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Murió Armada

La muerte del general Alfonso Armada supone la pérdida de un hombre honesto, que fue sincero mientras pudo. Tuve la suerte de hablar algunas veces con él. Nunca me contó lo que me hubiera gustado sobre el intento de golpe de Estado que tuvo lugar el 23 de febrero de 1981.

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Pero me permitió entender al hombre al que todos acusaban de ser el cerebro del intento de reconducir la democracia hacia un golpe apoyado por muchos. Sí, muchos, pues no hay que olvidar la reunión que mantuvo con el socialista Enrique Múgica en Lérida para informarle de los preparativos del golpe.

Y que en la lista del Gobierno que Armada iba a presentar a los miembros secuestrados del Congreso de los Diputados había gente de derechas y de izquierdas, lo que hizo que Tejero no le dejara dirigirse a los parlamentarios, porque él no había asaltado el Congreso para que esos gobernaran.

El general participó en la intentona golpista porque interpretó por las palabras del rey Juan Carlos que la situación política era muy grave y era necesario reconducirla. Nunca habría participado en esa movida a título personal, pues nunca fue un hombre ambicioso. Lo hizo porque creía que eso servía al rey y porque contaba con el apoyo de políticos relevantes, la Embajada de Estados Unidos y algún miembro representativo de la Iglesia.

Él no hizo todas esas gestiones directamente, pues contaba con el apoyo de José Luis Cortina, el jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales del Cesid, como se llamaba entonces el CNI. Lo que pasó es que a él le pillaron y a otros, como Cortina, no les pudieron implicar.

Los años que pasó en prisión guardó un silencio total, teniendo que soportar las presiones del resto de los golpistas para que explicara el papel del rey. Nunca quiso, ni siquiera cuando abandonó la prisión y se dedicó a llevar una vida apartada.

Lo único que desconozco es si en algún momento pensó que se había extralimitado al interpretar los deseos del rey o si siempre tuvo claro que hizo lo que debía, aunque en el último momento todo cambiara. Me inclino por esto último.

FERNANDO RUEDA