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21 de julio de 2017

  • 21.7.17
A mi edad solo me queda vivir del recuerdo de mis años joviales. Para nada nos sentíamos cohibidos, ni cortados: íbamos de aventura en aventura, no como ahora, que todo son contratiempos. Cuando no te duele la espalda, te duele la cabeza y con el problema de que, cada día que pasa, notamos que nos faltan más fuerzas. Pero no tenemos que tirar la tolla ni reunirnos para quejarnos de nuestros males.



Yo tengo un amigo, Manolo, que me comenta muy a menudo lo mismo: "Juan, cuando yo era joven me meaba en la corbata y ahora me meo en los zapatos. Y eso me pone triste: no lo sé admitir". Yo le digo que los años no pasan en balde y ahora nos toca esta edad pero, eso sí, hay que vivirla con espíritu joven.

Tenemos que ser fuertes e intentar ser como antes, al menos de espíritu, no hundirnos, tener fe y valor en querer sentirnos jóvenes, aunque no los seamos. Hay que recordar aquellos años que fueron extraordinarios en todos los aspectos: podíamos con todo, no nos rendíamos ante nada, luchábamos por todo como, por ejemplo, un trabajo digno. Entonces había donde escoger trabajo y si no te encontrabas a gusto en una empresa, te buscabas otro y a seguir luchando.

Intentábamos ponernos al día en todos los adelantos de la tecnología y, a base de estudiar por las noches, salíamos adelante. Nos sentíamos orgullosos al ponerlo en práctica después. Recuerdo con nostalgia cuando me puse por primera vez delante de un torno de control numérico. Por aquel entonces, los programas se hacían a mano y empleábamos trigonometría. A trancas y barrancas, se conseguía.

Desde entonces ha llovido mucho y han pasado 32 años o más. La cosa, según mis noticias, ha avanzado mucho, pero no dejo de añorar aquello y de ser, tal vez en Manresa, uno de los pioneros de los controles numéricos. En fin, esto me anima a mantener ese espíritu joven, como en aquellos años.

JUAN NAVARRO COMINO

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