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Corre, corre que te pillo…

Estas líneas estaban previstas para la entrega anterior, pero me resistía a empezar el año con un análisis duro y, hasta cierto punto, deprimente. Cambié por una sugerencia de buenas intenciones para con los demás, a manera de regalo alejado de las miserias humanas, máxime cuando aún resonaban en el aire las “festoleras” campanadas de despedida de un año que, dicho sea de paso, no ha sido de los mejores que hemos vivido, y daban entrada a otro nuevo en el que, ilusionados, prendíamos en sus doce ramas deseos de mejoría, de paz, de suerte, de felicidad… ¡Esperemos que así sea!

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Paso a dar información y desglosar algunas reflexiones sobre un escabroso asunto que nos debe llenar de indignación o al menos de rechazo. Concretamente me refiero al nacimiento y, de momento muerte, del grupo homófobo Pilla-Pilla aparecido a principios de noviembre en Cataluña, concretamente en la zona de Granollers. La policía dio al traste con su actividad en el mes de diciembre arrestando a parte de sus miembros. Esperemos que la mancha de este rancio aceite no se extienda más.

Internet tiene un sinfín de posibilidades, tanto buenas como malas; información por doquier; deformación a mansalva; manipulación artera en cualquiera de las múltiples direcciones que pretendamos coger.

En pocas palabras, como no podía ser de otra manera, es un arma de múltiples filos y dependerá del uso que le demos para que sea útil para compartir un trozo de pan –tanto en sentido figurado como real- con cualquiera que lo necesite, como para triturar, no sólo virtualmente, vida y honor de otras personas. El caso al que me refiero es una muestra más de las posibles consecuencias fatales que el medio puede desencadenar.

La información se difunde a la velocidad de la luz por las autopistas virtuales de este medio y nosotros, los humanos, no dejamos de ser simios imitadores de lo que hacen otros primates. Y hete aquí que de Rusia nos llegó hace meses el fenómeno conocido como “pillapilla”, una corriente mortífera dedicada a la caza y captura del homosexual porque “son unos depravados”, según ellos y siguiendo algunas de las líneas ya marcadas.

Me estoy refiriendo al grupo Occupy Pedofilya cuyas actuaciones han dado bastante que hablar en los meses pasados. Cito titulares: “Grupos extremistas golpean y humillan a jóvenes gays en la calle y a plena luz del día bajo la permisividad del Kremlin (…) actos que ellos mismos denominan como movimientos civiles que luchan por los pecados de la sociedad”.

Alguien podrá pensar que Rusia está muy lejos y ciertamente nos separan bastantes kilómetros. Pero a renglón seguido brota la pregunta cargada de pesimismo: ¿Cuánto tiempo pasará para que sea imitado un movimiento similar en cualquier otra parte de esta aldea global en la que vivimos? La respuesta no se hizo esperar.

Efectivamente, en nuestro país no tardó en aparecer un engendro análogo al de Rusia. Me refiero al grupo que integraba el llamado pomposamente “proyecto pilla-pilla”, hermano pequeño e imitador de la horda rusa.

Era un colectivo de jóvenes que se dedicaba a la caza y captura de pederastas –señalan ellos- y homosexuales –dicen las distintas fuentes de información-. No tenían empacho en proclamar que “ser justicieros y decidir lo que está bien y lo que está mal es correcto cuando la justicia de un país es una porquería”. Supongo que tenemos muy claro que no es lo mismo ser pederasta –comportamiento que se elige- que ser homosexual.

Por los datos que he obtenido sobre el tema, se proclamaban defensores de una salud moral pública. Afortunadamente, el grupo ha desaparecido gracias a la intervención de la Justicia. Pero lo que más preocupa es el amplio eco que ha tenido en las redes sociales. Con cierta pena tengo que admitir que esto es una gripe mal curada y la posibilidad de contagio está ahí. Las malas hierbas nunca hay manera de erradicarlas.

¿Fachas? ¿Neonazis? Mi intención no es discutir si son galgos o podencos este apestoso hatajo de energúmenos, simplemente son grupos facinerosos que atentan contra algo tan elemental del ser humano como es la Libertad, entendiendo por tal un abanico amplio de posibilidades que va desde rezar al dios que cada cual escoja, hasta militar en el partido político que más satisfaga, pero siempre dentro de un orden establecido.

Lo que olvida esta tropa –siempre hay un "pero" para matizar- es el respeto a la dignidad humana. Olvidan que no están autorizados ni moral ni legalmente a machacar al otro porque es de tal color, de tal o cual creencia religiosa, ideología política o vive su sexualidad bajo una orientación concreta.

Siempre los directores de conciencias nos han hecho ver con buenos ojos a bandoleros de quiméricas sierras morenas, a “supermanes”, “hombres araña” prestos a enfrentarse a los malos. Superhéroes que han sido presentados como defensores de los débiles y todos ellos se han tomado la justicia por su mano en nombre de los demás, de la masa silenciosa que, se supone, aplaude dicha conducta.

Ya sé que en España la Justicia no es un gamo que corre presto a “desfacer entuertos”. Incluso podemos pensar que además de lenta parece como si, en determinados casos, se levantara la venda para ver a quién tiene delante, dejando así de ser imparcial, o al menos esa es la impresión que tenemos los ciudadanos de a pie.

Pero no podemos actuar a la nuestra ahorcando supuestos cuatreros al más puro estilo del Oeste americano. Es la Ley quien debe perseguir al malo, lo contrario se llama felonía, represalia, linchamiento, sobre todo porque en este tema –me refiero a la homosexualidad- no hay justicia que aplicar porque no hay falta que sancionar. Otro tema es la pederastia y quien la tiene que perseguir es la Justicia.

En el fondo de toda esta cuestión subyace la maldición y condena de las diferencias sexuales que nunca hemos querido aceptar, aunque desde lo políticamente correcto (es decir, de boquilla) manifestemos otra actitud.

Siempre seguiremos detestando, por creerlos diferentes (¿!?) a esos, despectivamente llamados, “maricones” o “tortilleras”. Aunque no nos guste se les sigue nombrando así –y el nombre no tendría importancia si no estuviera cargado de desprecio- y se les repudia con violencia contenida porque así lo hemos mamado en una educación segregadora, diferenciadora, aunque, oficialmente ahora les llamemos “gais” y “lesbianas”, para no ser señalados con el dedo como retrógrados y reaccionarios. ¡Maldita hipocresía que nos hace decir una cosa y pensar la contraria!

No es la primera vez que hablo de este tema y sospecho que, por desgracia, tampoco será la última. Sólo pretendo llamar la atención, una vez más, sobre el respeto que debemos a los demás siempre y cuando nos movamos dentro de los parámetros que marcan unos derechos básicos y elementales de convivencia en libertad.

El libertinaje, venga de donde venga, sólo reportará represión, enfrentamiento y a la postre pérdida de libertades. Tomarse la justicia por propia mano, sea contra pederastas (justificación que esgrimía el grupo catalán) o contra ETA, no deja de ser un juego peligroso. Las palabras de hace unos días de la montillana Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo –referidas a familiares de víctimas-, aún estando llenas de dolor, dejan muy claro que ir de justicieros no es el camino.

Por último, deseo dedicar estas líneas a mi buen amigo Pep, que nos abandonó al principio del otoño pasado arrastrado por un cáncer. Vivió sin tapujos su homosexualidad y sus amigos, que éramos muchos, con normalidad.

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PEPE CANTILLO