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23 de enero de 2017

  • 23.1.17
Hace ahora unos 220 millones de años, en la época del Triásico, la caprichosa naturaleza hizo de las suyas para dar forma a lo que hoy conocemos como la Cueva del Yeso, una de las seis cavidades de este material abiertas a visitantes en todo el mundo. En la actualidad su morfología nos permite un doble uso: el turístico y el de deporte de aventura.

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Su formación, de origen hídrico, está directamente relacionada con las fluctuaciones del río Guadajoz. Las infiltraciones de agua disolvieron y ensancharon de forma anárquica el terreno donde hoy encontramos el paraje del Puente de la Maturra para dar lugar en su interior a una red de galerías y salas que como explica el espeleólogo baenense José Antonio Mora "son irrepetibles".

Según el presidente de la Sociedad Espeleológica G.A.E.A Baena, la Cueva del Yeso "puede concebirse como un laboratorio de ciencias de la tierra", ya que su formación ocupa tres de las cuatro eras geológicas. La zona está constituida por materiales evaporíticos como arcillas y margas rojizas, con niveles de yeso sobre los que se disponen varios niveles de calizas.

Las distintas exploraciones y topografías realizadas desde su descubrimiento arrojan una serie de datos técnicos que prueban su gran relevancia desde el punto de vista espeleológico: la cavidad cuenta con un desarrollo explorado superior a los 2.770 metros, ocupa una superficie de 60.000 metros cuadrados y tiene un volumen que supera los dos millones de metros cúbicos.

Desde su apertura al público a comienzos del año 2015, la Cueva del Yeso cuenta con un recorrido visitable aproximado de unos 200 metros de longitud, apenas un 5 % del total del desarrollo de la cavidad, que podría alcanzar unos 20 kilómetros. Durante los 365 días del año mantiene en su red de galerías una temperatura homogénea, unos 21 grados, con una humedad relativa cercana al 90 %, por lo que se asemeja a un clima tropical.

Además, la cavidad baenense alberga la colonia de quirópteros más importante de Andalucía con seis especies diferentes de murciélagos consideradas de interés comunitario, tres de ellas en estado vulnerable, la categorización previa a la de peligro de extinción. La fauna acuática, con el Pseudoniphargus todavía en periodo de estudio para determinar si se trata de una especie única, se completa con una fauna terrestre en la que destacan los pseudoescorpiones y varios arácnidos.

Por todos estos factores Mora considera que la Cueva del Yeso es "una rareza en el circuito global de las cuevas turísticas del mundo" en tanto que mantiene un doble uso: la visita turística en general y una faceta más aventurera para aficionados al mundo subterráneo. Y es que como consecuencia de su formación hipogénica –de abajo hacia arriba–, la parte superior cuenta con una serie de laberintos, pozos y fracturas que requieren de un equipo especializado para poder explorarla.

La Sala de los Cristales

Uno de los primeros atractivos que se encontrará el turista durante la visita guiada –se pueden concertar en la Oficina Municipal de Turismo de Baena desde noviembre hasta febrero– es la Sala de los Cristales, un espacio abierto repleto de espeleotemas, maclas, formaciones de nubes, bolas y coraloides yesíferos de gran belleza.

Los cristales de las paredes y techos de esta sala, formados mediante procesos de evaporación y solidificación como consecuencia de las corrientes de aire, son los más limpios y puros del recorrido, ya que apenas se han visto afectados por el guano de los murciélagos que habitan las distintas salas durante la época de cría, entre ellas la Sala del Pozo, donde concluye el recorrido visitable.

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JESÚS ORDÓÑEZ / ANDALUCÍA DIGITAL



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