modalidades. Ésta deja huellas tanto físicas como psíquicas, además de sumar otras señales.  La violencia domestica machaca a todos los miembros del hogar. La sufren las mujeres que suelen llevar las de perder. Se irradia de padres a hijos y de hijos a padres, factor éste que parece va en aumento.

No me olvido del acoso escolar (bullying o cyberbullying) que se ejerce sobre otro con el fin de denigrarlo y vejarlo ante los demás y que también se tiñe de violencia. El maltrato entre iguales origina un destructivo modo de relación que junta a víctima y agresor en una zona oscura de la intimidad.

La violencia racista o xenófoba está a la orden del día; de la ejercida en el deporte mejor no hablemos; la violencia bullanguera o gratuita que carcome lo que encuentra a su paso por el placer de destruir es seria. Mobiliario público, pintadas por doquier, vidrios rotos en jardines donde juegan niños... son algunas muestras de ella.

Otra variable completita es la económica. No pagar la pensión alimenticia en el caso de separación o controlar el dinero que entra en el hogar, dosificándolo según el criterio del acosador, es una de sus características.

La violencia vicaria es una forma de maltrato infantil en la que se utiliza como moneda de cambio a los hijos para hacer daño, dominar y chantajear a la madre. De este modelo se habla poco y, sin embargo, tiene importancia y, sobre todo, secuelas psicológicas muy dañinas y duraderas.

Violencia mediática es la que se lleva a cabo a través de la difusión de mensajes o imágenes que injurian, difaman, discriminan, deshonran, humillan y atentan contra la dignidad de las personas. Hay otras variedades como la laboral, institucional, obstétrica… en las que el acoso y hostigamiento es constante. Dicho asedio se manifiesta en gestos, palabras, mensajes que tratan de intimidar, chantajear, humillar o importunar a las víctimas.

Las causas de tanta violencia son múltiples y no fáciles de controlar. La conducta violenta se aprende muy pronto y, como mancha de aceite, se extiende entre nosotros e impregna nuestros actos. Digamos que es muy contagiosa, incluso atractiva para esas personas que consideran que hacer daño por divertimento es algo normal.

PEPE CANTILLO

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