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8 de marzo de 2018

  • 8.3.18
Durante mi larga vida laboral estuve al frente de equipos de operarios en los que había algunas mujeres. Y, en honor a la verdad, debo decir que siempre demostraron ser responsables, eficaces y cumplidoras con las tareas que se les encomendaban. Por eso chirría que, a estas alturas de siglo XXI, siga habiendo trabajadoras que perciben un salario inferior al de los hombres pese a realizar las mismas labores.



Aparte de la brecha salarial, el gran reto que tenemos como sociedad es el de la erradicación de la violencia hacia las mujeres. ¿Cómo puede haber hombres capaces de maltratar y asesinar a sus parejas que, en muchos casos además, son las madres de sus hijos?

¿Es que estos individuos no se paran a pensar en el daño que causan? Parece que se rigen por el pensamiento prehistórico que propugna el “para mí o para nadie más”. Abusan de ellas, les dan palizas, las humillan… ¡No podemos permitir tanta barbarie!

Pienso que la sociedad en su conjunto tendría que dotarse de herramientas eficaces para frenar esta violencia hacia las mujeres. Yo, como católico, pido a Dios que no haya ninguna víctima más por violencia machista. Es una lacra con la que tenemos que acabar.

JUAN NAVARRO

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