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7 de octubre de 2017

  • 7.10.17
Se cumple una semana del (ya) histórico 1º de octubre y la tensión sigue latente. Hemos pasado por una semana de consternación, pudor y sentimientos excluyentes en los que España ha estado bajo el foco mediático de la comunidad internacional. Y ahora, la convivencia pende de un hilo.

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El independentismo catalán ha detonado, llevándose consigo el pacto social y el respeto en la comunidad catalana. Y hoy, siento tristeza. En los últimos días, las redes sociales y los medios comunicación se han llenado de vídeos de vergüenza, de odio y de violencia. Los que claman por la libertad, no saben qué es la opresión. Los que con la mano en el pecho (por no decir alzada al sol) propugnan por una solución militar, no merecen hacer suya la defensa de la patria. Los que se esconden tras los ciudadanos… no merecen el honor del servicio público.

El soberanismo catalán ha aprovechado la irritación social generada por la crisis económica para redirigirla contra el Estado español, consiguiendo armar un discurso de rechazo y enfrentamiento entre el nacionalismo catalán y el nacionalismo español que tiene por consigna el Espanya ens roba. Esta estrategia consistente en la movilización de emociones, sentimientos y mitología es un elemento muy recurrente en el espectro político que, usada como herramienta pública genera sentimientos nacionales excluyentes que socavan la ciudadanía común; y se ha materializado en nuestro país.

Por ello, ¡felicidades Sr. Puigdemont! ¡Felicidades, Sr. Junqueras! ¡Felicidades, Sra. Forcadell! Habéis sido unos discípulos ejemplares del Sr. Mas! Habéis conseguido fracturar a la sociedad catalana y española. Pero vuestra recompensa no es otro premio que el de una comunidad destrozada. Vuestros sueños de gloria, construidos sobre un relato nacional que falseaba la historia, no os han hecho mártires, han producido heridos, han roto familias, han enfrentado a vecinos. Esos son los resultados de vuestra “política”; una cortina de humo que escondía vuestra hoja de ruta verdadera: corrupción de la derecha nacionalista, recortes, desmantelamiento del sistema sanitario, etc.

Lo que era un problema político se ha convertido en un problema judicial. Lo que las insensatas mentes del Govern y del Gobierno central han sido incapaces de tratar de solucionar, ahora deberá hacerlo la vía judicial. Y no es el camino. La estrategia del Sr. Rajoy de escudarse en la legalidad frente a una cuestión de orden político ha llevado a cuestionar los mismos fundamentos del Estado de Derecho, donde el poder judicial y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad han quedado desprotegidos. Ha sido tal la insensatez de los interlocutores que no queda sino que esperar a que el tiempo sane las heridas, y no será rápida la cicatrización.

Frente a un movimiento civil violentado llamado a “defender las urnas” se encontraban unas FFyCCSS que únicamente cumplían con el mandato judicial. Y, ¿por ello debían ser vejados, zarandeados e incluso atacados? En el discurso belicista usado durante esos días las únicas víctimas fueron ciudadanos y policías y guardias civiles. No vi por allí a Carles Puigdemont, ni a Oriol Junqueras, “defender” los colegios, no.

Ellos estaban sentados al abrigo de sus casas, coches oficiales y escoltas. Fue tal su irresponsabilidad de conducir a los ciudadanos a un acto ilegal que no me cabe en la cabeza cómo a día de hoy, siguen manteniendo sus cargos. En sus promesas de democracia, garantías y libertad, él mismo (Puigdemont) fue presa de su propia mentira: se creyó por encima de las leyes. Pero cuando la autoridad pública incumple la ley, sólo queda inseguridad y tiranía.

Ahora, corresponde al Poder Judicial solucionar esta lucha política. Los tribunales no están para arreglar la cuerda rota por la tensión. Sin embargo, ahora, los jueces y magistrados deben tratar, con suma prudencia, este golpe al Estado de Derecho. Este ataque al orden constitucional no debe quedar impune, el desgarro social y la traición al pacto social no pueden sino quedar restituidos nuevamente por los cauces legalmente establecidos.

Los responsables de esta corrupción del pacto no pueden continuar quebrantando la Ley. Ha sido tal el engaño, ha sido tal el riesgo creado, ha sido tal el daño al espíritu del Estado social y democrático de Derecho, que sería un ultraje que quiénes han sido desleales con la Constitución y el Estatut puedan continuar en estos puestos de responsabilidad. Han quedado definidos, inhabilitados para ser parte de la solución.

En el otro lado del despropósito político, se ha hallado un Gobierno central que, escondido tras la ley y el monopolio de la fuerza del Estado, se ha mostrado inmóvil. Una de las características de un buen político es adelantarse a los problemas y construir una solución satisfactoria. Sin embargo, me temo que la mayoría de españoles hemos visto que no había tal habilidad en nuestro presidente. ¿No había una estrategia mejor que no hubiese dejado desprotegidos a las FFyCCSS del Estado? ¿No había otra forma de hacer frente a un “referéndum” desacreditado y que ya de por sí nadie había respaldado? No, señor Zoido, esta no era la mejor estrategia.

El episodio que nos dejan ha quedado ya recogido en nuestra historia política y, espero que también en la retina de mis vecinos españoles, pues ningún líder político, ninguno, ha sabido estar a la altura. Tantos líderes de los distintos partidos políticos, constitucionalistas y nacionalistas, y ninguno capaz de dialogar…

Por eso, ante este escenario hoy, muchos, echamos en falta interlocutores como Carme Chacón. Ya lo vaticinaba, no hay mayor fracaso que dejar a Cataluña sin líder, sin rumbo, y al margen del Estado de Derecho y la democracia, y hoy debemos darle la razón. Cataluña está huérfana. ¿Qué pasará el lunes? ¿Quiénes solucionarán este esperpento? Los actuales dirigentes, no. Quienes han dinamitado las vías de comunicación y diálogo, no están legitimados para construir nuevos puentes.

Seamos capaces de construir un nuevo marco de convivencia, incluyente, solidario, justo…tal que no sea sino la obra de una voluntad sincera de convivencia. Porque frente a quienes dicen que la Ley es inamovible, yo les digo que no hay herramienta de progreso y cambio más poderosa que el BOE. Porque a quienes dicen que no se puede reformar la Constitución, les digo que sólo requiere voluntad y buena fe. Construyamos la España plural. Porque ya hay muchos muros en el mundo, seamos ejemplo internacional una vez más.

ANTONIO GUTIÉRREZ GUIJARRO

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